Caímos en la trampa de las prestaciones y nos olvidamos de disfrutar. Los cambios manuales serán más lentos pero tienen algo que nunca tendrá un automático: alma

¿Qué tiene un cambio manual para ser tan deseado por algunos conductores?

Javier Álvarez

La evolución en el mundo del automóvil nos empuja a ir cambiando unas cosas por otras en pro de la modernidad. Atrás quedaron las suspensiones de ballestas a favor de las de muelles helicoidales, cambiamos la manivela por un motor de arranque y nos olvidamos de los carburadores a cambio de la inyección. ¿Es dejar atrás el cambio manual el siguiente paso?

El uso de transmisiones automáticas está cada vez más extendido y son la elección casi indiscutible de muchos fabricantes para sus modelos más deportivos, precisamente porque son más rápidas, efectivas y seguras que una manual. Aún así, hay mucho conductor que todavía quiere estar a cargo del cambio y determinadas marcas se lo permiten. Cada vez es menos.

Dos o tres pedales

Históricamente, en Europa siempre hemos preferido las cajas de cambio manuales, más sencillas y baratas, a diferencia de Estados Unidos, donde las transmisiones automáticas han gozado siempre de gran aceptación. Mientras en nuestro continente aprendíamos a conducir con tres pedales y una palanca, los estadounidenses preferían solo dos pedales. ¿Para qué complicarse?

A día de hoy, en Estados Unidos los cambios automáticos están tan extendidos que resulta hasta difícil hacerse con un cambio manual, que quedan prácticamente reservados a modelos de corte deportivo o a utilitarios de gama baja. La inmensa mayoría de conductores utiliza un automático.

A este lado del charco las cosas aún no son así, pero las transmisiones automáticas cada vez gozan de mayor éxito. Muchos son los conductores que prefieren la comodidad de uno de estos cambios, y otros incluso consideran el cambio manual como algo del pasado, tal y como hemos comprobado recientemente.

Hay excepciones. Sigue habiendo cajas de cambio manuales que son una delicia y mejoran la experiencia en ciertos modelos como podemos comprobar de vez en cuando.

La gran mayoría de modelos del mercado europeo, en especial la oferta del segmento compacto o utilitario van aún asociados de serie a cajas de cambio manuales, aunque es cierto que muchos ofrecen ya un cambio automático en opción. Doble embrague, convertidor de par, un variador continuo o una caja manual robotizada o cualquiera de sus formatos.

Donde la cosa es bien diferente es en segmentos superiores, desde los coches de lujo hasta los superdeportivos, en los que lo complicado es que exista la opción de una caja manual. Fabricantes como Ferrari, Lamborghini o Porsche apuestan por cambios automáticos, al igual que Mercedes-AMG, quattro GmbH o BMW M, y son pocos los que mantienen una caja manual en su oferta, aunque sea en opción.

Las ventajas de un cambio automático son muchas, desde la rapidez o la efectividad en las transiciones entre marchas, hasta la comodidad o el consumo de combustible. Sí, puede ser incluso inferior al que se consigue con uno manual. Ahora bien, ¿qué pasa con los que todavía disfrutan de cambiar ellos de marcha? ¿Dónde queda el placer de cambiar de marcha uno mismo?

Algunos afirman que los coches de ahora son demasiado potentes como para dejar que un conductor cualquiera tenga un pedal de embrague y una palanca de cambios. "Se matarían". Aunque, ¿no es más probable tener un accidente con un coche que te lo pone fácil a la hora de ir rápido y te permite circular a ritmos de locura, aún sin tener ni idea de conducir?

El placer de una caja manual

Si marcas como BMW o Porsche lanzan al mercado modelos deportivos con cajas de cambio manuales es precisamente porque existe demanda, por poca que sea. Ford Mustang, Mazda MX-5, BMW M2, Toyota GR86... son pocos, pero algunos quedan, y hacen méritos por conquistarnos.

Porque un deportivo no tiene que ser únicamente para rodar cronómetro. Esto va de sensaciones, de la satisfacción que aporta el cambiar de marcha, hacer un punta-tacón en reducciones o conseguir una salida perfecta sin necesidad de que el coche tenga Launch Control y lo haga todo por tí.

Un puerto de montaña, el sonido del motor, el feedback de la dirección y unos buenos neumáticos. También existen las sensaciones al volante y, por muy buenos que sean, los cambios automáticos hay sensaciones que jamás podrán transmitir al conductor.

El futuro pinta negro para los amantes de la conducción, es cierto. ¿Solución? Ninguna, más que aprovechar el presente y no pensar demasiado en los años que vendrán. De momento... ¡larga vida a las cajas manuales!

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