La BBC descubrió que la clave para grabar carreras sin vibraciones estaba en la suspensión de un familiar francés
Mucho antes de que se inventasen los estabilizadores electrónicos y los brazos giroscópicos, filmar una carrera de caballos en movimiento era un desafío técnico enorme. La BBC necesitaba velocidad, altura y estabilidad para cubrir el Grand National (la carrera de caballos más famosa del Reino Unido y una de las pruebas hípicas más conocidas del mundo) y otras grandes citas hípicas sin perder detalle.
La solución llegó desde Francia, en forma de coche familiar con una suspensión tan avanzada que parecía diseñada para el futuro. Eso, fue una ventaja enorme para los conductores… y para la televisión.
De un camión pesado al familiar francés que cambió las reglas
En los años 50, la BBC intentó resolver su problema con un camión Daimler adaptado como unidad móvil, dentro del sistema llamado “Travelling Eye”. En el techo llevaba una enorme cámara Marconi y, dentro, todo lo necesario para emitir en directo: equipo de radio, un generador propio y varios técnicos trabajando a bordo.
Pero el problema era el peso: aquel camión cargaba con una infraestructura demencial que hoy cabría en una mochila… y el generador de gasolina refrigerado por aire añadía todavía más kilos. En definitiva, el conjunto pecaba de muchas inercias y poca capacidad de reacción: cuando los caballos arrancaban y alcanzaban más de 60 km/h en pocos segundos, el camión simplemente no podía seguirles el ritmo con la misma agilidad.
En recta podía defenderse, pero en aceleraciones y cambios de ritmo iba siempre un paso por detrás. Y en televisión en directo, llegar tarde significa perder la imagen clave. El siguiente paso fue el Humber Super Snipe Estate, más ligero y con el generador en un remolque independiente. Aunque tenía mejor agilidad, el coche iba forzado. Las averías en el eje trasero eran frecuentes cuando ya montaba cámaras en color Philips y la BBC necesitaba algo más sofisticado.
Ahí entra en escena el Citroën DS Safari en 1971. La versión familiar del mítico Citroën DS no era la más potente, pero su suspensión hidroneumática marcaba la diferencia: en lugar de muelles tradicionales, cada rueda utilizaba una esfera presurizada con gas y líquido hidráulico que absorbía las irregularidades y controlaba los movimientos de la carrocería, además de permitir regular la altura.
Circulando por hierba y tierra junto a caballos al galope, esa tecnología lograba que el coche avanzara con una suavidad inusual para la época, reduciendo vibraciones y ofreciendo a la cámara del techo una estabilidad que ningún otro vehículo podía garantizar. Operadores de la época como Dave Taylor explicaron que, aunque el sistema trabajaba muy cargado por el peso del equipo, el comportamiento seguía siendo superior a cualquier alternativa disponible.
En 1973 llegó una segunda unidad con motor más potente. Y el DS pasó de cubrir sólo carreras de caballos a alcanzar cerca de 130 km/h en Heathrow para filmar el despegue de un avión de fuselaje ancho, con un operador sentado en el techo. Hoy eso sería impensable. El relevo natural fue el Citroën CX, que mantenía la suspensión hidroneumática, y más tarde el Citroën XM.
Con el XM ya no hizo falta remolcar generador: la tecnología de grabación evolucionó y las cabezas remotas eliminaron al operador sobre el techo. Incluso apareció en Top Gear, donde se recordó la superioridad de esta suspensión frente a berlinas convencionales para este tipo de trabajo.
A finales de los 90, la necesidad de tracción total y más espacio llevó a la BBC hacia modelos como el Volvo XC70 o el Land Rover Discovery. El idilio con Citroën terminó, pero ya había cumplido con su misión. Durante más de treinta años, la ingeniería pensada para el confort de una berlina revolucionaria fue también la mejor herramienta para contar el deporte a millones de espectadores.
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