"Me sentía como James Bond en mi Opel Corsa". Así fue como el primer coche de Rodri le salvó de llegar tarde a un importante partido

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"A veces los chicos se burlan de mí por ser "normal". Es gracioso porque si le preguntaras a mi esposa o incluso a mi madre, dirían que soy todo lo contrario a normal"

Victoria Fuentes

Aún con la resaca del mundial de fútbol, seguimos conociendo las historias más personales de los protagonistas de la selección española. Porque aunque la imagen del futbolista esté inevitablemente asociada a los superdeportivos y obscenos SUV de lujo, hay perfiles que prefieren pasar desapercibidos y que confían en los coches de toda la vida, como Borja Iglesias.

También es el caso de Rodri (Rodrigo Hernández Cascante), que reconoció en un extenso manifiesto en 'The Players Tribune' que toda su vida la ha transitado entre dos mundos: el del fútbol y el mundo real. Por eso en sus orígenes asegura que no pensaba en ser futbolista para tener un Ferrari, sino para sentir.

Unos inicios entre la universidad y el campo de entrenamiento

"A veces los chicos se burlan de mí por ser "normal". Es gracioso porque si le preguntaras a mi esposa o incluso a mi madre, dirían que soy todo lo contrario a normal. Cuando se trata de fútbol, ​​soy un adicto. Si soy normal, probablemente sea en el sentido de que no me importan las redes sociales ni las zapatillas de 400 libras. Desde niño, simplemente he estado persiguiendo una sensación", detalla en el medio deportivo.

Por eso, cuando aún tenía 18 años y estaba en la universidad estudiando un grado de Administración y Dirección de Empresas en Castellón, Rodri se movía en bici a los entrenamientos: "Iba en bici hasta la parada del tranvía, subía la bici al tranvía y, ¡ zas!, iba en bici el resto del camino hasta el entrenamiento con el Villareal C.F. Finalmente, me saqué el carné de conducir y le dije a mi padre: "Vale, tengo 3.000 euros para comprarme un coche. A ver qué me encuentras"", relataba el centrocampista.

Al día siguiente su padre ya le había encontrado algo: un Opel Corsa de segunda mano (debía ser de la generación de 2011) por 4.000 euros que llevaba hasta pantalla de infoentretenimiento: "Me subí y la pantalla del ordenador medía unos 8 centímetros. Podías pulsarla para encender la radio y nada más. Me quedé alucinado. Iba a entrenar en ese coche todos los días, como un auténtico crack. Mis compañeros se reían de mí, ¡pero me daba igual! ¡Me encantaba!".

Más de una vez su Corsa le salvó de un apuro: estaba en la universidad, absorto en los libros, cuando le avisaron de que llegaba tarde a un partido importante: "Jugamos contra el Valencia. Estamos todos en el autobús". Parecía una broma, pero no lo era, así que cogió su bólido para llegar al hotel en Valencia, que estaba a una hora. "Me sentía como James Bond en mi Opel, recorriendo las calles".

Hoy en día conduce un Nissan Ariya, dejando claro que no se metió en esto del fútbol por tener un Ferrari.

Imágenes | Opel, Bryan Berlin / WikiPortraits

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