El día que Sony paralizó San Francisco con 250.000 pelotas de goma y rodó uno de los anuncios más salvajes de la historia

 

Un rodaje real, sin efectos digitales, que bloqueó calles, rompió cristales y cambió para siempre la forma de entender la publicidad

Irene Mendoza

En 2005, cuando la publicidad todavía se hacía pensando en televisión y no en redes sociales, un equipo decidió asumir un riesgo difícil de imaginar hoy: lanzar 250.000 pelotas de goma de colores por las calles de San Francisco para anunciar unos televisores. Sin CGI, sin retoque, sin red.

Los resultados fueron espectaculares pero imprevisibles: paralizaron el tráfico, causaron algún que otro destrozo y lo revolucionaron todo. Aún hoy, el anuncio es recordado por su ambición técnica y por haber convertido durante unos días una ciudad entera en un experimento a escala real.

El anuncio que llenó San Francisco de color y caos

La campaña nació para promocionar los televisores Sony Bravia bajo un lema claro: el color debía verse, no explicarse. Sony confió la idea a la agencia Fallon London y al director Nicolai Fuglsig, que tras una primera prueba en Filbert Street decidió prescindir por completo de efectos digitales. Lo que se veía en pantalla era exactamente lo que estaba ocurriendo.

La logística fue tan extrema como la propuesta creativa. Conseguir un cuarto de millón de pelotas implicó, en palabras del propio Fuglsig, “llamar a todas las ferias, parques de atracciones y distribuidores de EEUU”. Durante semanas, prácticamente no hubo pelotas de goma disponibles en el país. Para lanzarlas se diseñaron morteros y cañones específicos montados sobre camiones.

Las cifras impresionan todavía. Algunas pelotas alcanzaron velocidades de entre 165 y más de 200 km/h, rebotaron por encima de casas y acabaron a varias manzanas del punto de lanzamiento. El equipo técnico rodó protegido con cascos, chalecos y escudos, y describió el sonido como una tormenta de granizo salvaje. Se usaron cámaras de alta velocidad para capturar el movimiento en cámara lenta.

Nada de eso habría sido posible sin convencer a vecinos y autoridades. El responsable de localizaciones prometió que cualquier daño se repararía, con equipos de cristalería listos sobre el terreno. Aun así, hubo coches abollados, seis viviendas afectadas y una factura cercana a 68.000 euros al cambio en cristales rotos, según relataron miembros del rodaje a SFGate. Pese a todo, muchos vecinos recuerdan la experiencia con cariño.

Hasta los detalles más icónicos se rodaron de verdad. La famosa rana que aparece en uno de los planos no es digital: se preparó el desagüe y se esperó el momento exacto para que el salto coincidiera con el aluvión de pelotas. La banda sonora, ‘Heartbeats’ de José González, terminó de darle ese tono hipnótico que convirtió el anuncio en algo más que un simple spot.

El anuncio costó menos de un millón de euros, se estrenó en Reino Unido antes de un Manchester United–Chelsea y nunca se emitió en EEUU. Veinte años después, sigue siendo una moraleja incómoda para la publicidad actual: a veces, cuando todo es real, el impacto dura mucho más que cualquier IA o efecto digital.

Imágenes | 32cn32, Sony

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