
Este Bugatti de 1925 pasó más de siete décadas a 53 metros de profundidad y fue rescatado en 2009 para recaudar fondos contra la violencia juvenil
La leyenda habla de una partida de póker y un piloto de carreras, pero los documentos apuntan a una historia muy diferente
El misterioso Bugatti Type 22 Brescia Roadster que fue bautizado como ‘The Lady of the Lake’ o ‘La Dama del Lago’ pasó más de 70 años oculto por el fango a unos 53 m de profundidad en el fondo del lago Mayor (entre Suiza e Italia), hasta que un buceador lo encontró en 1967. Pero no llegó allí por casualidad.
La leyenda contaba que perteneció al piloto René Dreyfus, quien supuestamente lo perdió en una partida de póker. Pero al reconstruir el historial del coche para ponerlo a la venta, la prestigiosa casa de subastas Bonhams encontró datos y documentos que conducían contaban otra historia muy diferente y apuntaban a otra persona: el arquitecto Max Schmuklerski.
La leyenda del Bugatti que acabó en el lago
Cuando desapareció en los años 30, este Bugatti Type 22 Brescia Roadster era un deportivo con unos diez años a sus espaldas, y nadie podía imaginar que acabaría convertido en uno de los hallazgos automovilísticos más singulares del siglo XX.
La historia que muchos años giró sobre él y que ha llegado hasta nuestros días tiene todos los ingredientes para llevarse al cine: René Dreyfus, uno de los pilotos franceses más conocidos de su época y ganador del Gran Premio de Mónaco de 1930, habría estado jugando al póker en París con el suizo Adalbert Bodé, un conocido playboy entonces. Dreyfus perdió la partida y, al no disponer de suficiente dinero para pagar la deuda, entregó su Bugatti Type 22 Brescia.
Bodé se llevó el coche hacia Suiza, pero al llegar a la frontera se encontró con un problema: los aranceles de importación, que eran desorbitados. No habría podido pagarlos, por lo que el Bugatti habría quedado en manos de las autoridades. Como la normativa de la época establecía que el vehículo debía ser destruido, la solución habría sido drástica… lanzarlo al lago Mayor. Allí, el Bugatti quedó enclavado a unos 53 m de profundidad.
En 1967, el buceador suizo Ugo Pillon localizó el coche entre el limo, apoyado sobre su lado izquierdo y parcialmente enterrado. Entonces, el hallazgo confirmó que la leyenda tenía al menos una parte que inequívocamente cierta: allí abajo había realmente un Bugatti. El coche se convirtió después en un conocido punto de inmersión para los miembros del club de buceo de Ascona.
La historia que cuentan los documentos
Tras recuperar el coche en 2009 e investigar su historia antes de subastarlo en 2010, la prestigiosa casa Bonhams encontró varias pistas que complicaban la versión del póker: el chasis había sido matriculado en Nancy (Francia) en abril de 1925 a nombre de Georges Paiva, mientras que una pequeña placa conservaba el nombre de Georges Nielly, de París. Los restos de las matrículas francesas indican que Nielly probablemente lo matriculó en París en 1930. Pero después, el rastro oficial del coche se pierde.
Las investigaciones de Bonhams apuntaron entonces hacia Max Schmuklerski, un arquitecto de Zúrich que vivió en Ascona entre 1933 y 1936. La hipótesis de los expertos es que él pudo comprar el Bugatti a Nielly o a uno de sus clientes y llevarlo hasta Suiza con sus matrículas francesas, sin llegar a matricularlo allí ni pagar los impuestos de importación. Cuando Schmuklerski regresó a Zúrich en 1936, dejó el coche en el almacén de una empresa de construcción.
Las autoridades aduaneras ya conocían su existencia y reclamaron los aranceles pendientes a su dueño. Como no los pagó, el Bugatti fue confiscado y, según la historia local recogida por Bonhams, la normativa de la época exigía destruirlo. En lugar de desmontarlo o achatarrarlo, las autoridades habrñian optado por la versión más sencilla y más barata (aunque no la más sostenible): hundirlo en el lago Mayor.
El agua hizo el resto: el limo protegió algunas partes del coche de la acción del oxígeno (especialmente los componentes de madera, aluminio o latón), mientras que el hierro y el acero que quedaron expuestos sufrieron una corrosión mucho mayor. Cuando el Bugatti finalmente volvió a tierra firme, incluso algunos de sus neumáticos conservaban aire después de más de 70 años bajo el agua.
En 1936, ‘La Dama del Lago’ no es la joya de colección en la que se ha convertido hoy… y es más que probable que los impuestos pendientes superasen incluso su valor de mercado, lo que ayuda a entender una decisión que hoy resulta difícil de imaginar.
La tragedia detrás del rescate
Pero, su fue localizado tantos años antes, ¿por qué no fue recuperado hasta 2009? Detrás del rescate, está la tragedia de Damiano Tamagni, miembro del club de buceo de Ascona, quien murió después de ser brutalmente agredido por tres jóvenes en 2008. Sus compañeros decidieron entonces sacar el coche del lago que tanto le gustaba y subastarlo para recaudar fondos para la Fundación que crearon con su nombre, dedicada a combatir la violencia juvenil. Entonces, miles de personas siguieron el espectacular rescate.
Un año después, Bonhams puso el Bugatti a la venta y terminó vendido por 289.050 dólares, o unos 246.000 euros. Lo compró el coleccionista estadounidense Peter Mullin, que decidió no restaurarlo, ya que eso habría implicado reconstruirlo casi desde cero. Bonhams calculó que “solo alrededor del 20 % del vehículo original podría sobrevivir a una restauración completa”, y que eso habría costado una cantidad de siete cifras.
Entonces, Mullin prefirió conservar las huellas del tiempo y de su historia, fuera cual fuera. Como dijo entonces a Robb Report, “Ettore Bugatti comenzó la creación de esta obra de arte y la madre naturaleza la terminó”. Hoy, el coche sigue expuesto en el Mullin Automotive Museum de California exactamente como cuando fue recuperado.
Los documentos pueden poner en duda la partida de póker, pero no han conseguido hundir del todo la leyenda de la ‘Dama del Lago’. Casi un siglo después, el Bugatti sigue teniendo dos versiones de su pasado: una que probablemente sea cierta y otra que, sencillamente, es demasiado buena como para desaparecer.
Imágenes | Robb Report, Bonhams
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