
Oculto entre los árboles de Châtillon, este cementerio de coches llegó a reunir cerca de 500 vehículos estadounidenses
La historia más conocida sobre su origen sigue generando debate
Imagina caminar por un frondoso y silencioso bosque en el sur de Bélgica y topar, de repente, con una hilera interminable de parachoques cromados, aletas de tiburón y calandras oxidadas. Es lo que les pasó a miles de visitantes en el pequeño pueblo de Châtillon, que albergó uno de los misterios automovilísticos más fascinantes del planeta: un atasco fantasma de más de 500 coches clásicos americanos devorados por la naturaleza.
Las fotografías de aquellos Cadillacs, Buicks, Ford o Chevrolet cubiertos de musgo empezaron a circular por internet a principios de los 2000 y despertaron el interés de miles de amantes de los coches y de curiosos. Y es que tan llamativa como el propio cementerio era la historia que justificaba, en teoría, su existencia.
El misterio de uno de los cementerios de coches más sorprendentes del mundo
La leyenda dice que esos coches abandonados pertenecían a soldados estadounidenses destinados en Bélgica durante la II GM. Cuando acabó el conflicto, el coste de enviarlos de vuelta a EEUU habría sido tan elevado que muchos decidieron dejarlos ocultos en el bosque con la intención de recuperarlos más adelante… Pero nunca volvieron, y los coches quedaron olvidados allí.
Esa versión sigue apareciendo en numerosas publicaciones tanto locales como extranjeras y ha contribuido a alimentar el mito del lugar. El problema es que las fotografías cuentan una historia distinta: entre los vehículos abandonados hay modelos fabricados en los años cincuenta e incluso sesenta, algo difícil de encajar con el final de la guerra en 1945.
Por no hablar de que además de Cadillacs, Buicks, Ford o Chevrolet también se ven Pontiac, Mercury, Plymouth e incluso modelos europeos de Opel, Renault, Volkswagen, Peugeot o Citroën… así que todo apunta a que el bosque fue recibiendo coches en distintas etapas y no en un único episodio histórico.
La explicación que parece más plausible sitúa el origen del cementerio en los primeros años de la Guerra Fría: entonces, la región acogía distintas instalaciones militares de la OTAN y, entre ellas, la base aérea canadiense de Marville… muy cerca de la frontera francesa.
Varias investigaciones apuntan a que un mecánico de la zona utilizó el terreno como desguace para abastecer de piezas a los numerosos coches americanos de los militares destinados allí, y cuando aquellas bases fueron perdiendo actividad, gran parte de los vehículos acabó abandonada en el bosque. Aunque esta teoría tampoco está completamente documentada, resulta mucho más coherente con la cronología de los modelos inmortalizados y es la que consideran más probable numerosos expertos que exploraron el sitio.
Sea como fuere, se fue deteriorándose sin prisa, pero sin pausa: la humedad, la vegetación y los robos de piezas aceleraron el estado de abandono de unos hallazgos de coches que ya se habían convertido en un destino de peregrinación para fotógrafos y curiosos de toda Europa.
Finalmente, en 2010 las autoridades ordenaron retirar los últimos vehículos por motivos medioambientales, poniendo fin a uno de los escenarios más singulares de los últimos años. Hoy el bosque de Châtillon ya no esconde ningún Cadillac cubierto de musgo, pero sigue guardando el secreto de lo que pasó verdaderamente con uno de los cementerios de coches más famosos del mundo.
Imágenes | Le Grand JD, Bruxelles Secrete
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