
Guillaume dejó un empleo de oficina para montar en Lyon un taller móvil de reparación de bicicletas
Trabaja cuatro días por semana y ha organizado su negocio para tener más tiempo para sus dos hijos
Guillaume podría intentar ganar más dinero, ampliar su negocio o llenar de clientes el quinto día de la semana, pero no quiere. A sus 29 años, este reparador de bicicletas de Lyon ha conseguido unos ingresos medios de 2.500 euros netos al mes trabajando cuatro días a la semana y tiene alrededor de 15 semanas de vacaciones al año. Como él mismo explica en le Monde: “Prefiero tener tiempo libre a un sueldo muy alto”.
Su negocio se llama Le Vélo Tisserand y prácticamente cabe entero en una bicicleta de carga diseñada específicamente para transportar cargas pesadas o voluminosas. Guillaume se desplaza hasta la casa o el lugar de trabajo de sus clientes con herramientas y recambios para reparar allí mismo sus bicicletas. “Un auténtico taller sobre ruedas”, explica. Esta fórmula le permite prescindir de un local convencional y encaja con la vida que buscaba cuando decidió abandonar su anterior profesión.
De una agencia de viajes a recorrer Lyon con un taller sobre dos ruedas
En su entrevista Guillaume cuenta que, antes de convertirse en mecánico, estudió Gestión y Administración y pasó cinco años trabajando para una agencia de viajes en París, donde cobraba unos 1.800 euros netos mensuales. Le gustaba viajar, pero empezó a sentirse incómodo “con la huella de carbono asociada a algunos de los viajes de larga distancia que organizaba”.
La pandemia terminó de acelerar una decisión que llevaba tiempo madurando: quería un trabajo más coherente con sus valores y, además, dejar de depender de una jerarquía y ser su propio jefe.
Le Vélo Tisserand
El momento era especialmente favorable: durante la pandemia se disparó el uso de la bicicleta en Francia y ciudades como París y Lyon reforzaron sus políticas e infraestructuras ciclistas. Guillaume obtuvo un certificado profesional de reparación de bicicletas y empezó arreglando algunas por las tardes mientras mantenía su empleo.
Cuando comprobó que había suficiente demanda, dejó definitivamente la agencia y en 2022 convirtió Le Vélo Tisserand en su actividad principal. Su semana laboral, eso sí, es intensa: empieza sobre las 8:30 de la mañana y puede terminar a las 19:00 si recibe la llamada de algún ciclista que se ha quedado tirado por un pinchazo o una cadena rota. En los días de mayor actividad llega a encadenar 13 citas y entre 40 y 50 km en su bici.
Calcula que trabaja unas 35 horas semanales, sin contar la gestión administrativa que realiza por la noche cuando sus hijos ya están acostados. Además, reconoce que el trabajo pasa factura físicamente: muchas horas de pie, bicicletas que manipular y jornadas enteras trabajando a la intemperie.
Su objetivo no es hacerse rico, sino tener tiempo
El modelo funciona gracias también a unas tarifas preestablecidas: según explica Guillaume, él se mueve con precios fijos y conocidos: cambiar una cámara cuesta 28 euros incluyendo desplazamiento, pieza y mano de obra; sustituir un neumático, 47 euros, y una revisión completa, 50. Con esos precios consigue unos ingresos medios de 2.500 euros netos mensuales a lo largo del año y ahorra normalmente entre 100 y 200 euros al mes.
No obstante, su familia no vive sólo de sus ingresos: su pareja es jurista y cobra algo más que él, y ambos reconocen encontrarse en una situación relativamente privilegiada. Compraron un piso cerca de Lyon y pagan una hipoteca de unos 1.400 euros mensuales… Pero la particularidad de su estilo de vida y de su negocio está en lo que ha decidido no hacer con él.
Guillaume reserva los miércoles y los fines de semana para sus dos hijos pequeños y mantiene esas 15 semanas anuales de vacaciones, y no parece interesado en convertir el aumento de ingresos en más consumo. La familia conserva un único coche heredado de sus abuelos, que pasa buena parte del tiempo aparcado junto a la bicicleta de carga, y ha dejado de viajar en avión por motivos medioambientales. Para las vacaciones prefieren el camping y pequeños alojamientos en Francia.
Guillaume tampoco idealiza su profesión: sabe que recorrer decenas de kilómetros cada día cargando un taller móvil y reparando bicicletas a pie de calle difícilmente será sostenible físicamente hasta los 60 años. De hecho, ya piensa que en algún momento volverá a cambiar de oficio, “quizá para trabajar con niños o convertirse en profesor”. Su primera reconversión profesional, en cualquier caso, le ha servido para conseguir exactamente lo que buscaba: no trabajar menos para no hacer nada, sino trabajar de otra manera para poder ver crecer a sus hijos.
Imágenes | Le Vélo Tisserand
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