Mientras, en Chicago, la gente se cabrea por pagar una multa de 50 dólares tras saltarse un semáforo

En España, en Madrid para más señas, se hizo famoso aquel semáforo que multaba como quería, hasta el punto de que 200.000 multas se quedaron congeladas por falta de garantías. Si el semáforo compulsivo se hubiera salido con la suya —en cursiva, porque el semáforo es un mandao—, habría sido necesario multiplicar esa cantidad aproximada por 200 euros —menos el porcentaje de gente que se habría acogido al descuento por cliente majete. Total: entre 20 y 40 millones, sólo en ese semáforo.

En Chicago (Illinois, Estados Unidos) están que trinan por los semáforos fotógrafos. Sólo en aquella ciudad cuentan con 174 semáforos con cámara. En Nueva York, en comparación, tienen 150. Pero si hay que comparar, hay que hablar de cuantías. Allí se tiran de los pelos y hablan de afán recaudatorio por unas multas que les suponen... 50 dólares (47 euros). Y sin detracción de puntos.

Es curioso, porque la reacción de los conductores agraviados nos puede sonar familiar. Gente que critica las multas, conductores histéricos que no saben dónde mirar para detectar si una máquina les va a sacar una foto en el peor de los momentos, posturas que hablan de seguridad vial contrapuestas a posturas que sólo ven ansias de dinero fácil para las arcas... La aplicación Waze va que vuela, y los conductores marcan en ella de forma colaborativa la ubicación de los semáforos trampa.

En Pennsylvania, el director de señalización y análisis operacional del Departamento de Transporte habla de "transparencia", y por eso tiene colgada en internet la información sobre la ubicación de las 28 cámaras que tiene instaladas en la ciudad de Filadelfia. También aporta datos que corroboran sus palabras: las cámaras en los semáforos han contribuido a mejorar la seguridad en las calles.

Otros datos hablan de dinero. En toda la ciudad de Nueva York, a pesar de que el número de cámaras ha ido en aumento, la recaudación va en descenso. Esas cámaras generaron 28 millones de dólares en 2014, frente a 71 millones en 2011 (26,4 millones de euros frente a 67 millones). Lo dicho: la gente va ojo avizor y, pese a las protestas, la realidad es que se sanciona menos.

Si volvemos la mirada hacia España la foto quizá no diste demasiado de la que vemos en América. Mismos argumentos, mismo resultado, sólo que todo por un precio sensiblemente inferior. Curioso.

Vía | The New York Times

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