Millones de desplazamientos no pueden estar equivocados

Si lees esto, quizá es porque o ya has llegado a tu punto de destino de tus vacaciones de Semana Santa o directamente no te has movido de casa. Si eres de estos últimos, debes saber que tanto tú como yo somos bichos raros que se han creído eso de la crisis y no forman parte de los – agárrate, que vienen curvas – 14 millones de desplazamientos que calculó la DGT para esta Semana Santa de 2012.

14 millones de desplazamientos; se dice pronto, pero ocasionan un buen desequilibrio en ese ecosistema de la fauna en ruta que es la carretera. Si la cosa fuera a razón de un desplazamiento por habitante (o de un habitante por desplazamiento, ahora no lo tengo claro), 14 millones sería el equivalente a coger a la suma de habitantes de las 30 localidades más pobladas de España y soltarlos a retozar por el asfalto.

Pero una de las maravillas de este tipo de desplazamientos es que no se suelen celebrar a razón de un habitante por coche, sino haciendo las delicias de quienes propugnan que los coches deben ir bien aprovechados. Si es posible, hasta con la suegra, el canario y la mecedora, y los niños metiendo bulla durante kilómetros y kilómetros. Y total, para volver a casa al cabo de una semana. ¿No es fascinante?

Primer punto, pues, del día: si hay que ir, se va, pero ir pa ná es tontería. Y pese a ser conscientes de esa verdad palmaria nos emperramos (generalizo, yo cada vez me emperro menos) en movernos arriba y abajo en muy poco tiempo y pegándonos unas palizas considerables… para descansar, o eso nos decimos, ya no sé si para consolarnos o para autoengañarnos del todo.

El caso es que llenamos las carreteras con coches, esos coches a los que la sociedad condena de forma muy chupiguay en el día sin coches, la Administración condena en el día de expoliar al conductor y los lobbies petroleros y compañía condenan en el día grande de la gasolina a precios de locura, que son todos los días del año ya. Si te fijas, es como una celebración a la contra.

Semana Santa, punto de inflexión del año vial

Y tú te preguntarás qué vaina me ha dado a mí con la Semana Santa. No es nada personal, sino que los desplazamientos que se dan por estas fechas se toman tradicionalmente en España como baremo de muchas cosas, entre otras de cómo va la siniestralidad vial, por ejemplo.

Es un periodo muy corto de tiempo en el que se concentran muchísimos despl… vaya, 14 millones, por si no me habías oído decirlo. Es como cuando se hace eso de cómo va la Liga de fútbol a mitad de invierno o algo así. Yo, como no soy futbolero, no sé muy bien cómo es, pero sé que se publica una especie de estadística cuando se alcanza la mitad del campeonato. Pues aquí, lo mismo.

Y en esta primera parte de la liga de la carretera, Tráfico ha calificado los resultados de la primera fase de la operación salida de Semana Santa con la palabra “normalidad”. Hubo retenciones, claro que sí, pero las normales de un viernes cualquiera, así que tranquilos todos, que no hay por qué alarmarse.

Allá en mis años mozos, tuve en el instituto un profesor de Filosofía que a menudo nos alertaba sobre la diferencia entre lo normal y lo habitual, y creo que tenía su razón el buen hombre. Que algo sea habitual no lo convierte por fuerza en normal, por mucho que los de la RAE equiparen ambos términos. Que haya retenciones es habitual, nada más. Y nada menos.

Lo cual nos lleva al punto de partida. 14 millones de desplazamientos no pueden estar equivocados, ¿verdad? Necesitamos airearnos, sí, y más con los tiempos que corren, pero hay aireaciones que resultan un tanto extrañas de comprender. Habituales, sin duda. ¿Normales? No sé yo.

De la salida al retorno, en un suspiro

¿Qué sentido tiene hacerse a la carretera para ser pasto de la primera retención ya al salir de casa? ¿Qué sentido tiene pegarse una panzada kilométrica a poder ser con el coche cargadito de trastos que incluyen familiares? ¿Qué sentido tiene hacer todo eso para volver al cabo de cuatro días?

Ah, sí. Ahora viene la mejor parte. Lo peor de los desplazamientos de la Semana Santa viene a partir del miércoles, cuando el número de vehículos que vienen y van se intensifica con lo que en la DGT llaman segunda operación salida, que es casi como de recochineo. Más, teniendo en cuenta que al cabo de nada ya estamos hablando de la operación retorno, que se produce entre el domingo y el lunes.

Pero aquí los de la DGT poca culpa tienen. Nos hemos convencido (y vuelvo a generalizar) de que la felicidad la encontraremos a un porrón de kilómetros de nuestro punto de residencia habitual, lejos de cualquier cosa que nos recuerde que todavía tenemos un trabajo que conservar, lejos de cualquier elemento que nos recuerde la ciudad que nos alimenta… y nos devora.

Y como somos pura fauna en ruta, lo consideramos normal. Y quienes estudian la fauna en ruta, saben que este es un momento idóneo para observar nuestro comportamiento, porque es una de las fases del año en que estadísticamente corremos más riesgo en la carretera. Así que, ya sabes, estos días, más que nunca, vete con mucho cuidado si coges el coche. Mil ojos… y tres toneladas de paciencia.

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