Esas carreteras en las que uno no sabe muy bien a qué atenerse

Justo a raíz de la última entrega de #miprimercoche, que va de multas, y con el telón de fondo de los recursos esos en los que absurdamente cuesta más el relleno que el pollo, hete aquí que estaba yo el otro día hablando con el compañero Hatzive sobre límites de velocidad que no se sabe cuáles son, y me dio la chaveta de traerme el tema a estos lares, a ver cómo lo ves tú.

“Pues vaya un profe”, dirás tú cuando yo me planteo dudas sobre los límites que atañen a un tramo de vía en concreto. Y sí, quizá no te falta razón al desconfiar de mí. Igual que a mí no me falta razón al desconfiar de quienes no dejan claras las reglas de juego, sancionan sin siquiera tener el detalle de pararte para explicarte la trampa y luego, si quieres reclamar, tú verás lo que haces.

Así que sí, hoy hablamos (una vez más en nuestra hoy tardía fauna en ruta) sobre velocidades, radares traicioneros y todo eso, pero vistos desde otro ángulo. Ya no es que el radar esté o no oculto, que sirva sólo para recaudar o que no estemos de acuerdo con la limitación. Hablo de infringir la ley sin tener ni idea de haberlo hecho. ¿Se puede? Claro que sí. Y para muestra, una sotana.

Venga, lo primero de todo es abrir el libro. Ahí vemos que en ciudad (“en poblado”, como dicen los Sioux) el límite genérico es de 50 km/h, luego están las zonas a 30, donde el límite es… 30, claro, y las calles residenciales, con límite de 20 km/h. Y sobre todos esos numeritos, pesa lo de la adecuación de la velocidad a las circunstancias, que también está en el libro.

Si estamos fuera de ciudad, se nos abre el abanico de posibilidades: 120 km/h (de momento) en autopistas y autovías, 100 km/h (de momento) en carreteras con dos carriles por alguno de los dos sentidos o arcén pavimentado de 1,5 metros de ancho o más, también para vías para automóviles el día que alguien encuentre una en España y finalmente 90 km/h para el resto. Ah, y en las de 100 y las de 90, se permite que los turismos y motos se den un capricho de 20 km/h para adelantar si no es que el vehículo adelantado ya va a la máxima velocidad legal.

Además, si a esos valores les vas restando 10 km/h (excepto en el primer caso con las autopistas, que es 20, y luego cuando se repiten y tripiten el 70 y el 80) obtienes la velocidad de autobuses, camiones y furgonetas, trastos con remolque, etcétera. Lo que viene siendo la tabla de velocidades de toda la vida (quitando vehículos especiales —70, 40, 25—, ciclomotores —45— y tal):

  Autopistas y autovías Vías para automóviles y carreteras con más de un carril para alguno de los sentidos o con arcén pavimentado de anchura ≥ 1,50m. Resto de las carreteras convencionales
Turismos y motocicletas 120 100 90
Autobuses, derivados de turismo, vehículos mixtos adaptables, autocaravanas con MMA ≤ 3,5 t 100 90 80
Camiones, furgones, tractocamiones, vehículos articulados, autocaravanas con MMA > 3,5 t 90 80 70
Automóviles con remolque ligero (MMA ≤ 750 kg) 90 80 70
Resto de automóviles con remolque 80 80 70
Vehículos de tres ruedas y cuatriciclos 70 70 70

Más allá de las tablas y las señales de velocidad

Bien, hasta ahí, uno puede ser o no crítico, pero todo está bastante claro. El problema viene cuando vas circulando por la vida y te encuentras lugares que no sabes si son carreteras, si son poblaciones o si tienen un poco de cada para que no te aburras. Y es ahí donde aquel que intenta ir como hay que ir siente cómo se siembra ante él el desconcierto.

Desconcierto, ojo, porque estamos en lo que estamos, porque si te vas de la velocidad te expones a que te saquen una foto digna de hacerte la orla. Si no, la cosa seguramente no sería para tanto. Y menos, cuando hablamos de personas que se interesan por el límite legal. Al que va a tabla, como si le dices misa en arameo, que ya no le vendrá de aquí.

¿Qué hacer en esas ciudades de tamaño pequeño o mediano en las que hay un tramo de carretera más o menos aislado, pero con un edificio aquí o allá? ¿Y en esas carreteras que pasan cercanas a un polígono industrial pero siguen siendo carreteras y nadie se ha ocupado de señalizar nada de forma específica? ¿Y en esas entradas de pueblos donde todavía no hay casi nada, donde las casas no acaban de decidirse y van apareciendo poco a poco, como diciendo que ahí hay un pueblo pero no?

O peor, las salidas de esos mismos pueblos. Recientemente, en una presentación, había una de esas situaciones. Como nos meten por carreteritas llenas de pueblos para que probemos cómo van y cómo dejan de ir las aceleraciones de los coches, las marchas largas, todo eso, pues llega un momento en el que ya no sabes si entras o si sales.

Y parecía que había salido del pueblo. Pero luego volvía a haber casas. Y otra vez carretera. Y así todo el rato. Un mosqueo ya… Porque claro, lo mismo te ponías a acelerar en plan “bueno, venga, esto ya está” que decías: “Ay, no, que ahí volvemos a estar entre casas”. Una risa.

Supongo que todos estos calentamientos de duramadres me vienen por estar tan acostumbrado a que me traigan y me lleven de señal en señal aquí en España. Supongo que en un lugar como Noruega, al menos la parte que conocí al volante, eso no me pasaría. 50 al entrar, fin de 50 al salir y arreando, hasta 80 km/h tú sabrás lo que te haces. Al menos allí las reglas del juego estaban claras: confiaban en tu criterio. En todo momento, y no para jugar al despiste con el telón de fondo de la amenaza de multa.

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