Esa parte de la fauna que planea sobre el agua

Hoy toca aquaplaning, pero primero te contaré un secreto que no lo es. Tengo una relación de amor-odio con el agenda-setting. De un lado, lo odio, porque pensar que la agenda que imponen unos medios de comunicación pueda influir en la agenda de los ciudadanos (que, más o menos, esa es la definición del asunto) supone dejar fuera de foco otros temas que son tan o más importantes. ¡Oh! Un volcán ha entrado en erupción. Y de repente somos todos vulcanólogos, ya sabes.

Del otro, sin embargo, agradezco que haya una serie de temas típicamente agendables; eso me permite, por ejemplo, preparar un artículo sobre consejos a la hora de ir a la playa en coche cuando aún estamos a 3 de febrero... o saber que cuando acaba el verano viene el otoño y empiezan las lluvias torrenciales. Y con ellas, el aquaplaning. Tema 100 % de agenda, sin aditivos.

Para aditivos, los que lleva la goma con la que se fabrican los neumáticos. Se les añade de todo menos perejil para lograr que, en la carretera, nos den agarre, durabilidad, eficiencia energética y, si puede ser, un coste económico que no suponga pedir una hipoteca a cada cambio de zapatos para el niño. Para cada zona del neumático, existen un diseño y unos compuestos específicos.

Estoy convencido de que la mayoría de los mortales no le dan a los neumáticos la importancia que tienen desde un punto de vista de desarrollo tecnológico. De pura ingeniería. ¿Fuera de los cuatro frikis que estamos por el tema? Ya me contarás... Y la prueba me la aporta cada coche que veo por ahí con los neumáticos hechos unos zorros o, simple y llanamente, desinflados (que ya es).

La de papelitos que habré dejado yo en los parabrisas de los coches aparcados en los parkings de estos mundos de dios con una simple advertencia: "Llevas la rueda izquierda trasera desinflada". Sí, fui yo. Y no, no hay conciencia de lo que son en realidad los neumáticos. Aunque por pura retórica repitamos una y otra vez aquello de único punto de contacto entre el vehículo y el terreno.

La pérdida de adherencia, ese enemigo

¿Qué pasa cuando falla ese único punto de contacto entre vehículo y terreno? Que perdemos parte de las principales funciones de las ruedas (a saber: tracción, dirección, estabilidad, soporte de la masa suspendida, absorción de irregularidades del terreno). ¿Qué parte? Depende. Si hablamos de envejecimiento de la goma, todas ellas. Si sólo hablamos de presión inadecuada, casi que también. Y si hablamos de falta de escultura, sobre mojado las tres primeras funciones caen en picado.

Y a eso iba yo. Sobre suelo absolutamente seco, sin duda un neumático liso sería el que mejor agarre proporcionaría. Y si el firme fuera terreno rugoso... adherencia por todo lo alto, como frotar una goma Milan Nata por un papel de lija. Otra cosa es lo que duraría el neumático, claro. Si sigues el día a día de la competición en Motorpasión F1 ya sabes de lo que hablo.

El problema es que el terreno no siempre está seco. Si interpusiéramos un fluido entre el neumático liso y el terreno, el neumático flotaría sobre el fluido, se perdería la adherencia y, con ella, la tracción y la dirección de forma directa; la estabilidad, de forma secundaria.

Solución: damos a los neumáticos una escultura, un dibujo, cuya función es desalojar agua al ritmo que circula el vehículo. Y entender esto del ritmo es fundamental, porque si la escultura no tiene tiempo suficiente de desalojar el agua podemos acabar haciendo patinaje artístico. Y eso, a ciertas velocidades, puede traernos un disgusto de los de llorar.

Gracias a Skath por el vídeo.

Conducir sobre agua: como volar

Sobre agua, hasta el mejor de los neumáticos trabaja en condiciones más exigentes que en seco. Sobre agua... pues eso, estamos traccionando y dirigiendo encima de un fluido, y no en contacto directo contra el terreno. Hasta cierto punto, es como volar y dejarse llevar por las inercias del vehículo, sin nada contra lo que ejercer fuerza, realizar trabajo, desarrollar potencia...

Sobre agua, dependemos de que la escultura del neumático tenga tiempo suficiente para desalojar el líquido y recuperar adherencia. Si con el acelerador y el freno o con el volante de la dirección hacemos monerías, se lo ponemos aún más difícil al neumático. Por eso, cuidado cuando haya agua en el asfalto. No se trata de ir con miedo, sino al revés: con precaución y con conocimiento de causa. Y donde hay conocimiento, no cabe el miedo.

Por cierto, si te ha quedado alguna duda sobre esto del aquaplaning, quizá te sirva este artículo como ampliación de la información.

-- Vaya, Camós. Este artículo de hoy es muy flojo, muy para gente que no sabe. Me has defraudado...

Más me defrauda a mí que cuando llueve haya conductores que pierden el control de su vehículo por no comprender algo tan sencillo como que el neumático es el único punto de contacto entre vehículo y terreno, que en un turismo hablamos de apenas cuatro palmos y que si en esos cuatro palmos se interpone agua vale más andarse con mucho tino.

Días atrás me tocó ayudar en un siniestro vial en el que un chaval se encontró un animal cruzando la calzada, intentó una maniobra evasiva a 100 km/h sobre agua... y acabó estampándose. Ocurrió delante mío. Afortunadamente tanto el chico como su acompañante salieron prácticamente ilesos, pero el coche se les quedó hecho un asco, y sin posibilidad de reclamar nada a nadie.

Créeme: por muchas veces que lo expliquemos, siempre habrá alguien a quien le vendrá de nuevas. Por eso, una vez más habrá que decirlo: cuidado cuando haya agua en el asfalto. Y sí, este era un tema de agenda-setting, pero sin duda el castañazo del otro día en la carretera me ayudó a verlo como un tema de interés general, y no de interés generado.

También te puede gustar

Portada de Motorpasión

Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com

VER 17 Comentarios