Cuando la seguridad entiende de sexos y mercadeo

Curiosa fracción de la fauna en ruta que nos rodea, esa que se compone de fabricantes de vehículos armados de argumentos de mercadeo para convencernos de que su coche, el retoño de los últimos meses de trabajo para centenares de personas, es la decisión correcta. Hace décadas alguien le explicó a un protoingeniero que conozco que los coches eran cada vez más parecidos, y que el factor esencial para decantarse por uno u otro era emocional.

Bien, pues en Italia hay una firma que acaba de recibir un baño emocional con gel de ducha y champú anticaspa incluidos. No se les ocurrió otra que regalar sensores de aparcamiento como promoción especial del Día de la mujer trabajadora. Y les cayeron hostias como panes bofetones como tortelloni en su muro de Facebook.

Antes que nada, la noticia estricta. Leo en Il Corriere della Sera que Fiat decidió regalar "sólo por hoy, sensores de aparcamiento incluidos en el precio". Al cabo de un suspiro, reclamaciones y más reclamaciones se agolparon en la red social, hasta que la marca decidió pisar el freno, más tarde el embrague, poner la marcha atrás y recular. Sin chocar contra nada, esperamos.

En pocas palabras, cuentan que la intención era buena pero la gran idea no tuvo precisamente una buena acogida de crítica y público. Vinculan la oferta con el Día de la mujer trabajadora (vamos, que no fue por casualidad) y cuentan que se retira la oferta aunque se mantendrá para las casi 900 personas que ya se habían acogido a ella.

A partir de aquí, se abre el debate sobre qué disparate es mayor, si regalar sensores de aparcamiento en pleno día del feminismo, como insinuando que así las mozas no estamparán los coches contra vehículos ajenos, contenedores y papeleras, o que los consumidores se tomen a la tremenda un regalo que, según la marca, no tenía ningún afán ofensivo.

Eh, y tanto da la marca, no nos quedemos en el dedo que apunta a la Luna. Historias para no dormir sobre el marketing de género hay unas cuantas. Y sin llegar a esos extremos, no hace mucho tiempo traíamos por aquí aquel anuncio de Toyota donde las mujeres se convertían en poco menos que ogros frente al pobre comprador de un GT-86. Vamos, que el sexo es un elemento tan bueno como otro para vendernos un coche. Y no necesariamente enseñando mozas, que también.

La seguridad, moneda de cambio

Segunda consideración del día. Y los sistemas de seguridad, ¿hasta qué punto son o pueden llegar a ser moneda de cambio? ¿Por qué "sólo hoy", día 8 de marzo, se regala un sistema que se supone interesante para preservar el coche (y los coches ajenos, contenedores, papeleras...) de golpetazos?

Vale, sí, un sensor de aparcamiento no es uno de aquellos sistemas de alta seguridad que nos vaya a salv... Ojo, o sí. ¿No puede un sensor de aparcamiento evitar el atropello de un niño, por ejemplo? Vale, no quiero ser sensacionalista (o no más que de costumbre, pero es... con buena intención, como los de la marca que comentábamos antes), pero, ¿a que es durillo si lo consideramos así?

"Es que si lo regalan siempre no les sale a cuenta", oigo que me dices. Ya, obvio, cada uno sabe cómo hacer sus cuentas. Pero es que si te fijas, en el fondo el elemento de seguridad que se pone a la venta y al regalo se convierte a menudo en un elemento equiparable, qué sé yo, a la radio con seis altavoces o a la tapicería de cuero. Ya es raro que un sistema pase a ser obligatorio. Que se lo digan a los que no llegaron a tiempo de conocer las bondades del ABS. Desde los años 60.

En el momento en que la seguridad comenzó a erigirse en argumento de venta, a muchos se les alegró el alma. "¡Por fin la seguridad vende!", decían. Yo arrugué la nariz, porque yo soy muy de ir arrugando la nariz y de buscarle los tres pies al gato. Supongo que fue porque me sonó a que eso de ponerse en venta era en lo bueno y en lo malo, como cuando te casas.

Y nada, que esto de hacer mercadeo con la seguridad me suena a lo de la DGT con las multas, la recaudación, el pronto pago y la vajilla de regalo si te sacas la tarjeta Visa Multachufo. A otro nivel, pero me suena igual: a ponerle precio a la vida, o a la posibilidad de seguir con vida. O a la probabilidad de seguir con vida. Que es de lo que versa esto de la seguridad, me han dicho.

¿Que a qué viene ahora la DGT? A nada, simplemente me he acordado, y como intuyo que la semana que viene hablaré de ellos, pues nada, lo voy introduciendo. Al fin y al cabo, si hablamos de mercadeo de la seguridad, antes o después tenemos que acabar pasando por ahí.

También te puede gustar

Portada de Motorpasión

Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com

VER 27 Comentarios