El avión inglés que iba a destruir Moscú acabó jubilándose con la misión de combate más recordada de toda su carrera: recuperar las Malvinas

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En la operación Black Buck 1 se necesitaron medio millón de litros de combustible para que una sola bomba diera en el blanco.

Daniel Murias

El 2 de abril de 1982, tropas argentinas desembarcaron en Puerto Argentino (Port Stanley) y tomaron las Malvinas en apenas unas horas. La junta militar de Leopoldo Galtieri calculaba una ecuación simple: el archipiélago está a poco más de 500 kilómetros de la costa argentina y a casi 13.000 de Londres. 

Ningún país, razonaban en Buenos Aires, proyecta poder militar de forma creíble a esa distancia sin una base cercana. El Reino Unido no tenía ninguna en el Atlántico Sur. Lo que tenía era un abrumador dominio de la logística y el Avro Vulcan B.2 de la Guerra Fría.

Las Malvinas están lejos, muy lejos del Reino Unido

La estrategia de los argentinos no era tan descabellada. La Royal Navy podía enviar tropas, pero tardarían semanas en llegar y el ataque dependería enteramente de los Sea Harrier embarcados en el HMS Hermes y el HMS Invincible para disputar el aire. Argentina, en frente, tenía los Super Étandard franceses armados con los temibles misiles galos Exocet, mortíferos para hundir barcos. 

La RAF, en cambio, no tenía forma de intervenir. Su avión de combate más cercano al teatro de operaciones estaba a miles de kilómetros, y ni siquiera la isla de Ascensión, territorio británico en pleno Atlántico ecuatorial, resolvía el problema. Seguía estando a unos 6.300 kilómetros de Port Stanley.

Pero para recuperar las Malvinas, los ingleses necesitaban limitar al máximo la presencia de las fuerzas aéreas argentinas para proteger la primera ola de la invasión. Y para ello debían bombardear el aeropuerto de Port Stanley. 

Londres decidió forzar la enorme distancia con el avión menos indicado para hacerlo. El Avro Vulcan B.2, un bombardero de ala en delta diseñado en los años cincuenta para una misión muy distinta: despegar en cuatro minutos y llevar una bomba nuclear hasta Moscú. 

En 1982 la flota estaba en fase de retirada, sustituida en el papel de disuasión estratégica por los submarinos Polaris desde 1969 y relegada a un rol secundario. Varias unidades ya habían sido desguazadas o transferidas a otros cometidos. Nadie, ni en el Ministerio de Defensa, había planeado emplearlo en un bombardeo convencional de largo alcance.

La RAF adaptó los Vulcan que quedaban operativos en semanas. Se volvió a dotarlos de capacidad de repostaje en vuelo y se improvisó la integración de misiles antirradar AGM-45 Shrike, cedidos por Estados Unidos, sobre un avión que nunca los había llevado. El entrenamiento de repostaje nocturno arrancó el 15 de abril, quince días antes de la primera misión.

Operación Black Buck: bombardear las Malvinas

El obstáculo real nunca fue el avión, sino la logística. Wideawake, la única pista utilizable en la isla de la Ascensión, se convirtió en el único punto de partida posible. Desde allí hasta Puerto Stanley y de vuelta suman cerca de 12.900 kilómetros, muy por encima del alcance sin repostar del Vulcan, de unos 7.400 kilómetros. Cubrir esa distancia exigía una cadena de repostaje aéreo sin precedentes. 

Así, la operación Black Buck fue un rompecabezas logístico. Dos Vulcan despegaron de Ascensión, un principal y otro de reserva por si fallaba el primero. Un Vulcan necesitaba una docena de bombarderos Victor K2 convertidos en aviones cisternas para ir a las Malvinas y volver. Los fueron abasteciendo en vuelo, pero para ello algunos Victor debían reabastecer a otros Victor. 

Pista Wideawake de la Isla de Ascension durante la Operacion Black Buck. Todos estos aviones cisternas para que un sólo Vulcan llegase al objetivo.

Black Buck 1, en la noche del 30 de abril al 1 de mayo, mostró lo ajustado que era el margen. El Vulcan XM598 partió como avión principal con el XM607 de reserva, escoltados por once Victor. Poco después del despegue, XM598 sufrió una fuga en el sello de la ventanilla de cabina y perdió presurización; tuvo que regresar. El mando de la misión recayó sobre el teniente de vuelo Martin Withers y la tripulación del XM607.

La tormenta eléctrica del último repostaje estuvo a punto de arruinar la operación. La sonda de una cisterna se rompió por la turbulencia, obligó a reorganizar el enganche y dejó al Vulcan con bastante menos combustible del previsto. Withers, con margen insuficiente para volver a Ascensión, decidió seguir hacia el objetivo.

El resultado, sobre la pista de Puerto Stanley, fue una única bomba de las veintiuna lanzadas impactando en el centro de la pista. Bastó para inutilizarla para los cazas argentinos. Tendrían que operar desde el continente. 

El vuelo completo, de casi dieciséis horas, fue entonces el bombardeo de mayor alcance de la historia. Necesitó la presencia de 18 aviones, 917 toneladas de combustible (más de 500.000 litros) en 17 repostajes en vuelo en el conjunto de la operación. 

Más que el daño físico, limitado, la RAF demostró algo que cambiaba el cálculo inicial de Buenos Aires. El territorio continental argentino ya no estaba fuera de alcance. 

Las seis misiones Black Buck restantes, hasta el 12 de junio, reforzaron ese mensaje contra pistas y radares argentinos. Al mismo tiempo, la acción de Argentina le recordó al Reino Unido que no era intocable.

El Vulcan se retiró definitivamente del servicio en 1984. Su despedida de la RAF fue, contra todo pronóstico, la operación de combate más célebre de toda su carrera.

Imágenes | RAF, Alex Beltyukov, Ronnie Macdonald, Alastair Barbour 

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