Nos vamos de ruta: empacho de curvas en Transalpina y Transfăgărășan, las mejores carreteras de Rumanía

En Europa existen muchas mecas para amantes del mundo del motor, empezando por circuitos de velocidad como Nürburgring Nordschleife o Spa-Francorchamps y siguiendo por algunas de las carreteras más bonitas y sinuosas del mundo, como el famoso Paso Stelvio, en los Alpes italianos. No obstante, el auténtico paraíso de las curvas está un poco más lejos, en Rumanía.

Durante la última semana hemos tenido oportunidad de viajar desde Graz, en Austria, hasta la capital rumana, Bucarest, pasando por dos de los tramos de montaña más impresionantes del país. Uno de ellos fue nombrado por Top Gear como 'la mejor carretera del mundo' y, desde luego, no es un mal candidato. ¿Sabes ya de qué carretera hablamos? Vente con nosotros para descubrirlo.

Cuando Mercedes-Benz nos propuso unirnos a un grupo de periodistas de diversas partes del mundo para cruzar media Europa en busca de algunas de las mejores carreteras del viejo continente no pudimos decir que no. Nos embarcábamos así en una aventura de seis días junto a una veintena de personas y una docena de coches. Todo empieza en el hogar del Mercedes-Benz Clase G, en Graz, aunque de eso ya os hablaremos detenidamente más adelante. Ahora vamos con el viaje.

Pintoresco pueblo, aún en Austria.

¿Un GLC Coupé para semejante empacho de curvas?

El coche elegido por la casa de Stuttgart para este roadtrip tan especial (#ChasingStars en redes sociales) no es otro que el nuevo GLC Coupé, que ya habíamos probado hace unos meses en los Alpes. En un principio nos deja algo indiferentes la idea de hacer semejante ruta repleta de curvas con un SUV, pero lo cierto es que al final iba a resultar el coche ideal porque por delante teníamos unos 1.500 kilómetros.

¿Ideal un SUV? Pues sí. Después de muchas horas de coche empiezas a agradecer una suspensión cómoda, sobre todo cuando el asfalto tiene un mantenimiento nulo o incluso llega a desaparecer en algunos puntos convirtiéndose la carretera en un camino de tierra. Unos buenos asientos y comodidades como la ventilación de los mismos también hacen de este coche un buen aliado para tantos kilómetros.

Además, resulta que el GLC Coupé es uno de los todocaminos que más agradable resulta de conducir en zonas reviradas -porque en vías rápidas es obvio que cumple a la perfección-. Impresiona por su estabilidad y aplomo a altas velocidades pero también por mostrar una agilidad poco usual en este tipo de vehículos, grandes, altos y pesados. La puesta a punto encuentra el equilibrio ideal entre comodidad y dinámica, la carrocería balancea lo justo y se puede llevar un ritmo alto incluso en zonas muy sinuosas, a lo que también ayuda un equipo de frenos a la altura, con potencia más que suficiente para detener el coche adecuadamente.

Castillo de Hunyad, en Transilvania.
GLC Coupé frente al Parlamento de Budapest, en Hungría, con el Danubio entre medias.

Primeros pasos: Budapest y Alba Iulia

El plato fuerte del viaje son obviamente las carreteras de montaña de Rumanía, pero desde Graz tenemos al menos un par de días de mero trámite para llegar hasta allí, aunque se aprovechan para conocer carreteras también interesantes, sobre todo en Austria, porque en Hungría las secundarias dejan bastante que desear por lo bacheadas que están.

La ciudad de Budapest, donde hacemos noche el primer día, es una parada perfecta para retratar los coches en lugares icónicos como el parlamento o los puentes de la ciudad que cruzan el río Danubio y unen Buda y Pest. Una ciudad viva, con mucho turista, buenos hoteles y restaurantes y una vida nocturna bastante interesante que esta vez no vamos a poder explorar. Hay que dormir.

Todavía tenemos por delante otra jornada de tránsito, con destino en la ciudad de Alba Lulia, en Rumanía, donde haremos noche antes de afrontar la carretera Transalpina -a apenas una hora de distancia-. El recorrido hasta esta ciudad supone un montón de kilómetros por carreteras secundarias llenas de camiones y temerarios conductores que adelantan aprovechando la mínima ocasión (y cuando decimos mínima, es mínima, y arriesgada), y algo de autovía ya en la parte final.

Vistas de las montañas Parâng, que bien podría ser un paisaje de las 'highlands' de Escocia.
Carretera Transalpina

Transalpina: las 'highlands' de Rumanía

Sobre las ocho de la mañana estamos ya listos para una de las jornadas más interesantes del viaje. Es el inicio del aluvión de curvas que nos espera durante los próximos dos días y tenemos ya la sonrisa marcada a fuego en la cara. Cabe decir que es nuestra primera vez en Rumanía (no así en Austria o Hungría) y no conocemos absolutamente nada del recorrido. Mejor, así se disfruta mucho más.

A los pocos kilómetros de ponernos en marcha ya estamos cruzando pequeños pueblecitos a las faldas de las montañas Parâng, con un perro callejero a la vuelta de cada curva, niños jugando al pie de la carretera y carros de caballos circulando por la misma. Empezamos nuestro ascenso por sinuosas carreteras que cruzan estrechos desfiladeros hasta llegar a la presa de Oașa. En algún punto de la carretera de montaña el asfalto desaparece y nos toca circular por tierra bacheada, antes de llegar a una especie de poblado chabolista en plena montaña. Imaginamos que sus habitantes sólo pasan allí el verano, ya que el invierno ha de ser muy duro ahí arriba.

Casi de manera inesperada aparecen las primeras horquillas y arranca un ascenso fuerte para llegar a la zona más alta de la carretera, en el paso de Urdele (2.145 metros). Las vistas son espectaculares y la carretera es bastante abierta, lo que permite llevar un ritmo fluído. Cerca de la cima nos dan la bienvenida unos cuantos burros que pasean por la cuneta. Bien majos ellos, con ganas de hacer amigos e interesados bastante en los coches (o en sus ocupantes, más bien, que suelen darles de comer).

Poco después alcanzamos las nubes, literalmente, y una densa niebla cubre la carretera cerca del punto más alto del recorrido. Hay tráfico y mucha gente haciendo picnic en la montaña, a pesar de la temperatura, que en algunos puntos baja de los 10 grados centígrados, a pesar de ser el último día de agosto.

En el descenso encontramos infinidad de marcas de neumáticos en la carretera, lo que nos hace pensar que este tramo (en subida) debe ser utilizado para rallies o eventos tipo hillclimb. Y no es una mala opción, no. Aún así, ya hemos bajado y nosotros estamos pensando irremediablemente en el siguiente paso, la Transfăgărășan, aunque aún nos quedan varias horas para alcanzar nuestro destino.

Transfăgărășan, o la loca carretera de Ceaușescu

Construida a principios de los años setenta durante el mandato de Nicolae Ceauşescu, la carretera Transfăgărășan (DN7C) fue ideada como una ruta militar estratégica para atravesar el sur de los Cárpatos, donde se encuentran los picos más altos del país, y fue el propio ejército rumano el encargado de su construcción, finalizada en 1974. Es la segunda carretera más alta de Rumanía, alcanzando los 2.034 metros de altitud, y también la que más túneles y puentes tiene del país.

La ruta está cerrada durante la mayor parte del año debido a la climatología, ya que casi siempre hay nieve ahí arriba. De hecho, la carretera suele estar abierta entre finales de junio y finales de octubre, aunque a veces la nieve obliga a cerrarla incluso en pleno verano o bien se mantiene abierta un poco más, hasta noviembre. Todo depende del clima.

Cara sur de la carretera Transfăgărășan.
Cara norte de la carretera Transfăgărășan, al estilo Scalextric.

En 2009 el programa británico Top Gear comenzó su decimocuarta temporada con un especial en ésta carretera, a la que otorgó el título de "mejor carretera del mundo". Clarkson, Hammond y May la coronaron con un Lamborghini Gallardo Spyder, un Aston Martin DBS Volante y un Ferrari California, aunque ellos comenzaron su aventura en Constanta, mientras que nosotros venimos de Transalpina.

Tras bajar de la 67C recorremos decenas de kilómetros por carreteras atestadas de modelos Dacia del año de la polca, carros tirados por caballos y tractores cargados de paja, pasando por innumerables pueblos con gallinas correteando por la carretera, perros deambulando por todas partes y puestos de venta de frutas y hortalizas a la puerta de cada casa. Así es Rumanía.

En cuanto llegamos a Curtea de Argeș y empezamos a ver multitud de motos de trail con las maletas repletas de pegatinas nos damos cuenta de que estamos en el camino correcto. Aquí empieza la ruta (en realidad lo hace en Pitești, pero nosotros la cogemos aquí), aunque aún nos queda un trecho para llegar a la zona montañosa repleta de curvas. No obstante, hay cosas que ver por el camino, como el castillo fortaleza de Poenari o la presa del lago Vidraru.

El castillo de Poenari, visible desde la carretera que asciende a las montañas Făgăraș, está ubicado en lo alto de un acantilado, por lo que hace falta subir unos 1.500 escalones para visitarlo. Si bien está en ruinas, perteneció en el siglo XV a Vlad Tepes, más conocido como Vlad el Empalador, personaje que inspiró a Bram Stoker para crear al protagonista de su novela Drácula. Un poco más adelante nos topamos con la imponente presa Vidraru cuya pared mide 166 metros, que curiosamente fue construida antes que la carretera. Pero... hemos venido a por curvas, ¿no?

A partir de aquí empieza la diversión. De momento las curvas no son muy cerradas, entre bosques y cerca de la orilla del lago, pero según vamos ganando altura la cosa se pone más y más interesante. Un buen rato después de pasar la presa empiezan a aparecer imponentes montañas, que recuerdan a los Alpes por su magnitud. A primera hora de la mañana es un placer conducir en el puerto, con muy poco tráfico, aunque a medida que van pasando las horas, más y más coches y motos van saturando la carretera.

La cara sur del puerto es la más bonita en cuanto a paisajes se refiere, con montañas de aspecto muy alpino y de intenso color verde, y la carretera es todavía más abierta y rápida que en la cara norte (la de la foto de portada), donde se suceden las horquillas en un baile que parece propio de un trazado de Scalextric. Si bien la foto mítica es en la cara norte, lo cierto es que al volante se disfruta casi más en la sur (donde por cierto no hay torretas eléctricas ni teleférico cargándose el paisaje).

Cuando llegas a lo alto del puerto, y antes de buscar el mejor lugar para parar y hacer la mítica foto de rigor de la carretera, te reciben un montón de puestos de venta de comida, con embutidos, carnes, quesos y productos típicos del país. Además, si estás por la labor de dar un paseo, justo en este punto está el lago Balea y según nos comentan hay bonitas rutas para hacer senderismo.

Recorrer la carretera al completo, desde la presa hasta el final de la ruta al otro lado de las montañas, y volviendo de nuevo en el otro sentido, lleva unas tres horas, aunque es cierto que la velocidad media en el puerto es relativamente baja (unos 40 km/h dice wikipedia) porque hay mucha curva cerrada, tráfico y no muchas zonas en las que los adelantamientos estén permitidos. Y cuidado con saltarse la línea contínua, que muchas veces la policía se coloca en lo alto de los puertos para tener una buena panorámica del lugar e identificar a los conductores cafres.

Antes de que nos demos cuenta toca volver a la civilización, y tres horas después de partir desde lo alto de la carretera Transfăgărășan llegamos a Bucarest, la capital, donde termina el viaje. Muchos kilómetros, muchas curvas, muchas risas, un buen número de litros de gasolina consumidos, aún más perros callejeros, genial compañía y una innolvidable experiencia, en relativas cuentas. Ya estamos deseando poner en marcha nuestro próximo roadtrip, aunque ya os avanzamos que no será en Europa, sino en América. ¡Hasta la próxima!

Fotos | Javier Álvarez y Mercedes-Benz
En Motorpasión | Mercedes-Benz GLC Coupé: probamos en los Alpes el SUV más animado de la familia Benz

También te puede gustar

Portada de Motorpasión

Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com

VER 14 Comentarios