Dacia Sandero 2013, presentación y prueba en Andalucía

El sol ya se puso sobre Antequera, y os comento qué tal ha ido el contacto con el nuevo Dacia Sandero. Se trata de una puesta al día del subcompacto, que promete diversas mejoras respecto al modelo que probamos en la primera generación en 2009. El concepto de coche low-cost ha cambiado bastante rápido.

El Sandero es una alternativa económica a los típicos coches del segmento B. Fabricado en Rumanía, diseñado por franceses, usando el grupo Renault como aval y la fama de coche baratito y apañado que saca de un apuro. Los precios arrancan en 7.200 euros sin incluir el Plan PIVE, y ya se puede encargar. Consulta la lista de precios y opciones.

En esta generación ha mejorado la estética, el equipamiento, la seguridad y los motores. Ahora usan los mismos motores que se pueden ver en el Clio, aunque con mínimas diferencias. Es un coche esencial, pero ya no es tan espartano como antes. Con la que está cayendo, es una alternativa más válida.

¿Por qué es tan barato?

La filosofía de Dacia es ofrecer una “compra inteligente” mediante la eliminación de lo superfluo y lo “inútil” (es decir, lo que se ofrece en el Clio). Además de las soluciones económicas típicas del segmento (plásticos duros, suspensión trasera de eje de torsión o los tambores atrás) incorpora otras más.

En el puesto de conducción echo de menos la regulación en profundidad del volante, pero reconozco que puedo conseguir una postura cómoda. Llama la atención la postura de algunos mandos, como los elevalunas, en posición central, o el control de velocidad, debe ser igual a nivel interno que el que tenía el Clio II.

Hay algunas piezas de “chapa” al descubierto en el interior, si bien son unas pocas: portón del maletero y el interior de las puertas. También se usa reciclaje de piezas de modelos anteriores de Renault, aunque ya no es tan evidente como antes. Con el cambio de diseño, ahora tiene otro aspecto. Tiene cuatro airbags: frontales y laterales delanteros.

Cambios en el interior

El salpicadero ha sido rediseñado, así como la consola central y el tablero de instrumentos, que es más completo. También se ha trabajado en la reducción de ruidos, desde luego el motor va mucho mejor aislado que antes y los pedales no transmiten tanta aspereza. Casi podría compararse con un coche como el nuevo Fiesta.

Se siguen apreciando ruidos aerodinámicos de las puertas, aunque se ha mejorado su insonorización, y por debajo de 150 km/h la sonoridad es bastante razonable. Entre el motor y el habitáculo, la cosa ha mejorado notablemente. La palanca de cambios no vibra al ralentí, otro buen síntoma.

Otra mejora evidente es el equipo de música, que puede ser uno básico que trae hasta USB y conector auxiliar, e incluso tener un navegador táctil con pantalla de 7 pulgadas, que incluye hasta el teléfono. Esto sonaría a lujo total en un utilitario de los años 90. En este sentido, se ha puesto al día.

Hay cosas que no entiendo, como las cuestiones ergonómicas, no creo que hacerlo mejor sea más costoso. Los asientos creo que en un viaje largo podrán dar un poco más de cansancio porque no me han parecido muy blandos. Tampoco he tenido la sensación de llevar la espalda sobre alambres, precisamente.

No busquemos plásticos blanditos porque no los hay. La guantera bajará de golpe, es común en este segmento. Los portaobjetos no tienen fondo de goma, también es normal. Por cierto, ahora tiene dos litros y pico más de capacidad en huecos interiores, lo cual se agradece.

Pero también podemos encontrar detalles de calidad. En el tablero de instrumentos hay cromados y ahora el ordenador de a bordo es tan completo como el de un Renault. Si abrimos el capó, tiene un brazo hidráulico que lo levanta, ¡adios varilla! Incluso el velocímetro es preciso, a 120 km/h de aguja he medido 116 km/h con GPS.

Motorizaciones

Hay dos gasolina, el 1.2 16v (75 CV) y el 0.9 TCe (90 CV). He probado el segundo, un tricilíndrico con turbo e inyección multipunto resultón, que jubila al 1.6 anterior. A diferencia del Clio 0.9, no tiene ni el Stop&Start ni la recarga inteligente del alternador. Por lo demás, el motor es igual.

Pese a lo que uno puede esperar, no tiene tacto de tres cilindros bruto, tiene un nivel de refinamiento muy bueno, tengo muy reciente el tacto del 1.0 EcoBoost de Ford y me pareció similar o igual. La respuesta también es mejor de la que cabe esperar de un motor tan pequeño.

El cambio de cinco velocidades tiene un escalonamiento curioso. La primera y la segunda se acaban muy rápido, pero la tercera es más larguita para aprovechar los 135 Nm de par a 2.500 RPM. No echaremos de menos la sexta porque la quinta también tiene un desarrollo largo: 120 km/h a unas 3.000 RPM.

La alternativa a este modelo es el 1.5 dCi de 90 CV que no he probado en el modelo nuevo. A su vez, la versión de 75 CV rivaliza con el 1.2 atmosférico, que también funciona con GLP en la versión adaptada a gas. El 0.9 TCe promete un consumo de 5 l/100 km, aunque, como siempre, me ha gastado más.

En un recorrido muy variado por las carreteras de montaña de Málaga y Córdoba, la media ha quedado entre 6 y 7 l/100 km, aunque la solicitud al acelerador fuese más exigente en algunos momentos. En carreteras secundarias, respetando los límites y cuidando el acelerador, puede ser poco sediento y hacer medias de poco más de 5 litros.

Aunque a bajas RPM se defiende, la parte alta del tacómetro se acaba rápido, corta a 6.000 RPM, y habrá que tener eso presente a la hora de adelantar, cosa que haremos normalmente en tercera. No es nada explosivo, el turbo es de baja inercia, responde rápido, pero no sopla mucho. Casi parece un motor atmosférico en cuando a suavidad.

Comportamiento dinámico

Lo cierto es que el coche ahora es más agradable para conducir, pero cuando se aumenta el nivel de exigencia las lagunas salen a la luz. La suspensión trasera y la delantera no siempre se ponen de acuerdo, y cuando el coche va muy apoyado, tiende a sobrevirar con poco margen de aviso.

Yo, que estoy acostumbrado a ver venir estas cosas, ya me pongo a corregir tenga ESP o no, y ahora lo lleva de serie. La intervención llega más tarde de lo normal, pero el coche no deja de ser controlable. En este sentido me ha recordado al Mazda2, no me convenció el nivel de intervención de la electrónica.

Por otra parte, la dirección asistida me ha parecido poco informativa, teniendo que hacer el serrucho en más de una trazada para mantener el coche en trayectoria. Es comprensible que le pase esto, tiene la suspensión un poco alta, atrás usa eje de torsión (como todos los utilitarios salvo el Mini) y la carrocería es algo elevada.

Si este coche no tuviese ESP, lo recomendaría si fuese opcional. Como la Unión Europea ha obligado a Dacia a instalarlo, ahora incluso el Base lo lleva, así como la dirección asistida, el ABS y demás ayudas electrónicas para controlar la frenada, en curva y en emergencias.

Si buscamos deportividad nos equivocamos de coche. Es para andares tranquilos. Os diría que el ESP, como tarda un poco en actuar, permite disfrutar de un leve sobreviraje, pero creo sinceramente que el típico cliente de este coche no verá eso como divertido. Quizás es por los neumáticos, ContiEcoContact5, de baja resistencia a rodadura y 15”.

Cuando veamos la lucecita amarilla intermitente del ESP en el tablero, ha llegado el momento de conducir de otra forma o de tener más cuidado. La ventaja de que su suspensión no sea rápida de reacciones es que podemos circular por carreteras en muy mal estado sin rompernos la columna vertebral ni temer que vayamos a reventar el coche.

Otros detalles

La palanca de cambios sigue teniendo ese tacto mecánico y rudo que tenía antes, y que hereda de otros Renault. Se nota más cuando se cambia de marcha muy velozmente. Para un novel me parece fácil de llevar, especialmente quien teme al calado por haber aprendido con un Diesel en la autoescuela.

En cuanto a la dirección, aparte de no ser muy informativa, la zona más cercana al centro responde poco, y reduce su asistencia cuanto más rápido se circula. Por otro lado, el cuero que tiene, de origen bovino, es mejor que el volante de plástico que tenía antes. Esto, como siempre, depende del equipamiento elegido.

Me ha gustado eso de poder tener un sensor de aparcamiento trasero al meter la marcha atrás, es muy útil. En cuanto al equipo de navegación, no es porquería china, y aunque no sea un Tomtom, funciona igual de bien, sin extraños, informa bien y está completamente integrado con el equipo de audio. Muy recomendable.

¿Merece la pena?

Afirmativamente, , como diría Paco Porras. El precio se mantiene y el coche es ahora mejor indiscutiblemente. Solo por el ESP de serie, merece la pena. También tiene luces diurnas y recomendación de cambio de marcha, pero es que eso ya es obligatorio en coches nuevos, no una concesión de Dacia.

Sigue siendo asignatura pendiente eso del comportamiento, pero con la electrónica queda enmascarado. Tiene una versión de tipo crossover de la que os hablaré otro día por no haberlo probado, el Stepway. No será el más bonito ni el más prestacional, pero tiene otras ventajas como la habitabilidad o el maletero (320 litros).

También sale económico de mantener, cada año o cada 20.000 km, tres años de garantía ampliables a siete, el 0.9 TCe tiene cadena de distribución, etc. Un vistazo rápido al capó nos deja ver que es más fácil hacer ciertas operaciones que si estuviese repleto de plásticos y tapas. Esa parte de la filosofía Dacia me gusta, aunque el coche en conjunto no me termine de convencer.

Los gastos del viaje para esta presentación han sido asumidos por la marca. Para más información consulta nuestra guía de relaciones con empresas.

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