Ferdinand Porsche intentó hacer un tanque para Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Fue un tremendo desastre

Tanque Porsche

Sus innovadores tanques prometían cambiar la guerra, pero terminaron atrapados por la complejidad, los costes y la política interna nazi

Irene Mendoza

La mayoría de la gente piensa que la tecnología híbrida es un invento moderno, pero Ferdinand Porsche ya dominaba este concepto a principios del siglo XX. En 1900, el ingeniero austríaco desarrolló el Semper Vivus y después el Lohner-Porsche Mixte, considerado uno de los primeros vehículos híbridos de la historia (tenía un motor de gasolina que actuaba como generador para alimentar los motores eléctricos de las ruedas). 

Cuarenta años más tarde, en plena Segunda Guerra Mundial, intentó trasladar esa idea al campo militar, convencido de que cambiaría las reglas del juego. Por entonces, Porsche era una de las figuras industriales más influyentes del Tercer Reich y presidía la Comisión Panzer por orden directa de Adolf Hitler, con quien mantenía buena relación. 

Su misión era poner orden en el caótico desarrollo de los blindados alemanes con un tanque híbrido, un encargo perfecto para dar rienda suelta a sus obsesiones mecánicas... Pero lo que parecía una idea revolucionaria pronto se convirtió en un tremendo dolor de cabeza para el ejército alemán.

El Porsche Tiger y la guerra tecnológica de Ferdinand contra los ingenieros nazis

El primer intento serio de Porsche para crear el tanque híbrido definitivo fue el Type 100, conocido como VK 30.01: utilizaba dos motores V10 como generadores para dar energía a las orugas, ofreciendo una entrega de par total desde parado que permitía al monstruo salir de terrenos pantanosos con facilidad. El problema de disponer de tanta fuerza a bajas revoluciones obligaba a instalar complejos embragues deslizantes para evitar roturas si una oruga quedaba bloqueada en el brutal invierno soviético, añadiendo una fragilidad mecánica desesperante para los soldados.

Lejos de rendirse, Ferdinand redobló la apuesta con el VK 45.01(P), apodado “Porsche Tiger”: estaba convencido de que una transmisión mecánica tradicional se desintegraría bajo las 60 toneladas de peso del vehículo, así que diseñó una arquitectura eléctrica con motores de tracción independientes que rendían 230 kilovatios cada uno. Aquella locura técnica requería casi 940 kg de cobre por tanque, un recurso estratégico escasísimo que Alemania no podía derrochar.

Pero su eterno rival, la firma Henschel, presentó un diseño mucho más sensato con un motor Maybach V12 de 21,4 l y transmisión mecánica tradicional, ganando la competición para la producción en masa del mítico Tiger I. No obstante, la derrota del Porsche Tiger tuvo tanto de problema técnico como de lucha política dentro de la industria armamentística alemana: Porsche mantenía una fuerte rivalidad con Heinrich Kniepkamp y otros responsables de la Agencia de Armamento del Ejército, que defendían soluciones más convencionales para los blindados del Reich.

El Führer admiraba la innovación técnica y mantenía frecuentes reuniones con el ingeniero austríaco para discutir nuevos proyectos, pero el ejército alemán necesitaba soluciones prácticas más que experimentos tecnológicos. Aun así, los cerca de 90 chasis ya construidos no acabaron en el desguace: fueron transformados en los cazacarros Ferdinand, equipados con un poderoso cañón de 88 mm y un blindaje frontal de hasta 200 mm. 

En combate demostraron una capacidad destructiva extraordinaria, especialmente durante la batalla de Kursk, aunque siguieron arrastrando problemas mecánicos y logísticos derivados de su compleja concepción original. Paradójicamente, cuando la guerra empezó a torcerse para Alemania, el propio Porsche abandonó las ideas extravagantes y defendió copiar directamente el T-34 soviético por su robustez y sencillez. 

Era una postura muy distinta a la que había impulsado sus tanques híbridos, pero para entonces ya era demasiado tarde: el hombre que había intentado adelantar varias décadas la tecnología militar terminó descubriendo algo que la industria del automóvil sigue aprendiendo una y otra vez: cuando la complejidad se convierte en un problema, la mejor innovación suele ser la que funciona de la forma más sencilla posible.

Imágenes | Porsche, Professor Porsche’s Wars

En Motorpasión | 240 km/h en bicicleta y a rebufo de un Porsche 935: la historia real de un récord loquísimo de velocidad que acabó en tragedia

Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com

VER 0 Comentario