El parking más distópico y elegante del mundo está levantado sobre las ruinas de un monumental cine de los años 20

  • El Michigan Theatre fue uno de los cines más importantes de Detroit cuando era la capital del motor

  • A finales de los 70 se convirtió en un curioso y decadente párking de oficinas

Alejandra Otero

Detroit fue en la primera mitad del siglo XX una de las capitales económicas de EEUU: durante 50 años fue centro neurálgico de su industria del automóvil. Y fruto de aquella bonanza, nació el Michigan Building: un edificio de 13 pisos que albergaba el ornamental Michigan Theatre. 

Tiene una irónica historia detrás: se concibió justo donde Henry Ford tenía su pequeño garaje donde dio forma a su primer automóvil. Y del antes al después: hoy ese teatro es un aparcamiento de tres pisos. Un fascinante cuadro de ver: los coches aparcados bajo los lujosos techos en ruinas de lo que fue un templo de la cultura en Motor City.

Un templo del cine en Motor City

Detroit es hoy una ciudad marcada por décadas de declive: su fuerte industria del coche lo dejó de ser hace años. Aunque en los últimos tiempos se ha intentado regenerar, con proyectos como hacer renacer a DeLorean (DNG Motors que está intentando revivir Kat DeLorean, hija del fundador de la firma), sus cicatrices siguen muy presentes: infraestructuras reconvertidas, espacios urbanos abandonados o en ruinas, etc. Un ejemplo perfecto es el Michigan Building.

Un teatro monumental dentro de un edificio. Este inmueble se encuentra en la intersección de las avenidas Bagley y Cass, en pleno centro de Detroit. Con 13 pisos de altura, fue diseñado por el estudio de arquitectura Rapp & Rapp (capitaneado por los  renombrados arquitectos Cornelius W. y George L. Rapp). De estilo neorrenancentista, está revestido en ladrillo, con acentos en terracota y granito. Su fachada apenas ha cambiado desde que se construyó, aunque ha recibido trabajos de mantenimiento.

El Michigan Building costó 5 millones de dólares de la época, estuvo listo en 1925 y se inauguró en 1926. Acogía oficinas y bajos comerciales, pero su elemento estrella era el Michigan Theater: uno de los más grandes y lujosos cines de Detroit en aquellos años. De fastuoso estilo barroco, con capacidad para más de 4.000 espectadores, ocupaba gran parte de este edificio. Aunque esencialmente se proyectaban películas, también acogía conciertos o espectáculos en directo: los mismísimos Hermanos Marx actuaron allí.

Sala de conciertos en los 70. A mediados de los 60, los enormes cines como este Michigan Theater empezaron a dejar de ser rentables. La propietaria del edificio, United Detroit Theaters, vendió el teatro y la torre de oficinas el 1 de marzo de 1967, por mucho menos de lo que costó levantarlo más de 40 años después: 1,5 millones de dólares. A la última sesión solo asistieron unas 400 personas. "No hubo nada espectacular", se escribió entonces en el Detroit Free Press.

Hubo intentos de revivir el teatro en los años inmediatos a la venta del edificio, como teatro o como club nocturno (The Michigan Palace), pero fracasaron. Desde 1973, se usó como una sala de conciertos auspiciada por el promotor de rock Steven Glantz conservando ese nombre. Allí actuaron desde David Bowie a The Stooges pasando por Aerosmith. Duró hasta 1976, tras una disputa entre los propietarios del edificio y la promotora, por daños en el interior que ascendían a 175.000 dólares.

De teatro a párking: adiós espectadores, hola coches

Echado el cierre como sala de conciertos, el edificio de oficinas del que también era propietaria Bagley Associates seguía activo. Varias empresas lo tenían alquilado, entre ellas Charge Card Association. Todas clamaron por tener un aparcamiento para directivos y empleados, amenazando con irse a otro edificio si no se solucionaba. 

La primera idea fue demoler las dependencias que acogían el Michigan Theatre y levantar un párking. Pero, según determinaron varios estudios arquitectónicos, tirar abajo el teatro pondría en peligro la integridad estructural del Michigan Building. La solución fue pues usarlo como estacionamiento: vaciaron el interior del teatro, tiraron paredes e instalaron tres pisos de acero, creando las plantas del aparcamiento. Se mantuvo el techo ornamental, el arco del proscenio o la balconada superior. También partes del vestíbulo quedaron intactos.

El resultado fue un aparcamiento de 160 plazas tan singular como único: techos y paredes de estilo renacentista combinados con anodinas plantas de acero y hormigón. Se añade un regusto distópico, con escombros tirados por el suelo o elementos en ruinas, que no pudieron tirar abajo para que el edificio no se viniera abajo. Por ejemplo, las escaleras.

Durante más casi medio siglo, los coches de los empleados del edificio han ocupado un espacio donde antes se sentaban miles de espectadores. Su singular aire contracultural lo ha llevado a ser escenario de películas, como '8 Millas', el autobiográfico film protagonizado por Eminem, o 'La Isla'. Apenas se usa actualmente: el edificio solo está ocupado al 30 %, tras la compra de la inmobiliaria Boydell Development por 1 millón de dólares. Una buena metáfora de lo que es hoy Detroit tras dejar de ser el epicentro industrial del motor en EEUU.

Imágenes | Archivo / Detroiturbex

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