La presión en EEUU es tan fuerte que Nissan y Honda exploran una cooperación industrial inédita, centrada en híbridos, propulsión y producción local
El terremoto arancelario de Donald Trump está reconfigurando el mapa de la industria del motor en EEUU. Y entre quienes más lo sufren, están dos marcas que históricamente han dominado ese mercado: Nissan y Honda. Ambas arrastran un golpe multimillonario en sus cuentas y, según acaba de confirmar el CEO de Nissan, Iván Espinosa, van a volver a sentarse para hablar de una asociación que parecía enterrada.
Esta alianza ya estuvo a punto de hacerse realidad durante la crisis más dura de Nissan a finales del año pasado, pero no cuajó. Hoy, sin embargo, la presión de los aranceles y la necesidad de compartir tecnología para poder sobrevivir está empujando a estas dos marcas japonesas a poner fin a su rivalidad histórica por un bien común.
Un movimiento que vuelve del pasado, reescrito por los aranceles de EEUU
En una entrevista con Nikkei Asia, el CEO de Nissan, Iván Espinosa, ha confirmado que está en conversaciones con Honda. “Estamos hablando de cómo podemos colaborar en EEUU, incluida la complementación mutua de productos o el desarrollo conjunto de sistemas de propulsión”, explicó. Además, Espinosa ha recalcado que no se trataría de una fusión ni de compartir capital, sino de una cooperación industrial muy concreta.
Todo, a consecuencia de los aranceles de Trump. Japón ha logrado que Washington baje del 27,5 % al 15 % el impuesto para los coches nipones, pero la cifra sigue siendo seis veces más alta que la tarifa previa. Nissan estima que este golpe le restará 275.000 millones de yenes (unos 1.660 millones de euros al cambio) en su ejercicio fiscal.
Honda prevé un impacto aún mayor: 385.000 millones de yenes (unos 2.480 millones de euros). Con ese lastre, Nissan y Honda exploran fórmulas para reducir exportaciones, compartir desarrollos y aprovechar sus fábricas estadounidenses. Según Nikkei Asia, Nissan incluso ha estudiado producir pick-ups para Honda en Estados Unidos, donde la marca opera muy por debajo de su capacidad.
Hace apenas un año, Nissan entró en lo que sus propios directivos describían como un “modo de emergencia”: ventas a la baja, aplazamientos de modelos, recortes masivos y un plan para reducir su presencia industrial en medio mundo. A esto se sumaba la retirada progresiva de Renault de su capital, una salida que dejaba a Nissan sin el respaldo financiero de su socio histórico.
En ese contexto, Honda llegó a aparecer como un posible apoyo: se barajó que pudiera asumir parte de la participación francesa o convertirse en un socio estratégico de peso. Nada de eso ocurrió. Renault siguió adelgazando su presencia y Nissan logró estabilizarse a base de un plan de reestructuración que hoy sigue en marcha: 20.000 despidos, la reducción a 10 plantas y un drástico recorte de inversiones.
Una oportunidad que no cuajó… hasta ahora
Pero la foto global no ha mejorado demasiado. Nissan continúa perdiendo dinero en EEUU, mientras Honda sigue luchando con sus híbridos. En China vende en ocho meses lo que BYD coloca en un mes. Y en Europa depende casi al completo de Qashqai y Juke, con el Micra eléctrico aún en duda. Honda tampoco vive su mejor momento, y está compensando sus pérdidas con las ventas de motos.
Ambas marcas ya firmaron en 2024 un acuerdo sobre conectividad y software y los dos ejecutivos coinciden en que la colaboración actual es “constructiva y positiva”. Ahora podrían verse forzados a hacerla más estrecha.
En palabras del CEO de Nissan: “Estamos abiertos a cualquier cosa que aporte valor para nuestros accionistas y para la compañía”. Si Nissan y Honda consiguen formalizar esta asociación, la industria japonesa cerraría un círculo histórico: dos rivales irreconciliables durante décadas unidos por la presión de EEUU.
Imágenes | Honda, Nissan
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