Nadie quería un cañón sobre un camión, pero este se ha convertido en el azote de Rusia en Ucrania y EEUU lo mira con envidia

Caesar Disparando Ejercicio

Nació de una idea tan simple como incómoda, poner un cañón de artillería directamente sobre un camión. Hoy es la referencia mundial de la artillería autopropulsada.

Daniel Murias

Cuando la Guerra Fría terminó, Europa se desarmó de forma lenta pero continua. La industria militar francesa, como muchas otras, se quedó sin pedidos. Fue en ese vacío donde nació el Caesar (pronunciado césar) cañón que hoy Ucrania ha convertido en la pesadilla de los rusos y que Estados Unidos observa con envidia.

El Caesar no lo diseñó el Estado francés, lo ideó un ingeniero de Giat Industries, Philippe Girard, prácticamente a escondidas de la empresa. Con una idea sencilla, pero que las empresas públicas olvidan en época de bonanzas: hacer un cañón más barato.

El cañón que nadie quería

Promulgado al frente de la línea de artillería en 1988, Girard, que tenía también un MBA de la Wharton (la misma universidad en la que Elon Musk se sacó su MBA), miró el lado económico del asunto. Cómo vender más cañones cuando los países ya no los compran. Al mismo tiempo, la OTAN recomendaba equiparse en cañones de 52 calibres en lugar de 39 calibres. Es decir, pasar de cañones de 6 metros de largo con un alcance de 30 km a cañones de 8 metros de largo para alcances superiores a 40 km.

Vio que habría mercado y para el desarrollo partió de lo que ya tenían en la fábrica: el cañón TRF-1. Una pieza de 6 metros de largo sobre un remolque motorizado que se puede mover unos metros y tirado por un camión. Girard vio que el camión costaba lo mismo que el remolque. Entonces, ¿por qué no poner el cañón directamente sobre el camión? Es más barato y más pequeño y por tanto más fácil de transportar al teatro de operaciones.

Primera versión del cañón Caesar sobre camión Unimog.

Un cañón de artillería sobre un camión no es factible, decían. Los camiones con cañones existen desde la Primera Guerra Mundial, pero nunca con pesadas piezas de artillería porque los camiones sobre los que se montan no soportan el peso del cañón y aún menos el retroceso cuando dispara. Por eso en la empresa pública y el estado mayor no veían el interés. 

Para convencerles montó un cañón de 6 metros camuflado como uno de 8 metros en el camión para las pruebas. Funcionó, pero él y su equipo sabían que un cañón de 8 metros haría trizas el camión. 

Pero como era tan barato de hacer, consiguió camuflar en el presupuesto del desarrollo general el diseño de un sistema de amortiguación para el retroceso totalmente nuevo. Y nadie lo vio. El desarrollo lo coordinó después el ingeniero Pierre-André Moreau, considerado el verdadero padre técnico del sistema.

Caesar del ejército de tierra francés en Irak en 2018.

El concepto no tenía precedentes. Un tubo de más de ocho metros y 52 calibres, capaz de disparar a más de 40 kilómetros, acoplado a un vehículo todoterreno de menos de 18 toneladas (suelen ser Mercedes Unimog, Renault Sherpa 5 o Tatra 815), transportable entero en un Hércules C-130. Fue presentado en 1994 en Eurosatory bajo el nombre de Caesar, con la ortografía inglesa, pensando en la exportación. Pero ningún país lo compra. Ni siquiera Francia. 

La resistencia venía de dentro. Los artilleros llevaban dos décadas pensando en blindaje y orugas, y el CAESAR no encajaba en esa lógica. En el año 2000, el entonces ministro de Defensa acepta la compra de cinco unidades del Caesar. Las pruebas son concluyentes y finalmente, Francia adquiere 77 unidades más.

El espaldarazo real llegó con las guerras de principios de 2000, en Irak y Afganistán donde demostró su eficacia. Pero lo que convirtió al Caesar en fenómeno comercial fue la guerra en Ucrania

De donación a Ucrania a éxito comercial

Frente a los sistemas clásicos, de 40 o 50 toneladas y difíciles de proyectar fuera de Europa, el Caesar pesa entre 18 y 27 toneladas y se despliega con un equipo de cinco personas. Esa ligereza encaja con la doctrina del shoot and scoot, disparar y desplazarse antes de que el enemigo pueda confirmar la posición. 

Y sobre todo es muy, pero muy preciso. Y eso es una ventaja económica, sencillamente se necesita comprar menos munición. Ahí está la clave económica que explica su éxito frente a la amenaza de los drones. 

Un dron de ataque con alcance de 40 o 50 kilómetros, el radio de acción típico del Caesar, cuesta entre 30.000 y 40.000 dólares, y de cada cinco lanzados solo uno suele alcanzar su objetivo. Frente a un cañón de varios millones de euros que acierta casi siempre en el blanco, la ecuación de coste por impacto sigue siendo favorable a la artillería clásica.

Caesar 8x8 del ejército del aire ucraniano.

Según cifras de la propia KNDS, se han vendido 548 Caesar a doce países, aunque otros medios elevan la cifra hasta cerca de 800 si se cuentan los pedidos todavía no entregados. 

Francia ha encargado 109 unidades Mark II por 350 millones de euros, con entregas iniciadas en 2026, y contempla alcanzar 120 cañones en servicio hacia 2030 y 150 unidades en 2035. Ucrania, por su parte, ha recibido 154 unidades desde 2022, entre donaciones directas francesas y producción destinada específicamente a Kiev.

Ucrania, mientras tanto, ha desarrollado su propia versión, el Bogdana, y Israel cuenta con el Atmos. Ninguno de los dos ha logrado arrebatarle al CAESAR el título no oficial de referencia mundial de la artillería autopropulsada sobre ruedas, un estatus que treinta años atrás nadie, ni en el propio Ejército francés, estaba dispuesto a reconocerle.

Imágenes | Armée de Terre (Sgt Julien Hubert), Daniel Steger, US Army (Sgt. 1st Class Mikki Sprenkle), KNDS, Fuerzas aéreas de Ucrania

En Motorpasión | Un estudio lo confirma: los coches eléctricos llevan cinco años bajando de precio, mientras los de gasolina suben

Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com

VER 0 Comentario