Madrid tiene un problema con el tráfico, y se llama madridcentrismo. La solución: la M-70, un anillo gigantesco de 250 km

  • Un súper-anillo exterior concebido para conectar Ávila, Segovia, Guadalajara y Toledo 

  • El objetivo: rescatar el eje de la A-40 para descongestionar los atascos de la M-40 y la M-50

Irene Mendoza

Madrid tiene carreteras y circunvalaciones para aburrir: M-30, M-40, M-45, M-50… y, aun así, el tráfico sigue siendo el gran talón de Aquiles de la región. El problema es que el diseño radial de estas carreteras es una trampa que obliga a miles de conductores a atravesar la región incluso cuando su destino está en otra provincia, saturando unos enlaces que ya no dan más de sí.

Para romper este “efecto embudo”, en 2005 nació una idea ambiciosa: la M-70. Una supercircunvalación exterior concebida como un gran anillo para conectar Ávila, Segovia, Guadalajara y Toledo, sin tener que pasar por la capital. Sin embargo, la crisis de 2008 metió el proyecto en un cajón del que no había salido hasta ahora.

El renacer del Proyecto Pentágono: por qué la M-70 vuelve a ser clave

Esta infraestructura, también conocida técnicamente como ‘Proyecto Pentágono’ por la forma final que adoptaría esta autopista, ha recuperado su pulso poco a poco desde 2024. El detonante fue la aprobación del bypass de la autovía A-40 entre Toledo y Ocaña, una obra de 240 millones de euros. Según recoge La Razón, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, definió este tramo como el “embrión” de la futura M-70, recuperando un término que llevaba años desaparecido del debate político.

La idea inicial es aprovechar autovías que ya existen (como la AP-51 o la AP-61) y “cerrar los huecos que faltan” para completar una red poligonal, no construir una nueva autopista desde cero. Como explica el arquitecto Fernando Caballero Mendizábal en El Confidencial, esta orbital permitiría que la periferia de Madrid funcione de forma independiente. Algo vital para descongestionar el tráfico ahora que el modelo de movilidad ha cambiado y los desplazamientos entre municipios periféricos han superado a los del centro.

Sin embargo, para que la M-70 sea una realidad, aún hay que resolver puntos negros históricos, como el enlace entre Guadalajara y Tarancón (la famosa ‘Autovía de la Alcarria’), que sigue paralizado hace años. También falta por definir la conexión en el norte entre Segovia y la A-1, un tramo complejo que obligaría a redibujar el flujo de tráfico aprovechando la N-110 hacia Santo Tomé del Puerto para evitar, por fin, que el tráfico nacional dependa de los nudos críticos de Madrid.

Todo esto no puede levantarse a corto plazo, pero detrás del regreso del proyecto de la M-70 a la mesa hay una necesidad logística: Madrid ya no puede absorber más vehículos. Este proyecto representaría, por fin, el fin de la dictadura radial y el comienzo de una red más inteligente donde la capital deje de ser el paso previo obligatorio para llegar a cualquier parte.

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