Japón apostó fuerte por la energía nuclear. Ahora quiere batir todos los récords de la eólica con una ciudad de molinos flotantes en mitad del Pacífico

  • Tokio impulsa un parque eólico marino flotante de 1 GW para reducir su dependencia energética

  • Los aerogeneradores flotantes permitirán conquistar aguas profundas sin perforar el lecho marino

Irene Mendoza

Japón es un país de contrastes tecnológicos, pero también tiene una dependencia energética extrema. Para acabar con esa paradoja, el Gobierno Metropolitano de Tokio ha puesto sobre la mesa un plan, cuanto menos, ambicioso: construir la mayor central eólica flotante del planeta frente a las islas Izu capaz de alcanzar una capacidad de 1 gigavatio (GW). Una cifra comparable a la potencia nominal de un reactor nuclear.

El objetivo es llevar la energía tanto al archipiélago como al corazón de la capital japonesa, mediante cables submarinos de alta tensión. Pero reforzar el suministro de una de las mayores áreas urbanas del planeta no es fácil: para conseguirlo la gobernadora Yuriko Koike ya ha destinado unos 17 millones de dólares sólo para los estudios previos de viento y suelo submarino que arrancarán en los próximos meses.

Del papel al mar: el reto de multiplicar por diez la potencia actual

Una de las claves que hace único a su proyecto es que usa aerogeneradores flotantes. A diferencia de las turbinas offshore convencionales, fijadas al fondo marino, estas se apoyan sobre plataformas sujetas por anclas y líneas de amarre. Para Japón tiene todo el sentido, pues gran parte de sus costas alcanzan profundidades elevadas a poca distancia de tierra, lo que dificulta las cimentaciones tradicionales. Además, la instalación suele requerir menos intervención directa sobre el lecho marino.

El plan se concentra en cinco islas del archipiélago de Izu: Oshima, Niijima, Kozushima, Miyake-jima y Hachijō-jima, zonas conocidas por sus buenos vientos y situadas a unos 160 km de la capital. Según las cifras, la escala de este proyecto es algo abrumadora: en la actualidad, la mayor granja eólica flotante operativa está en Noruega y apenas alcanza los 100 megavatios.

Japón pretende multiplicar esa capacidad por diez, instalando entre 67 y 125 turbinas de última generación conectadas a la red mediante "arterias" de cables submarinos de alta tensión, lo que sería un despliegue sin precedentes que colocaría al país directamente a la vanguardia de la transición energética global, por delante de China.

El verdadero desafío no es levantarla, sino hacer que cuadren las cuentas

El calendario oficial apunta a 2035, pero en el sector hay dudas razonables. Los grandes parques eólicos marinos suelen necesitar más de una década entre permisos, estudios ambientales, fabricación, logística, instalación y conexión a red. Y Japón todavía no tiene la misma madurez industrial que algunos líderes europeos en eólica offshore.

También pesa una cuestión técnica importante: 1 GW de capacidad instalada no equivale a 1 GW constante, ya que la eólica marina suele trabajar con factores de carga cercanos al 40 %, mientras una central nuclear puede alcanzar niveles del 80 % o incluso 90 %. Es decir, la potencia máxima puede ser similar sobre el papel, pero la energía entregada a lo largo del año es muy distinta.

Por otra parte, la rentabilidad también es un problema. El aumento del precio de materiales, los costes financieros y la debilidad del yen ya han frenado inversiones recientes en proyectos similares. Tokio necesitará atraer capital privado a una tecnología prometedora, pero todavía en fase de consolidación comercial. Sólo el tiempo dirá si Japón consigue superar estos retos y, de paso, trazar un nuevo mapa para la movilidad y la energía del futuro.  

Imágenes | Unsplash, Getty

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