“Tienes que empaquetar tu propia mierda cada dos días”: lo peor de vivir en una camper, sin filtros de Instagram

  • Falta de intimidad, planificación constante e imprevistos diarios: la realidad de vivir en camper es mucho menos idílica

  • “No todo es libertad”: así es el día a día de la vanlife

Irene Mendoza

“Cuando sueñas con la vanlife nadie te cuenta que vas a estar empaquetando tu propia mierda cada dos días”, dice sin filtros la creadora de contenido Minimalistamente (Adri) en uno de sus vídeos más vistos de YouTube. Una frase que resume bien lo que descubrió tras un año viviendo en autocaravana: la realidad no tiene mucho que ver con la imagen perfecta que se vende en redes sociales.

Porque más allá de los atardeceres bonitos y la sensación de libertad, su experiencia pone sobre la mesa la cara B de vivir en una camper. Hay problemas, rutinas invisibles y pequeños conflictos diarios que cambian por completo la percepción de la vanlife cuando la vives de verdad, no cuando la imaginas.

Vivir en una camper no es idílico: falta de intimidad y fricción constante

La primera gran renuncia es la intimidad. “El día que te mudas a la furgo se acabó tu intimidad”, explica Adri. Vives en la calle, muchas veces en parkings o zonas urbanas, y por la noche “esto es como estar en un escaparate” si tienes la luz encendida. Y dentro tampoco hay escapatoria: menos, si te lanzas a vivir en camper en pareja y con su mascota como hizo ella.   

Todo ocurre en pocos metros: hablar, trabajar, discutir o simplemente existir. “No te puedes esconder”, resume. Esa convivencia constante pone a prueba cualquier relación, porque no hay espacios propios.

A esto se suma lo físico: tu casa se mueve, literalmente. El viento, los coches o cualquier gesto hacen que todo se tambalee. Dormir bien no siempre es fácil, y esa incomodidad diaria termina pesando más de lo que imaginas.

Todo requiere esfuerzo: moverte, planificar y sobrevivir al día a día

En una camper, nada es automático. “Moverse no es como coger un coche y ya”, cuenta. Antes de salir hay que recoger, asegurar y revisar bien todo, un proceso que puede llevar fácilmente 15 minutos si todo va bien. Es decir, hay que planificar un mínimo constantemente aunque puedas dejar cosas a la improvisación.

Dónde dormir, dónde llenar agua, vaciar depósitos o comprar comida es esencial. “Perdemos muchísimo tiempo planificando”, reconoce, porque siempre dependes de servicios básicos que no están garantizados. Eso te obliga a vivir en “modo búsqueda” permanente, incluso cuando estás a gusto en un sitio tienes que irte, ya sea por normativa o simplemente porque necesitas agua, vaciar o hacer la compra y no tienes nada a mano.

Fuente: Minimalistamente

La parte más dura no se ve: imprevistos, trabajo y desgaste mental

Otra parte que destaca Adri en el vídeo es que la rutina prácticamente no existe como tal. “Siempre pasa algo”: averías, cambios de clima o imprevistos que rompen cualquier intento de organización. Trabajar así añade otra capa de dificultad: sin espacio, con ruido y distracciones frecuentes es complicado. “No tengo un sitio donde poder concentrarme”, reconoce, algo clave para cualquiera que dependa del trabajo remoto. 

Fuente: Minimalistamente

Para ella, a largo plazo también pesa el contexto: la inseguridad, la sensación de estar siempre en terreno desconocido y, en algunos lugares, no sentirse bienvenido. “A veces tengo la sensación de que molestamos”, admite, en un entorno donde cada vez hay más campers pero no suficientes infraestructuras. Gracias a experiencias como la de Adri es cuando entiendes que vivir en una camper no es mejor ni peor, sino mucho más exigente de lo que parece.

Imágenes | Minimalistamente

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