
Una furgoneta de seis metros, entre 300 y 500 euros al mes y una filosofía basada en viajar despacio, gastar poco y aprender a vivir con lo imprescindible
Vivir en una camper no consiste necesariamente en recorrer cientos de kilómetros cada semana y Jesús es buen ejemplo de ello. En una entrevista con el creador de contenido detrás del canal de Crónicas Berasategui en YouTube, cuenta que para él la libertad está precisamente en lo contrario: poder parar, reducir gastos, estar en contacto con la naturaleza y vivir con menos.
Su actual furgoneta, bautizada como “India”, es el resultado de un año y medio de modificaciones para adaptar cada rincón a esa filosofía. Antes de llegar hasta ella hubo una caravana, otra camper llamada “Bambina” y una autocaravana bautizada como “Lulú”.
Cada una le sirvió para aprender algo diferente hasta terminar construyendo una casa sobre ruedas de unos seis metros en la que conviven cama, cocina, baño, almacenamiento, energía solar y hasta espacio para una bicicleta eléctrica. Y todo, con unos gastos muy contenidos.
India es una camper hecha a base de pequeños inventos
A simple vista “India” puede parecer una camper convencional, pero buena parte de lo que lleva encima responde a necesidades muy concretas. Así, Jesús ha instalado soportes modulares exteriores para transportar bicicletas, tablas de surf y otros accesorios, además de varios baúles de aluminio de tipo camionero que consiguió adaptar por mucho menos dinero que las soluciones específicas para campers.
También hay una tienda de techo que originalmente compró como experimento por unos 1.500 euros y que terminó encajando perfectamente en el conjunto. Esta, según cuenta, le permite disponer de una zona adicional para dormir o simplemente crear sombra. A esto se suma un toldo adaptado para proteger el espacio exterior, algo especialmente útil al viajar con su perro Zeus.
El interior sigue la misma filosofía práctica y minimalista: el asiento del conductor puede girarse para ampliar la zona habitable, mientras que la mesa fue diseñada expresamente para aprovechar el espacio disponible. Hay organizadores y bolsas adaptadas al milímetro para la ropa, una cocina completa, frigorífico, cama doble con sobrecolchón de látex y un pequeño baño que Jesús modificó para sustituir el inodoro químico por uno seco.
También cuenta con ventilación en el techo y diferentes soluciones para ganar privacidad y protegerse de los insectos, aunque uno de los detalles más curiosos está en la instalación eléctrica: “India” tiene un panel solar, pero Jesús añadió un conector exterior que permite sacar el panel y colocarlo al sol cuando la furgoneta está aparcada a la sombra.
Es una solución sencilla, pero resume bastante bien la filosofía de esta camper: no se trata de añadir equipamiento sin límite, sino de encontrar soluciones para los problemas que aparecen durante el viaje.
De una caravana en Filomena a una camper que ya siente como suya
La relación de Jesús con el caravaning comenzó con una caravana y una experiencia que podría haberle quitado las ganas para siempre. Como él mismo cuenta, viajó con ella durante el temporal Filomena hasta Cabo de Gata y allí tuvo que enfrentarse a problemas de maniobras, frío, falta de agua y hasta una batería descargada. Sin embargo, ocurrió justo lo contrario: aquella experiencia terminó enganchándole.
Después llegó “Bambina”, una Challenger sobre base Fiat Ducato de 6,40 m que compró prácticamente nueva, con unos 9.000 km. Más tarde llegó “Lulú”, con la que llegó a pasar aproximadamente cuatro meses viviendo de forma continuada en ruta. Fue precisamente aquella experiencia la que le permitió comprobar si podía acostumbrarse a una vida nómada: “La idea era probarme, ver qué significaba para mí, si era capaz, qué iba a sentir. Me encantó, me enganchó, no me cansaba”.
“India” representa el siguiente paso, pues aunque partió de un vehículo ya fabricado, Jesús ha dedicado alrededor de un año y medio a modificarlo y adaptarlo: “Yo le hice muchas modificaciones y todo lo que tiene complementado lo he fabricado yo. Han sido horas y horas durante un año, año y medio”. El resultado es una camper mucho más personal que la que salió originalmente de fábrica.
Vivir en una camper también puede cambiar la forma de gastar
Uno de los datos más llamativos de su experiencia son los números. Jesús calcula que puede vivir y viajar con India por “entre 300 y 500 euros al mes”, contando principalmente comida, gasóleo y gastos puntuales. “Yo me atrevería a decirte (y yo me permito muchas cosas) que pueden ser unos 300, 300 y poco”, insiste.
Para mantener esos gastos no se puede plantear el viaje como un cambio de destino continuo: “No puedes estar todo el rato ‘voy a este punto, voy al otro punto’. No es como irte de vacaciones”. Su estrategia pasa por buscar lugares donde pueda quedarse tranquilamente, reducir desplazamientos y controlar recursos como el combustible y el agua.
Cuando pasó unos cuatro meses viviendo en ruta con “Lulú”, Jesús recuerda que fueron precisamente los meses en los que menos dinero gastó: “Yo, la verdad, esos meses fue cuando menos gasté en mi vida”. La comida y el gasóleo eran los principales gastos, a los que se sumaban únicamente compras o actividades puntuales.
La comparación con una vivienda convencional es otra de las claves de su planteamiento. Al no existir alquiler y reducirse determinados gastos asociados a un piso, Jesús considera que el coste puede ser muy inferior: “Estoy ahorrando muchísimo en alquiler. Porque al final un piso tiene la comunidad, el IBI, la luz, el agua...”. Según su cálculo, “como mínimo un piso va a costar el doble de lo que sería vivir en un vehículo”.
Eso no significa que entrar en el mundo camper sea barato. Por ejemplo, “Bambina” le costó cerca de 50.000 euros cuando la compró, mientras que Jesús asegura que actualmente un vehículo similar “puede rondar los 80.000 euros”. Por eso también contempla que, si vuelve a construir otra camper en el futuro, pueda partir de una furgoneta y hacer él mismo buena parte de la transformación.
La camper como herramienta para aprender a vivir con menos
Más allá de las cifras y de los accesorios, la historia de “India” tiene otra lectura, ya que Jesús entiende la vida nómada como una forma de reducir el ruido de la vida cotidiana y prestar más atención a las necesidades reales. Cocinar, comprar únicamente lo necesario, levantarse con la luz natural o pasar tiempo en la naturaleza forman parte de ese cambio.
Viaja en Tribu
Además, el espacio limitado de la camper también obliga a replantearse el consumo. “Hay que ver, cuando vives en un cacharro de estos, en una camper, caravana y tal, lo conscientes que somos de lo poco que necesitamos”, explica. Para él, ese minimalismo no significa vivir sin comodidades, sino aprender a distinguir entre lo que realmente necesita y aquello que simplemente puede acumular.
Su experiencia más significativa fue precisamente durante uno de sus primeros viajes con “Bambina”, en Cabo de Gata. Al bajar hacia la playa durante una puesta de sol, recuerda que comenzó a llorar de felicidad: “Yo venía de periodos de depresión, ansiedad, etcétera, y había llorado por sufrir, pero no por ser feliz o por tener ese punto de alegría”. A partir de aquella experiencia empezó a entender el viaje de otra manera. Por eso, para él “India” no es sólo una camper personalizada.
Es la herramienta que Jesús ha utilizado para construir una forma de vida más sencilla y, ahora, para intentar compartirla con otras personas a través de su proyecto Viaja en Tribu. Su idea es tender un puente entre la vida convencional y la nómada, sin necesidad de abandonar definitivamente una para abrazar la otra. “Empecé a escucharme, a seguir mi instinto”, explica. Y esa en realidad, es la razón por la que lleva un año y medio perfeccionando su casa con ruedas: para él, es mucho más que un vehículo.
Imágenes | Crónicas Berasategui, Viaja en Tribu
En Motorpasión | Vivir en una camper parecía la forma barata de llevar la casa a cuestas. Juanma hace cuentas y dice que gasta más de 1.000 euros al mes
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