
Los protectores térmicos exteriores no son una manía de algunos campistas: reducen mucho más el calor que los parasoles colocados por dentro
Además, ayudan a mantener habitable el interior durante las olas de calor
Las primeras olas de calor siempre dejan la misma imagen en campings y áreas de autocaravanas: campers con enormes oscurecedores cubriendo el parabrisas por fuera. A primera vista parecen mal puestos e incluso incómodos, pues hay que colocarlos cada vez que se aparca y ocupan bastante espacio cuando llega el momento de guardarlos. Pero tienen una ventaja que va mucho más allá de la privacidad.
Y es que, pese a que la mayoría de conductores sigue utilizando el clásico parasol reflectante por dentro del parabrisas, los usuarios de autocaravanas y campers más veteranos llevan años apostando por la solución contraria. No es casualidad: cuando el vehículo también es el lugar donde se cocina, se descansa y se duerme, cada grado de temperatura cuenta.
La explicación de por qué las autocaravanas lo hacen diferente
Lo acaba de confirmar la ciencia: los expertos del ADAC, el mayor club automovilístico de Europa, comprobaron en una serie de pruebas realizadas con varios vehículos estacionados al sol, que una protección reflectante colocada por fuera del parabrisas resulta claramente más eficaz que la misma protección instalada por dentro.
Así, los resultados, ha puesto cifras a algo que muchos viajeros ya conocían por experiencia… Sin protección, la temperatura interior alcanzó los 59,1 °C tras una hora y media al sol, mientras que cuando se utilizó un parasol reflectante exterior, el habitáculo se quedó en unos 45 °C. Con el mismo protector colocado por dentro, la temperatura ascendió hasta los 49 °C.
¿Por qué esa diferencia? La respuesta está en la física: cuando el reflector se coloca dentro del vehículo, la radiación solar ya ha atravesado el cristal. El parabrisas se calienta, también lo hace el aire atrapado entre el cristal y el parasol, y parte de esa energía termina entrando igualmente en el habitáculo. En cambio, cuando la protección está situada en el exterior, una gran parte de la radiación rebota antes de atravesar el vidrio. De esta forma, el cristal permanece más frío y se reduce significativamente el efecto invernadero.
Cuando el vehículo también es tu dormitorio cada grado cuenta
En un turismo convencional, la diferencia suele notarse al volver al coche y evitar que el volante o el salpicadero estén ardiendo; pero en una autocaravana o una furgoneta camper, el impacto va mucho más allá. Menos calor acumulado durante el día significa más confort cuando llega la noche, menos trabajo para ventiladores, claraboyas o aire acondicionado (y, por ende, menos consumo) y una temperatura más llevadera en el interior.
De hecho, el propio ADAC comprobó que la solución más eficaz de todas consistía en cubrir desde el exterior la mayor superficie acristalada posible mediante una funda parcial, conocida como “medio garaje”. Con este sistema logró reducir la temperatura interior en unos diez grados respecto a un vehículo sin protección.
La investigación también dejó otra conclusión interesante: las lunas tintadas apenas reducen la temperatura interior en unos dos grados, mientras que cubrir las superficies expuestas al sol puede marcar una gran diferencia. Según los expertos alemanes, el volante y el salpicadero pueden superar los 70 °C en pleno verano, pero una simple toalla o cualquier elemento de sombreado puede rebajar su temperatura hasta 26 °C.
Por eso los aparatosos oscurecedores exteriores que se ven cada verano en las autocaravanas son, simplemente, uno de los trucos más eficaces de impedir que el calor entre en el vehículo antes de que sea demasiado tarde.
Imágenes | Unsplash, ADAC, Reimo
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