Cada vez más gente vive en una furgoneta camper o autocaravana: "Para mi es como una terapia, un proceso de sanación"

El mundo camper ha ido ganando cada vez más adeptos. Encontramos en 2019 el mejor año para las ventas de estos vehículos recreacionales, cuando se vendieron más de 5.300 unidades en España; este año hay menos ventas pero mucha demanda -sobre todo en modelos de ocasión- de unos vehículos que si bien son muy populares en periodos vacacionales, cada vez lo son más como opción de vivienda permanente.

Entre las razones de elegir una caravana, furgoneta o autocaravana como hogar encontramos desde problemas habitacionales (alquileres por las nubes y bajos salarios) hasta decisiones basadas en la libertad que ofrecen, pasando por encontrar en la vida camper una bonita forma de terapia.

Álex, Alba y su perrito: un sueño cumplido y con la vista puesta en Sudamérica

Alba, Álex (ambos de 30 años) y su perrito Doctor llevan más de un año viviendo en su furgoneta. Se conocieron en la pandemia, y tras pasar mucho tiempo juntos decidieron irse a vivir a un piso de alquiler.

"A los pocos meses entramos en la monotonía y además vimos la cantidad de dinero que teníamos que desembolsar en gastos", explica a Motorpasión Álex.

Fue Alba quien tenía en la cabeza desde hacía tiempo vivir en una furgoneta, y la que se estuvo empapando de la vida camper. Así, dieron el paso junto a su perro Doctor, y se compraron una furgoneta de 2006 que les costó 5.000 euros.

"Estuvimos cuatro meses camperizando nosotros mismos la furgo; empezamos en agosto de 2021. Es un proceso que requiere de ingenio y sentido común, sobre todo si no eres un manitas", reconoce.

En total, gastaron 12.000 euros en camperizarla, más los 5.000 euros que les costó la furgoneta (una L2, de 5,5 metros). A eso hubo que añadirle otros 5.000 euros en reparaciones.

Una vez terminaron de convertirla en su hogar (sin olvidar que es necesario un proyecto de reforma firmado por un ingeniero), pasaron por la ITV para homologarla y la estrenaron oficialmente en marzo de 2022.

"Cada vez se ve una persecución mayor hacia este tipo de vehículos, es bastante desalentador".

"Nuestro lugar de residencia ha ido variando por cuestiones de trabajo", detalla Álex. Han vivido por la zona de Mataró, por la zona de El Maresme, por pueblos de la zona... Ahora están en Tarrasa, al norte de Barcelona.

En cuanto al estacionamiento, si bien nos cuenta que no han tenido muchos problemas ya que buscan lugares apartados en la naturaleza, considera que "cada vez se ve una persecución mayor hacia este tipo de vehículos". Reconoce que "es bastante desalentador".

Hay muchas zonas de costa, explica, como la Costa Brava o el País Vasco donde te limitan por altura o por longitud, o directamente prohíben  el aparcamiento de estos vehículos aunque no se trate de lugares a pie de playa y aunque no vayas a acampar.

Al final, los municipios crean sus propias ordenanzas para restringir el aparcamiento de estos vehículos. En España, si se despliega cualquier elemento que sobrepase las medidas de la autocaravana o furgoneta, se considera acampar.

En este sentido, la reciente actualización de la DGT de la instrucción 08/V-74 incorpora una diferenciación expresa entre estacionar y acampar estos vehículos, y trata que evitar sanciones a los usuarios sobre todo en los meses de verano.

Por ello Álex y Alba decidieron poner ventanas correderas, ya que hasta una ventana batiente puede suponer motivo de sanción si el vehículo no se encuentra estacionado en un camping o lugar designado a la acampada.

En cuanto a la vida dentro de una furgoneta, decidieron no dedicarle espacio a la ducha para priorizar otros elementos: "Tenemos una cama muy grande, un par de encimeras, un fogón portátil y un sofá con mesa plegable, un váter seco y bombonas de camping gas".

¿Y cómo lo hacen para ducharse? Un grifo extensible les permite hacerlo fuera cuando las condiciones lo permiten, y cuentan además con un cambiador de dos metros de altura y un calentador portátil. En invierno utilizan una piscina plegable y se asean en el interior de la furgo.

"Una cosa que teníamos muy clara era que queríamos ser capaces de producir nuestra propia electricidad, así que a la hora de diseñar el techo decidimos poner una claraboya delante y otra detrás e instalar la placa solar más grande posible en medio", detalla Álex.

Lo cierto es que pasar de un piso a un espacio reducido como es una furgoneta requiere de cierta organización, aunque a estos dos aventureros no les hizo falta mucho tiempo logarlo: "A las pocas semanas te acostumbras a vivir en ese espacio y a convivir, le acabas cogiendo el truco", asegura.

En cuanto a gastos se refiere, Álex lo tiene claro: aunque haya que hacer algunas reparaciones costosas y llenar el depósito, no es nada en comparación a lo que pagarían por un alquiler.

Actualmente acuden a su lugar de trabajo, aunque su objetivo a medio-largo plazo es poder teletrabajar -algo que reconoce que no es fácil-, y poder llevar un vida nómada mientras desarrollan sus carreras.

La gran ilusión de Alba sería ir a Sudamérica. "Si lo lográramos, venderíamos este vehículo y nos compraríamos un camión para camperizarlo allí", nos cuenta.

Mientras tanto, Doctor sigue siendo un perrito feliz.

Carlos, 53 años: la vida camper como terapia

Carlos vive en una furgoneta camperizada desde el 1 de enero de 2021. Una mala experiencia en el trabajo como socio de su empresa y el agotamiento que le supuso fueron los desencadenantes de que tomara la drástica decisión de dejar su trabajo, su casa y llevar una vida nómada.

Para él, este tipo de vida es la terapia que necesita para salir del círculo en el que se encontraba, y reconoce que está "en un proceso de sanación".

Carlos no vive instalado en ningún lugar, ni planifica especialmente sus viajes: se queda como máximo dos días en el mismo lugar, y recorre carreteras secundarias que le permiten explorar los pueblos que se va encontrando en su camino.

A través de su blog documenta los viajes y las rutas que hace, sobre todo por la nieve.

Y es que una de sus mayores aficiones es esquiar, y la vida en furgoneta le permite probar pistas de forma asidua y de lugares dispares. Y sobre todo a crearse una rutina que impida que se quede 'encerrado' en la furgo, uno de sus temores.

"Estoy en un proceso de sanación".

"Mucha gente me pregunta si no me da miedo dormir solo por ahí, pero solo hay que ser prudente. Lo mismo que te puede pasar en la furgoneta te puede pasar en un piso". Nunca ha tenido problemas ni con robos, ni con la policía ni con la gente.

Para ello Carlos evita ciudades grandes y se decanta por pueblos pequeños donde "todavía no te cierran las puertas". ¿Y en cuanto a gastos? Según nos cuenta, su media de gasto no suele bajar de los 600 euros al mes.

Si bien Carlos cree que cada vez hay más áreas de autocaravanas en España donde les facilitan coger agua y vaciar aguas de los depósitos, considera que faltan.

Según datos del portal de áreas de autocaravana AreasAc, en 2022 se han superado los 1.000 establecimientos específicos para autocaravanas, con un total de 1.027 lugares, teniendo en cuenta las áreas municipales (60%), las áreas privadas (15%), los parkings específicos (14%) y las áreas de servicio en ruta (11%) que ofrecen muchas estaciones de servicio.

Sin embargo, solo significa un aumento del 8,7 % respecto a los datos de hace dos años, momento en el que fue aprobada la Proposición no de Ley para fomentar la creación de espacios específicos para autocaravanas.

Nos quedamos así muy lejos de países como Francia, que cuenta con 6.000 áreas existentes, cerca de 5.000 que encontramos en Alemania, e incluso de las 4.000 áreas de Italia.

En cuanto a sus planes a medio plazo, Carlos nos lo deja claro, no tiene prisa, ni sabe qué rumbo laboral tomará: "No hago planes. No sé que haré este invierno".

Carmen, 58 años: "Me he acostumbrado a la libertad. Explorar territorio sin que resulte excesivamente caro"

A Carmen (nombre ficticio), hace tiempo que le picó el gusanillo de cambiar de aires y sobre todo, de ver mundo sin atarse. Así que decidió comprarse una autocaravana y empezar a vivir en ella en la comarca de El Maresme, en Barcelona, a principios de mayo del año pasado.

"De lunes a jueves tengo que estar aquí por cuestiones laborales, pero los fines de semana me voy a donde me apetece", explica preguntada por Motorpasión. Suele elegir sitios tranquilos donde hay otros autocaravanistas siempre que puede, aunque en días laborales aparca sola; en verano donde haya sombra.

Esta autocaravanista no tiene un lugar fijo donde quedarse; unas veces lo hace en parajes naturales, otras en áreas de servicio. Al vivir en la costa, suele tener problemas para estacionar: "A veces te echan de los sitios".

Es precisamente a raíz de este obstáculo -pues estacionar no es lo mismo que acampar- que han nacido asociaciones de caravanistas como es Catalunya Acavança.

Desde aquí luchan por que los conductores de autocaravanas y furgonetas camper sean tratados como el resto de los conductores de vehículos y, en consecuencia, no sean discriminados y puedan aparcar en la vía pública. Sin embargo, las dispares normativas municipales hacen que muchos de ellos sean expulsados de sus lugares de estacionamiento solo por tratarse de vehículos recreacionales, como ya hemos visto.

"Estos derechos que tenemos como conductores están desarrollados en la instrucción 08 V-74 del código de circulación y como directriz de obligado cumplimiento para todas las fuerzas de seguridad. Por el contrario, determinados municipios lo incumplen impunemente en sus ordenanzas municipales y con señalización alegal e inexistente en el catálogo de señales de la DGT", aclara a Motorpasión Jesús, miembro del equipo directivo de Acavança.

En este sentido, Carmen nos cuenta que no puede ni abrir una ventana batiente porque se considera acampada. En verano, la compañía de un ventilador y de amigos con los que ir a tomar algo hace que el calor sea más llevadero. "Intento estar fuera de la autocaravana en las horas más difíciles de calor", relata.

Pero la ley es clara: si el vehículo se encuentra con el motor parado, solo está en contacto con el suelo a través de las ruedas, no ocupa más superficie que la que ocupa cerrado y no emite ningún tipo de fluido o ruidos al exterior, no se considera acampar, independientemente de si se hace vida o no en su interior.

En cuanto al tema del espacio, Carmen es una mujer práctica y no se sintió agobiada, aunque el cambio de un piso a una autocaravana requiere de cierta técnica y disciplina:

"Claro que es un cambio grande, sobre todo el tema de llenar y vaciar las aguas. Antes solo tenía una placa solar muy pequeña ahora tengo dos y no tengo problemas de conexión (no tengo aire acondicionado). Claro que hay que vigilar el consumo de la luz".

Lo cierto es que una vez acostumbrada a llevar un vida nómada, Carmen no sabe si podrá hacerse a vivir de forma permanente en ese pueblo que anda buscando.

"Me he acostumbrado a la libertad, explorar territorio sin que resulte excesivamente caro", confiesa.

David, 26 años, una caravana y el objetivo de tener su propio terreno

David (nombre ficticio), tiene 26 años. Empezó en 2020 a vivir en una autocaravana en un polígono en Alcorcón, ya que tenía un trabajo fijo. "Empecé viviendo en la calle más tranquila en los alrededores de mi empresa", explica a Motorpasión.

El precio desorbitado de los alquileres en la Comunidad de Madrid, el tamaño de las habitaciones que alquilan y la naturaleza de su trabajo como artista le hicieron decidir invertir en una vieja autocaravana considerada vehículo histórico que le costó 6.000 euros.

Según datos de enAlquiler, el precio medio de la vivienda en alquiler en Madrid fue de 1.952 euros mensuales en junio, lo que supone un aumento del 2,31 % respecto al mes anterior y 260 euros más que hace un año.

Gráfico: enAlquiler.

En territorios en los que existen problemas habitacionales impulsados por los altos precios, bajos salarios y la temporalidad de los trabajos -sobre todo del sector de la hostelería-, como es el caso de Palma de Mallorca, esta cifra sube hasta los 2.661 euros al mes.

De hecho, Baleares, Madrid y Cataluña con las CCAA donde alquilar sale más caro y donde cada vez más personas de vez obligadas a vivir en sus vehículos.

Para acondicionar el vehículo, que cumplió 42 años el año pasado, David pasó un verano entero reformándolo: "Tenía muchos problemas. Invertí unos 1.000 euros en hacerla habitable; lo hice yo con algo de ayuda", detalla.

Haciendo cuentas a partir de los desorbitados precios del alquiler de una vivienda, considera que a partir de los dos años está amortizada. El mayor gasto era el gasoil, a parte de la ITV, el seguro obligatorio, el mantenimiento...

Durante su experiencia en la autocaravana, ha tenido algún que otro problema en vacaciones al aparcar en zonas donde no se debía. También ha sufrido un robo, aunque afortunadamente solo se llevaron unas mochilas con ropa.

Después de vivir en su vehículo, tuvo que cambiarlo por una caravana de remolque asentada en una finca privada para evitar los gastos que tenía que pagar (la caravana no pasa la ITV por ser de menos de 750 kg).

Las baterías, una placa solar y un inversor aseguran la electricidad, mientras que la gestión de agua es de la finca.

David se ha hecho a la vida en su caravana, y reconoce que es más fácil tener hobbies -como la bici- si cuentas con el espacio que ofrece un terreno: "No tengo problema en vivir en un espacio reducido más allá del espacio de almacenamiento, algo que se facilita si vives en una finca", reconoce a Motorpasión.

Preguntado por la correspondencia y los avisos, nos cuenta le llega a casa de sus padres, ya que le resulta más cómodo. Según lo establecido en el BOE-A-2020-4784, las infraviviendas, que incluyen caravanas, pueden ser consideradas como domicilios válidos en el padrón. La ley menciona que el dueño o dueña debe poder recibir notificaciones en esa dirección, aunque la cosa se complica cuando se decide estar en constante movimiento.

Respecto a sus planes de futuro, David busca asentarse en su caravana. "Ahora me gustaría comprar mi propia finca, dado el panorama inmobiliario actual", nos cuenta.

Al final, la vida camper va mucho más allá de imágenes con filtros en Instagram. Es una forma de vida que eligen personas con mucho mundo interior, y muchas ganas de conocer mundo.

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