Resumen WRC 2011: Kimi Räikkönen, gracias por dos años de publicidad y adiós

Estábamos en el verano de 2009 cuando conocíamos la noticia de la participación del proclamado en 2007 como Campeón del Mundo de Fórmula 1 en el Rally de Finlandia. En aquel momento una buena actuación entre los S2000 nos destapó a un Kimi Räikkönen que amaba los rallyes y que desde luego parecía que no se le daban nada mal.

Sin puesto en el gran circo y cansado ya del glamour y foco de ese mundo, decidió pasarse al WRC y probar suerte a los mandos del mejor coche de rallyes de los últimos años, el Citroën C4. Delante de él tenía una temporada 2010 que se planteaba como un año de aprendizaje de lo que es una categoría muy distinta a los circuitos y monoplazas.

Tocaba adaptarse a todo. A las notas del copiloto, a las diferentes superficies, a los reconocimientos y a controlar el ritmo con los splits. El salto era muy grande, pero todo el mundo confiaba en el talento natural de Iceman para poder adaptarse a este nuevo proyecto. Mientras tanto los aficionados a los rallyes veíamos la llegada de Räikkönen (junto a la de Block) como un claro en medio de la tormenta.

Un campeón del mundo siempre es un gran foco de atracción, pero en el caso de Kimi esto se multiplica por dos o tres debido al extraño misticismo que le rodea siempre. Su primera temporada comenzaba con un par de salidas tontas en Suecia, difícil terreno para debutar, y México, en la que fuerte accidente ponía a prueba el amor de Räikkönen por los rallyes.

El segundo piloto del Citroën Junior Team se plantaba en Turquía (prueba que estrenaba nuevas especiales en su recorrido) en prácticamente igualdad de condiciones que el resto de rivales. Acompañado de los sabios consejos de su experimentado copiloto, Kaj Lindstrom, ex de Tommi Makkinen, terminaba en el que a la postre es su mejor resultado en el WRC, un quinto puesto que nos dejaba a todos bastantes asombrados.

Sin embargo, de ahí al final de la temporada algo hacia clic en su cabeza y su único resultado destacable era el scracth conseguido en la superespecial de Trier, último tramo del Rally de Alemania. El asfalto no iba a ser mucho más generoso con Kimi y menos aún con errores como los accidentes sufridos en el Rally de Bulgaria (en el que hizo todavía unos cronos interesantes), el del shakedown del Catalunya o incluso el de la superespecial de Japón.

El 2010 dejaba paso a su segunda temporada en el Mundial de Rallyes, y esta vez con nuevos coches se esperaba ver la mejor versión de Kimi. Nada más lejos de la realidad. En 2011 hemos visto la verdadera cara de Kimi. Un piloto que realmente no sabe lo que quiere, que se cansa muy pronto de lo que tiene y que al primer problema baja los brazos y cambia de rumbo.

El despotismo mostrado por Räikkönen lo hemos podido ver en grandes cantidades. Pocas han sido las ocasiones en la que el finlandés ha decidido detenerse ante los micrófonos de los periodistas del Mundial (muchos menos que los que tenía que soportar en la Fórmula 1) y cuando lo ha hecho ha sacado su lado más huraño e introvertido.

Hemos visto claros ejemplos de ello en rallyes como Alsacia, donde tras una salida de pista mientras calentaba las ruedas en un enlace, cogía las maletas y se volvía a su país natal sin que se conocieran las verdaderas razones del accidente y con la posibilidad de poder reincorporarse al día siguiente por medio del super-rally. En resumen, tras dos temporadas sólo podemos destacar un quinto puesto y un scratch. Dos años que el WRC ha agradecido su tirón mediático, pero que tal vez no haya sido devuelto con el interés y dedicación que se merecía. Gracias por la publicidad, pero adiós.

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