Las 24 Horas de Lucas Ordoñez


Las 24 horas más largas de mi vida empezaron el jueves a mediodía y terminaron el lunes por la noche, cuando conseguí regresar a casa después de haber asistido, por primera y espero que no última vez, a las 24 Horas de Le Mans 2011. Llegué allí Mans con muchas ganas de ver el ambniente que rodea a una de las competiciones más legendarias del automovilismo, con muchas ganas de conocer los entresijos de la prueba, reconocer los puntos más famosos del lugar y cruzarme con los pilotos que se repartían por el paddock, los hospitality, el centro de Le Mans cuando asistimos al driver’s parade y mucho, mucho más.

Llegué también pensando en qué me iba a encontrar cuando conociese a Lucas Ordoñez y en los pocos minutos que presumiblemente íbamos a tener dentro del programa de actividades de Nissan para todo el fin de semana, y la valoración global es que Lucas no es cualquier novato, es un piloto que está en formación contínua (como todos, pero no tiene la veteranía o experiencia de sus compañeros de equipo, claramente), y además está en ese momento en el que es muy accesible, muy sincero, y un tipo muy agradable. Es el mejor momento para conocer un piloto.


Para hacer un poco de recopilación inicial, rápidamente, y aclarar algunas cosas, Lucas Ordoñez viene de una familia vinculada al mundo de la competición, tenía experiencia previa en el karting, y la experiencia de la GT Academy ha sido decisiva para llegar donde está hoy, pero no ha sido el motivo principal de que tengamos un piloto ya confirmado, un hombre que ha competido en las 24 horas de Le Mans en el año del regreso de Nissan y que ha sabido llevar bien la presión, con serenidad, con buen hacer, con una presencia exquisita con los periodistas, los invitados… y que además supera con nota sus turnos de conducción, tanto el primero de las seis de la tarde aproximadamente, como el siempre peliagudo tramo nocturno y el no menos complicado turno de la mañana. Lo que tenemos es una combinación de talento, profesionalidad y además manos con la consola que ha dado lugar a un fenómeno.

Comida en el Auberge des Hunaudieres. Viernes a mediodía



Llegamos en el shuttle (autobús en cristiano, pero queda muy profesional decir shuttle) al pintoresco Auberge des Hunaudieres, un restaurante en plena recta del mismo nombre, entre las dos chicanes que cortan velocidades y hacen, presumiblemente, menos peligrosa la carrera de las 24 Horas. Un sitio bonito, con muchos recuerdos de las hazañas de antes y con escasos dos metros entre la fachada y la pista. Y un sitio donde se dan cita los coches más espectaculares tanto en el aparcamiento como de paseo por esa parte del circuito.

Allí comimos mientras esperábamos que llegase Lucas y se uniese con nosotros, no a comer ni a beber vino, si no a conversar un rato ya que después teníamos que ir al Driver’s Parade en Le Mans y todos teníamos que prepararnos: unos para coger buen sitio y otro para vestirse de piloto. Mi primera impresión al verlo fue la de sencillez, ganas de correr y mucha cabeza. La procesión iría por dentro, pero en ese rato que compartimos lo vi distendido, con ganas de responder a preguntas que seguramente ya le han hecho, y también con ganas controladas de que se terminase todo el tema previo, de que ya no hubiese muchos más actos “del equipo”, de ponerse el mono de correr y salir a la pista.

En ese rato pude preguntarle por las mayores dificultades que veía de cara a la carrera, y las dos como no fueron directamente mantener la concentración y no tener ningún problema de noche con el tráfico. Lo tuvo clarísimo, de noche hay que ir con mil ojos, sabían la horquilla de ritmo ideal para terminar en una buena posición, y el resto es historia. Pero en ese momento es curioso recordar que Lucas estaba más preocupado de no distraerse al volante yendo a ritmos “lentos”. Lo entrecomillo porque no dijo exactamente lentos, y tampoco lo fueron, pero si un porcetnaje sensible con respecto a lo que sería una carrera al sprint. Decía que en las rectas largas había que hablar por radio, mover la cabeza, moverse en general pero no permitir que la mente se distrajese en cualquier otro pensamiento. Ya parece difícil desde fuera, pero si te lo dice un piloto empiezas a creerte más el tema, y comprobar lo realmente complicadas que son las 24 Horas. Imaginemos cómo era cuando la recta era recta de verdad.

En el Driver’s Parade, centro de Le Mans. Viernes por la tarde


El Driver´s Parade es un evento interesante como espectador porque en Le Mans todo lo es. Es decir, estamos en una de las cunas de la competición del automóvil, hay infinitos clubes de seguidores, los iconos y recuerdos de ls pasadas ediciones de las 24 horas de Le Mans se encuentran en cada esquina y además el entorno es propicio por la cantidad de espectadores, eventos especiales programados, y un largo etcétera.

Era el momento de disfrutar más que de preguntar, pero de nuevo vimos a Lucas, ya uniformado y blanco de los micros. Eso sí, un poco más arriba se encontraban los ex de f1, los pilotos de LMP1 y claro, entre ellos los pilotos Peugeot y Audi. Casi nada. Por tanto pudimos estar un poco con él, preguntándole quizás demasiadas veces qué tal lo llevaba, y mientras una de nuestras teles nacionales lo entrevistaba, hacer unas cuantas fotos y comprobar que realmente está preparado para ser el profesional que es. Lo digo en serio, sorprende la profesionalidad de alguien que como quien dice, acaba de llegar. Siempre con una sonrisa, un hueco para hacerse una foto, transmitiendo emoción pero no prisas, si no mucha madurez. Arranca el Driver’s Parade y tiroteamos con la cámara a todo lo que por allí se mueve. Pronto todo termina porque el paseíllo sigue por la ciudad y ya perdemos a Lucas, así que nos vamos a cenar, a distraernos un poco y de vuelta al circuito, a descansar para el gran día.

Arrancan las 24 Horas de Le Mans, empieza el desafío

La salida de las 24 Horas de Le Mans es uno de los eventos más impresionantes que he tenido el gusto de ver. La puesta en escena ayuda, las gradas y tribunas repletas de gente ayuda más, y la parafernalia de todo el procedimiento con una recreación del antiguo tipo de salida incluida. En ese momento se masca la tensión en todas partes, mientras los curiosos y afortunados poseedores de un pase que no cayó en nuestras manos se lían a hacer fotos y pedir autógrafos, y con los mecánicos esquivando “boyas” en medio de su trabajo.

Lucas no saldría a pista hasta el primer cambio de piloto, es el segundo del equipo en esta carrera, así que en esos momentos debe estar mordiéndose las uñas, pero siempre en la pista para todo lo que sea necesario. El primer turno que le toca lo resuelve bastante bien, aunque al llegar a la noche se encuentran a bastante distancia de la posición objetivo. La carrera parece cuesta arriba pero la distancia perdida se puede recuperar cuando caiga la noche, con la pista más fría y en principio condiciones más favorables para el Nissan que para sus competidores. Pero al caer la noche se produce el impresionante accidente de Rockenfeller, que al destrozar el Audi en ese impacto potentísimo provoca que el SC salga durante unas cuantas vueltas… hasta las 00:45 horas. En fin, más emoción imposible, y también aumentaba la tensión mientras pasaban las vueltas a ritmo controlado.

La tanda de la noche y la de la mañana mejoran cada una más que la anterior, y en un último turno que se veía muy, muy bueno, Lucas deja el coche y al equipo bien colocado para que Mailleux firme una remontada espectacular hacia un podium muy posible, pero siempre hacia la victoria. Parecía en la mano del equipo cuando el primer clasificado del LMP2 (otro Nissan por cierto, del Zytek Nissan) se salía de pista y era remolcado, pero pudo volver a correr y la distancia se redujo un poco. También hay que decir que el dramatismo que siguió fue el mejor contrapunto al desenlace de la historia. Un pinchazo (otro más) nos dejaba en vilo al ver cómo el Nissan del Signatech tenía todo el circuito por delante para llegar a boxes y cambiar neumáticos. Aún más tensión se vivió cuando Mailleux paró el coche en la cuneta y se ponía a trastear en los pontones de entrada de aire. Nada grave, el coche se sobrecalentaba y solo estaba quitando todo el material posible para permitir entrar más aire y refrigerar.


Finalmente, Kimber Smith cruza la meta con siete vueltas de ventaja sobre Mailleux. Es la hora de la celebración y en el pitlane la alegría se desata. No es para menos, un equipo nuevo, que trae a Nissan de nuevo a Le Mans y con un debutante en la carrera como es Lucas Ordoñez, lograba un segundo puesto que sabe muy bien. Y bien que se ha trabajado, ¡y disfrutado!

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