Ferrari se la jugó a una carta

Y le salió mal. Es uno de los hechos del GP de Malasia dignos de mención. Cuando la llegada de la tormenta era inminente, pero la exactitud de adivinar el momento exacto en el que hiciera acto de presencia brillaba por su ausencia en todos los equipos, Ferrari se lanzó a por todas. Acertar y triunfar o fallar y fracasar estrepitosamente. Así con las primeras gotas de lluvia que empezaban a caer en algunas zonas del circuito, pero con la gran parte del circuito aún seco, se arriesgaron a cambiarle a Kimi Raikkonen los slicks por los neumáticos de lluvia extrema. Por ese momento, el finlandés rodaba en una buena cuarta plaza.

Se me vino a la cabeza la carrera de Silverstone del año pasado, cuando una decisión similar en el momento justo, llevó a Rubens Barrichello al podio. Si la tormenta llega a descargar en ese momento o muy poco después, la jugada a Ferrari le habría salido redonda, con el resto de rivales entrando casi a la vez a montar gomas y realizar parada, mientras Kimi Raikkonen ganara terreno en pista. Pero no ha sido así, y con el 95% del circuito seco, y la lluvia que no terminaba de aparecer en condiciones, en apenas dos vueltas ya tenía las gomas destrozadas, muchas posiciones perdidas y la estrategia completamente trastocada. A Kimi Raikkonen lo veía tras la parada de la carrera ciertamente indiferente y resignado, pero no cabreado. Y es que en caso de salirles la jugada bien, igual sería uno de los pilotos más felices tras la carrera de hoy. Cosas que pasan. Por cierto, ¿hará falta en Ferrari algún que otro meteorólogo?

Foto | Daylife

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