Victoria Bruno vive de reparar Ferrari clásicos y ha decidido hacer algo poco habitual con uno de los más icónicos: llevarlo a los 180.000 kilómetros
Hay Ferraris míticos que pasan media vida guardados en garajes, expuestos en colecciones privadas y cubiertos bajo fundas, sin hacer un solo kilómetro. Prodigios de la ingeniería convertidos en activos de inversión que apenas pisan la carretera por el miedo de sus propietarios a que pierdan valor. El Ferrari Testarossa suele entrar de lleno en esa categoría: símbolo absoluto de los años 80, cotizado y cada vez más codiciado.
Por eso la historia de Victoria Bruno llama tanto la atención. Con 32 años, esta joven californiana se formó en mecánica y se especializó en restauración de coches clásicos para trabajar en los Ferrari que admiraba, compró una unidad negra de 1987 que llevaba 23 años parada y se ha propuesto hacer justo lo contrario de lo que se esperaría: repararlo para conducirlo hasta superar los 180.000 kilómetros.
Un Ferrari Testarossa rescatado del olvido para volver a la carretera
Cuando Bruno encontró este Testarossa, el coche apenas había hecho 19.300 km desde que salió de Maranello. Una cifra soñada por muchos coleccionistas, aunque no estaba precisamente en estado de revista. Un coche parado durante tanto tiempo también envejece: las ruedas originales estaban cuarteadas, la pintura dañada y varios sistemas empezaban a acusar el paso del tiempo.
Así que la joven mecánica se dispuso a repararlo pieza por pieza para dejarlo como si acabase de salir de fábrica. Su historia y la del coche con el que llevaba años fantaseando llamó la atención de Jay Leno, que invitó a Victoria y a su Ferrari a protagonizar un episodio de Jay Leno’s Garage.
Victoria contó a Leno que no llegó a este proyecto por casualidad: se formó en mecánica y se especializó en restauración de coches clásicos en McPherson College, un prestigioso centro estadounidense conocido por su programa de formación técnica en automoción. Todo, para llegar algún día a donde está hoy: cumpliendo su sueño, dedicándose profesionalmente a restaurar Ferraris clásicos.
Victoria Bruno
Esa preparación fue clave cuando llegó la hora de devolver este Testarossa a la carretera. En este modelo, muchas tareas importantes exigen desmontar el subchasis trasero para acceder al motor. Bruno sustituyó correas de distribución, retenes, manguitos, revisó frenos bloqueados por la inactividad, reacondicionó la bomba de agua y dejó el conjunto preparado para volver a circular con normalidad.
El Ferrari más excesivo de los 80 también era brillante técnicamente
Presentado en 1984 en París como relevo del Ferrari 512 BBi, el Testarossa rompió moldes. Era más ancho, más bajo y más llamativo que su antecesor, y sus enormes lamas laterales no eran una mera firma estética: canalizaban aire hacia los radiadores traseros para mejorar la refrigeración, una solución clave en los Ferrari de motor central de la época.
Ferrari fabricó 7.177 unidades del Testarossa original hasta 1991, antes de evolucionarlo en los Ferrari 512 TR y Ferrari F512 M. Bajo la tapa trasera montaba un motor plano de 4,9 l y 12 cilindros con hasta 390 CV y unos 490 Nm de par en especificación europea. Unido a una caja manual de cinco marchas con rejilla metálica, permitía acelerar de 0 a 100 km/h en poco más de cinco segundos y alcanzar cerca de 290 km/h.
Un Ferrari clásico como respuesta al coche moderno
La unidad de Bruno suma además varios detalles muy valorados: carrocería negra (una configuración menos habitual que el clásico Rosso Corsa), y llantas Monodado de tuerca central, uno de los rasgos más reconocibles de las primeras series. Pero lo realmente interesante de esta historia va más allá de la especificación del coche: Victoria contó que llegó a plantearse comprar un eléctrico moderno como vehículo diario, hasta descubrir que incluso el seguro resultaba más caro que el de su Ferrari clásico.
En una época en la que muchos deportivos dependen de software y sistemas cada vez más cerrados, su Testarossa sigue respondiendo a algo mucho más simple: mecánica pura, herramientas y conocimiento. Ahora quiere llevarlo hasta los 180.000 kilómetros, disfrutándolo como fue concebido. Y no diremos que no la envidiamos: a veces, la mejor forma de conservar un Ferrari es seguir conduciéndolo.
Imágenes | Jay Leno’s Garage, @motoribruno
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