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Os presentamos a Toyota en el mundo del rally

La competición y el automóvil han ido siempre de la mano. Ya desde sus inicios, se han realizado todo tipo de pruebas con estas máquinas con infinidad de objetivos. En los primeros compases de la historia, se buscaba demostrar la fiabilidad y las capacidades de un invento que ha llegado a revolucionar el mundo. Y como el propio automóvil, las competiciones han cambiado muchísimo. Antes, las carreras eran locuras de varios cientos de kilómetros por unas carreteras que no eran merecedoras de ese nombre, eran más caminos de cabras, como se suele decir, cuyo trazado estaba lleno de baches, arena y complicaciones diversas que hacían de las pruebas auténticas epopeyas.

Como curiosidad, y así ponernos en antecedentes, la primera carrera tuvo lugar el 22 de julio de 1894. Una competición que tenía como recorrido los 127 kilómetros que separaban París de Rouen y contaba con una normas más que curiosas. Más de un centenar de inscritos tuvieron que pasar una serie de pruebas eliminatorias que finalizaron con un total de 22 participantes que, además, tenían que cumplir una serie de requisitos. Los coches debían de contar con cuatro plazas, ocupadas por el piloto, un mecánico (que la mayoría de las veces era el propio piloto) y dos jueces de carrera y entre otras cosas, la comodidad del pasaje puntuaba para el resultado final. La carrera la ganó el Conde Albert de Dion con un tiempo de 6 horas 48 minutos y actualmente, esta carrera se considera el primer rallye de la historia.

Con esto, podemos decir que los rallyes son la base de las competiciones actuales, pues las primeras carreras se realizaban en carretera y muchas veces, abiertas al tráfico. La misma estampa que podemos encontrar cuando los participantes en los rallyes modernos se dirigen hacia el lugar de la siguiente etapa. Lógicamente, en aquellos años, las vías no estaban tan masificadas como ahora y los límites de velocidad así como los medios de seguridad eran más bien ‘difusos’. Pero, como todo, de alguna forma hay que empezar y sin esos locos pioneros, hoy no tendríamos las diferentes competiciones de las que disfrutamos.

Nuestra historia comienza a finales de los 50

Todo esto sucedió hace mucho, mucho tiempo. Eran los primeros pasos, las primeras tentativas. Muchos de los nombres que participaron en aquellas gestas se han perdido y olvidado, dando paso a otras que han pasado a formar parte, junto a ellas, de la historia del automóvil, aunque con más suerte y mayor repercusión gracias también a la expansión de los medios de comunicación. Así llegamos hasta finales de la década de los 50, cuando comienza nuestra historia. Corría el año 1957, cuando un Toyota Crown se adentró en una prueba que tenía como objetivo cruzar Australia, un total de 17.000 kilómetros en 19 días que era conocida como ‘Round Australia Trial’. En realidad, no estamos siendo todo lo verídico que deberíamos, pues se presentó bajo el nombre de Toyopet Crown, el primer coche de la marca destinado al mercado estadounidense y el primer coche de rallyes de Toyota. Una acción estratégica que ya había adelantado Kiichiro Toyoda, fundador y presidente de la marca entre 1941 y 1950.

"Los fabricantes deben participar en las carreras para probar la durabilidad y mostrar su máximo rendimiento. Con la competencia viene el progreso, así como la emoción entre los seguidores del automovilismo. El objetivo de las carreras no es solo satisfacer nuestra curiosidad, sino también permitir el desarrollo de la industria japonesa de vehículos de pasajeros"

Así de tajante fue en su momento Toyoda, que por desgracia falleció antes de poder como sus objetivos se hacían realidad. Fue su primo, Eiji Toyoda, quien le sucedió en el cargo y quien llevó a Toyota a las carreras. Pero antes de poner en la línea de salida un coche firmado por la marca, realizó un estudio para encontrar que modelo era el más adecuado para representar a Toyota en una prueba como la australiana. El elegido fue el Toyota Crown, pues se diseñó pensando en su empleo por las carreteras japonesas que por entonces, la mayoría no estaban asfaltadas. Lo más curioso fue el equipo enviado para la prueba, formado por tres personas: dos mecánicos, Kunio Kaminomura y Koujiro Kondo, y un piloto, el australiano Lindsay Hedley. No tenían vehículo ni equipo de apoyo; una locura.

En ese momento, Toyota se convirtió en el primer fabricante japonés en participar en una prueba internacional y además, fue capaz de llegar a la meta sin grandes problemas mecánicos (sólo una pequeña falla en una válvula de admisión) en la posición 47 de 52 participantes que llegaron a la meta, y tercero entre los participantes foráneos. La primera piedra de todo lo que vino después y donde Toyota se ha labrado una imagen de fabricante difícil de batir con modelos que se han convertido en míticos de los rallyes.

El Toyota Celica, el primero en una prueba de renombre internacional

Como cabe esperar, Toyota siguió con su desarrollo en competición pues desde la directiva tenían la clara convicción que no había nada mejor para el desarrollo de nuevas soluciones y para una proyección internacional. A los rallyes le siguieron los circuitos, con el brutal Toyota 7, un monstruo de circuitos encuadrado en el Grupo 7 y que fue el primer coche que se enfrentó ‘de tú a tú’ con la escuadra Porsche en 1968 con los 1.000 kilómetros de Suzuka. Sin embargo, fue el Toyota Celica quien puso finalmente a la marca en el candelero internacional al presentarse en el RAC Rallye de Gales en 1972. Fue el piloto sueco Ove Andersson quien se decantó por este modelo y quien además, puso en marcha el Toyota Team Europe, que durante los primeros años se llamó Andersson Motorsport y tenía la sede en Suecia, para luego pasar a Bruselas, en Bélgica.

Bajo el estandarte de Andersson Motorsport llegó la victoria en la primera prueba internacional con Hannu Mikkola, que ganó el Rally Mil Lagos en 1975. Por entonces, se trataba de un equipo semi oficial, hasta que Toyota dio el paso definitivo y transformó aquel equipo en la sede oficial de la marca en Europa en la década de los 80. Desde ese momento, el Toyota Celica fue el coche que representó a la marca en todas las pruebas de rallye que se celebraban a lo largo del mundo logrando victorias como el doblete en el Rallye de Nueva Zelanda de 1982, Costa de Marfil en 1983, el Rally Safari en 1984 y ambas pruebas de nuevo en 1985 ya con Juha Kankkunen como piloto oficial. Una serie de victorias que se verían completadas por un podio de un tal Carlos Sainz en 1989, un paso previo al asalto total que realizaría Toyota en el Campeonato del Mundo de Rallyes.

La máxima corona llegó en 1990, cuando el Toyota Celica GT-Four se alzó con el Campeonato del Mundo de Rallyes. Era la primera vez que un fabricante japonés lograba esta gesta y también supuso el primer título mundial para Carlos Sainz y Luis Moya. Un momento álgido para la marca que vio cómo se escapaba el título en 1991 (acabaron segundos) pero que recuperó en 1992, nuevamente con Carlos Sainz. El piloto madrileño abandonó el equipo japonés en busca de nuevos retos y en su lugar, Juha Kankkunen y Didier Auriol se hicieron con los máximos galardones en 1993 y 1994, dos temporadas que también significaron el título de constructores para Toyota y sí, también con el Celica GT-Four. En el año 1995, Toyota fue excluida de la temporada del WRC y fue ‘castigada’ con dos años de prohibición de competir por una ‘triquiñuela’ que todavía hoy, se considera una de las más ingeniosas del mundo de la competición, gracias a una brida ‘móvil’ que permitía ganar cerca de 50 CV al motor del Celica ST205.

Un tiempo de inactividad que dejó vía libre para que Toyota pusiera a punto su siguiente máquina para el Mundial de Rallyes. Sin embargo, no fue el Celica quien se puso tras el crono en 1997, sino el nuevo Toyota Corolla, que además, supuso el regreso de Carlos Sainz y Luis Moya a la marca.

Toyota Yaris WRC, la marca regresa tras 18 años ausente

Con el Toyota Corolla WRC la marca siguió la senda de las victorias, aunque todavía resuena en la memoria de los aficionados españoles aquel ‘trata de arrancarlo Carlos, por dios’. Un momento histórico que dejó a los pilotos españoles a 500 metros de lograr el tercer título mundial. Eran las 14:15 de la tarde del 24 de noviembre de 1998 cuando el Corolla WRC se detuvo por una fuga de aceite que terminó en rotura de biela. No obstante, aún y a pesar de esta famosa situación, el Toyota Corolla fue un coche le dio el Campeonato de Constructores a la marca en 1999 gracias a la regularidad de sus pilotos, Carlos Sainz y Didier Auriol.

Después de esto, la marca abandonó los rallyes para centrarse en otras competiciones como la Fórmula 1, pero sin tanto éxito como en rallyes. No ha sido hasta el año 2017, 18 años después de su última participación en el WRC, cuando Toyota ha regresado con un modelo que ya, con un simple golpe de vista, impresiona. Es el resultado de miles de horas de trabajo para convertir un pequeño modelo utilitario en un monstruo de rallyes con unos 380 CV encargados de mover sólo 1.190 kilos de peso. Cifras, como siempre ocurre en competición, estimadas, pues pocas marcas ofrecen sus datos reales. No hay que dar pistas a los rivales…

Con este supervitaminado Toyota Yaris WRC, la marca ha logrado algunas victorias en 2017 y ha demostrado que se trata de un coche muy, muy rápido y con un sonido bastante peculiar. La historia de Toyota en competición continúa con más fuerza que nunca y se esperan grandes éxitos en los próximos años. De hecho, la marca está luchando en 2018 por lograr el título mundial de pilotos y el título mundial de constructores.

'Tras una primera temporada muy positiva en 2017, tenemos muchas ganas de seguir aprendiendo este año como parte de nuestra misión para crear vehículos cada vez mejores’ Tommi Mäkinen (Director del equipo).

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