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Cinco obstáculos que hacen pensar que a la conducción autónoma todavía le falta un hervor

Los vaticinios se repiten e intensifican. Sin embargo, el giro que supondrá para la automoción la conducción autónoma no llegará de repente. De hecho, todavía le restan varios obstáculos clave. Estos son los desafíos más relevantes que alejan al coche autónomo de las calles.

Pese a su estruendo, las revoluciones no nacen de la noche a la mañana. Se cuecen a fuego lento. El coche autónomo no es una excepción.

La apuesta real por que los coches se conduzcan solos acumula ya más de diez años de resultados, pero también de promesas que nunca han llegado a cuajar en la fecha anunciada. Y es que muchos fabricantes han lanzado en los últimos tiempos una hoja de ruta tan ambiciosa como poco realista.

Que exista en nuestros días la tecnología para que un modelo autónomo pueda circular no significa que el mundo esté preparado para ello; y mucho menos para alcanzar una comercialización a gran escala.

Las pruebas y tests persisten en acumular kilómetros porque la situación todavía lo requiere. Organismos e instituciones como Euro NCAP insisten en ser prudentes, ya no con la conducción autónoma, sino incluso con la asistida. En este ámbito, las etapas y niveles de conducción autónoma se van superponiendo. Los volantes están lejos de extinguirse.

¿En qué nos puede ayudar este Toyota Supra autónomo?

Esto no quiere decir que se deba cejar en el intento. Y es que la carrera por la conducción autónoma ha introducido en los automóviles actuales beneficios de un coste incalculable: tecnologías que salvan vidas. Hablamos de los sistemas ADAS, que en el caso de los modelos de Toyota se reúnen bajo Toyota Safety Sense.

Se trata de una de las grandes esperanzas presentes de la seguridad vial. Los estudios indican que la implantación absoluta de los sistemas de asistencia podría salvar más de 20.000 vidas, que equivalen al 62 % de los fallecidos en siniestros de tráfico.

Este panorama se torna más optimista a medida que los fabricantes consolidan su apuesta por el coche autónomo. Desde Toyota, nos muestran un ejemplo claro que se nutre de un Toyota Supra autónomo.

El programa lo impulsan el Toyota Research Institute y la Universidad de Stanford y no busca otro objetivo que el de perfeccionar la IA en la asistencia para incorporarla en los vehículos y aplicar técnicas de pilotaje profesional a la evasión de accidentes.

El hipnótico y computarizado drifting del Toyota Supra forma parte de ese camino que la tecnología del coche autónomo ha de recorrer. Sin atajos. ¿Cuáles son los escollos más sustanciales que quedan por salvar?

1. El mapeo completo: un objetivo laborioso

Aprender su lugar en el mundo y los itinerarios por los que puede circular resulta un objetivo tan complejo como irremediable para los modelos que se conducen solos al 100 %.

Hay que tener en cuenta que, hasta que no les informamos y/o recorren una ruta, un vehículo autónomo está en la más absoluta oscuridad. No puede, ni debe, aventurarse por una carretera perdida. Las consecuencias podrían ser peores que las que se ven en la película de David Lynch que lleva ese mismo título.

Cuando un vehículo 100 % autónomo va a estrenar una zona, una de las primeras tareas consiste en recorrer calles y carreteras para desarrollar un completo y detallado mapa en tres dimensiones. Lo elaboran a través de los vistosos LIDAR.

La información se va recopilando definiendo todas las características físicas de la vía. Esta última labor la acometemos nosotros, los humanos. El equipo de Toyota lo realiza en su área de pruebas, situada en la zona frente al mar de Odaiba, en Tokio.

Según apunta el fabricante nipón, se trata de "una localización idónea por sus calles más anchas, rectas y con menos tráfico de la ciudad". Ellos se han planteado el objetivo de lograr un mapeo íntegro y propio de todas las vías de Japón.

Recorrer y registrar cada kilómetro de las redes de carretera ya es una tarea que llevará tiempo. Pero es que, además, queda por resolver la incógnita de qué ocurrirá con los cambios que las vías van sufriendo a lo largo del tiempo. Investigadores como los de la Universidad de Oxford trabajan para superar este impedimento.

2. ¿Al mal tiempo, buena cara? No si tapa la vía

Muy relacionado con esto último, ciertas adversidades meteorológicas pueden interferir en el estado de las carreteras y en cómo los sensores del coche autónomo leen su trazado.

Influye sobre la conducción, sea humana o de una IA. El mayor enemigo del clima para el coche autónomo ha demostrado ser la nieve. Esta incide en los sensores que hacen que el coche mida la profundidad espacial, se mantenga dentro de las líneas que gobiernan el carril e identifique posibles obstáculos.

Se trata de una complicación en la que la industria y los centros de investigación concentran una gran actividad estos días. Algunas soluciones planteadas incluyen el uso de los denominados ground-penetrating radars (LGPR) o georradares.

Se valen de ondas electromagnéticas de banda ultra ancha que buscan localizar la situación exacta del firme, marginándola de la cantidad de nieve que pueda acumular.

3.  Inteligencias múltiples en la carretera

Al machine learning o aprendizaje automatizado se ha recurrido desde el primer kilómetro de prueba recorrido por un coche autónomo. Ahora bien, no solo está dirigido a alcanzar un conocimiento de la geografía por la que transita.

Los vehículos autónomos han de aprender a sortear los impedimentos del firme y las tormentas, pero también han de saber convivir con los conductores y el resto de usuarios de la vía. Además, en muchas ocasiones, los humanos al volante mostramos comportamientos imprevisibles.

El coche autónomo se prepara para aprender de la gran gama de situaciones que se dan en la carretera. Y, lo que es más, debe saber cómo comunicarse con los humanos.

Aunque la siniestralidad vial sea una gran lacra, hemos de reconocer que, en perspectiva, el género humano ha alcanzado un gran perfeccionamiento en busca de la seguridad vial. Las estadísticas apuntan a que existe un fallecido por culpa del tráfico cada 161 millones de kilómetros recorridos.

Una alegoría utilizada hasta la extenuación en tecnología es la de comparar máquinas con bebés y niños. En esa misma línea, se podría decir que el coche autónomo está todavía en pañales en lo que a comunicación con los usuarios de la vía se refiere. Le queda mucho por aprender para, por lo menos, mejorar nuestra propia estadística de siniestralidad.

4. Aceptación social del coche autónomo

Siguiendo esta estela de impedimentos que va desde lo más material y tecnológico hasta una esfera casi filosófica, el coche autónomo todavía necesita la aprobación humana.

Admitamos que los humanos toleramos mucho mejor nuestros propios errores que los que podría cometer un coche por sí mismo. De hecho, los primeros accidentes en los que modelos, no solo autónomos, sino con asistencia avanzada o pilotos automáticos, han causado lesionados o incluso fallecidos han atraído dudas y desconfianza.

Algunos estudios sobre la aceptación del coche autónomo no desvelan demasiado: los jóvenes se muestran más dispuestos a su integración en las carreteras. Existe una gran división social sobre este asunto. Por eso, antes de comenzar a circular, el coche autónomo ha de ganarse nuestra confianza.

5. Los quebraderos de cabeza jurídicos

La adaptación de las normas suele viajar años luz por detrás de la realidad del presente. Este fenómeno se agrava si de lo que hablamos es de una tecnología de futuro.

El coche autónomo necesita un marco jurídico que, a fecha de hoy, se encuentra todavía muy lejos de materializarse. Ni siquiera los expertos legales se ponen de acuerdo en cuestiones tan básicas como la determinación de la responsabilidad.

Desde algunos puntos del globo sí que existe una intención clara de remediar el vacío legal que asola a la conducción autónoma. En Florida, por ejemplo, han esbozado un primer escenario normativo que pretende atraer a la industria.

En ese aspecto, los legisladores también están realizando sus propias pruebas con el coche autónomo para ir depurando ese marco jurídico y pensar en modelos unificados. Es decir, una suerte de normas mínimas universales válidas para todos los rincones del planeta.

A estos impedimentos se les suman otros más clásicos, como la integración industrial y viabilidad económica de introducir una tecnología revolucionaria y, de momento, cara. Parece, cuanto menos, que quedan unos cuantos años para que tengamos coches autónomos circulando de forma masiva por las calles.

A pesar de todo, no conviene dejarse llevar por el pesimismo. Hemos comprobado cómo la conducción autónoma puede servirnos no para sustituir al conductor humano, sino para aprovechar las muchas virtudes que puede deparar.

Imágenes | Toyota, Freepik, Freepik/Wirestock y Freepik/jcomp

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