Prueba: Peugeot 407 Coupé V6 HDi (parte 2)

Estamos hablando de un coupé, pero no de un deportivo. El cliente de un 407 Coupé no es el mismo que el del un BMW 325d Coupé o un Alfa GT 1.9 Multijet, pide más deportividad. Tampoco es un coche lento, pues tiene un motor diesel biturbo de 204 CV, pero los hay más rápidos. La opinión que se me quedó del coche tras 500 kilómetros fue muy positiva, se lo merece.

La puesta a punto del chasis, suspensión, neumáticos… con la combinación de un suavísimo motor y un excelente cambio automático hacen del 407 Coupé un coche fantástico para viajar y disfrutar de la conducción, con reacciones muy nobles en zona de curvas. Ante las dudas subjetivas, el desgaste de los flancos de los neumáticos lo confirma.

Conducción y dinámica

La concepción del 407 en general es bastante convencional, utiliza motores transversales de 4 cilindros en línea o V6, siempre con tracción delantera. En este caso el propulsor es un desarrollo conjunto de PSA Peugeot-Citroën con Ford, cubica 2.721 cc repartidos en 6 cilindros inclinados 60º entre bancadas.

Eroga 204 CV a 4.000 RPM y entrega un generoso par máximo: 440 Nm a 1.900 RPM. La respuesta a bajas revoluciones es buena gracias al uso de 2 turbocompresores. En Autobahn alcanzaría 230 Km/h, que no es ninguna tontería. El paso de 0-100 Km/h se hace en 8 segundos y medio, y el kilómetro desde parado lo hace en 29,8 segundos. Son buenas prestaciones, pero no muy altas, recordemos que el coche pesa 1.800 Kg.

Como todo diesel, entrega poca fuerza a bajo régimen (1.000-1.500 RPM), pero eso no se nota con facilidad. El cambio automático es magnífico, escoge siempre la relación más adecuada, tanto en programa normal como en deportivo (no se comercializa con cambio manual). En conducción urbana no vamos a notar la menor tibieza ni reducciones, pues en ocasiones el motor no retiene para ser más suave, el punto muerto se pone sin darnos cuenta (un DSG no hace esto).

La respuesta del motor a cualquier régimen es muy suave, casi tanto como un motor de gasolina V6 atmosférico (de hecho, hay un 3.0 V6 de 211 CV como alternativa), pero más silencioso. Para notar altibajos en la curva de par habría que llevar el coche a un banco de rodillos, por que el conductor lo único que nota es que cuando quiere que el motor responda, responde, y el cambio automático es responsable directo.

He probado diversos cambios automáticos, y entre ellos, es de los más suaves y eficientes que he podido tocar. No tiene doble embrague pero las transiciones de marchas son muy cortas y sin tirones, casi no se notan, hay que estar pendiente.

Las vibraciones brillan por su ausencia, el aislamiento es digno de un Jaguar. El sonido del motor, como indiqué en la primera parte, es muy tenue, tiene un sonido dieselillo al ralentí y cuando apuramos las revoluciones, pero lanzado suena muy poco. Las relaciones del cambio ayudan, a 2.000 RPM en 6ª circulamos a 120 Km/h. El buen hacer de la caja automática hace que en función de la demanda de gas, siempre dispongamos de lo mejor del motor. Conduciendo en modo secuencial es difícil hacerlo mejor.

Tenemos 3 programas de conducción automática: normal, deportivo e invierno. El primero es utilizable en cualquier circunstancia incluidos adelantamientos, basta con hundir el pie derecho en el piso y resuelve los adelantamientos con presteza, las recuperaciones son objetivamente buenas, aunque no las mejores de su segmento. El deportivo apura más las marchas en conducción rápida y el de invierno facilita la conducción cuando el firme está muy resbaladizo. Es una lástima que no tengamos levas para cambiar y que no tenga asistencia al arranque en cuesta.

De consumos anda en niveles contenidos pero no especialmente brillantes. La unidad probada tenía un kilometraje muy bajo, de modo que el consumo real es superior al que debería ser, que calculo que andó anduvo sobre los 9 litros de gasóleo cada 100 kilómetros. Con el motor rodado, es factible bajar de 8 litros de media, si dosificamos adecuadamente el acelerador, evitando las revoluciones altas, donde la eficiencia es menor.

Con un depósito de 66 litros y el consumo mixto oficial, hablamos de una autonomía de poco más de 750 kilómetros. Con el 3.0 V6 automático la autonomía es de casi 650 kilómetros, tampoco es que haya mucha diferencia. Esto hay que tomarlo con mucha cautela, por que con un estilo de conducción más agresivo las diferencias se acentuan a favor del diesel. A igualdad de equipamiento y cambio, el diesel es 400 euros más caro, con lo que la elección está clarísima.

El coche se comporta muy bien a pesar de tener tracción delantera, potencia y motor delantero diesel (por acumulación de peso en el eje delantero). Es obediente a las órdenes de la dirección, sin reacciones parásitas ni imprevistas, mientras haya adherencia, irá por donde le digamos que vaya. Entre curvas puede parecer un poco aburguesado, ahí se echa de menos un toque más deportivo.

De serie tiene control de amortiguación, podemos endurecer el tarado con solo pulsar un botón, reducir balanceos leves de por sí y recibir más información sobre qué vamos pisando. Sólo tengo que reprochar ligeramente que en los resaltos la suspensión puede ser un poco seca. El centro de gravedad es más bajo que en la berlina, y como la postura de conducción es un poco más dinámica, gana algún punto sobre la versión de 4 puertas.

Si le buscamos las cosquillas insistentemente, el ESP corregirá los desmanes (dentro de los límites de la física). La dirección es muy precisa, con asistencia variable: blandita e indirecta en ciudad y firme en carretera, ni dura ni blanda, en el término medio. En el modo Sport es un poco más incisiva. En una escala de 0 a 10 le doy un 8. Además, el aro del volante tiene un tacto agradable, y anatómicamente es bueno.

El freno ya no es tan satisfactorio, ya que los primeros milímetros de recorrido apenas hacen efecto sobre los discos y al principio se puede tener la sensación de que frena poco, basta con acostumbrarse, el coche es así. El rendimiento subjetivo de los frenos es bueno, incluso en conducción rápida, una vez nos hemos acostumbrado al particular tacto del pedal. El acelerador es muy dosificable, aunque el kick-down queda un poco profundo, por otra parte evita que salte con facilidad.

En pocas palabras, el 407 Coupé se conduce muy bien, deja un agradable sabor de boca sobre todo por su andar tranquilo y cómodo. Cuando pedimos al coche más, otorga confianza y dinamismo, pero esto último no es lo que busca. Por el diseño de las 4 plazas, los pasajeros no protestarán mucho si hay unas cuantas aceleraciones laterales en tramos virados, van bien sujetos.

Además, el coche cuenta con ayuditas a la conducción que se agradecen, como las luces automáticas, el sensor de lluvia, el mencionado cambio automático (el modo secuencial lo usaremos poco), retrovisor anti-deslumbramiento, etc. Los faros bixenón tienen función direccional, lo que implica iluminación en curva adaptativa (AFS).

El equipamiento y sistemas de seguridad para mañana, y una sorpresita entremedias…

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