Desmontando mitos sobre los híbridos (parte 1)

El desconocimiento o la rumorología suelen jugar en contra de las tecnologías mas vanguardistas o menos extendidas, precisamente por el hecho de que un bajo porcentaje de la población la ha probado en vivo son muchos los que basan su opinión en lo que me han contado, dando lugar a leyendas urbanas y creando bulos con poco o ningún fundamento.

Precisamente los vehículos híbridos por su escasa implantación hasta ahora han sido objetivo repetidas veces de los habituales comentarios entre amigos ensalzando en exceso o, la mayoría de las veces menospreciando, su tecnología y rendimiento. Y es por ello que vamos a intentar aclarar algunos puntos importantes con datos precisos, para corroborar lo que los propietarios de uno de estos vehículos ya sabe: que prácticamente todo son ventajas respecto a un coche convencional.

Casi invariablemente la primera pregunta a la que se enfrenta el propietario de un vehículo híbrido es el consabido ¿y donde lo recargas?, bien, pues en un híbrido convencional (no enchufable) la electricidad de las baterías no se obtiene de la red eléctrica, de hecho se podría decir que en su mayoría se obtiene de forma gratuita. ¿Cual es el truco entonces?, la energía que se desperdicia en un coche convencional: El calor y la inercia.

Recuperando energía

La batería de un coche híbrido se recarga mientras baja una cuesta, al frenar de forma normal o subiendo levemente las revoluciones del motor térmico para forzar la recarga cuando el nivel de batería es muy bajo. Muchos pensaran llegado este punto que si consumen gasolina para recargar la batería se pierde energía en el proceso. Cierto. Pero es mas la gasolina que se ahorra usando las frenadas y aprovechando las inercias del coche en conjunto que la que se gasta en esas recargas forzadas.

El resultado neto es que el coche consume menos que un gasolina equivalente, incluso con el peso añadido del sistema eléctrico. Esa es la base del ahorro de un híbrido, aprovechar lo que se pierde en forma de calor en los frenos y en el freno motor para acumular esa energía en unas baterías y aprovecharla mas tarde. Con ello llegamos al segundo punto habitual, que no ahorran tanto como se dice.

Los detractores de los híbridos, que se suelen declarar puristas de las prestaciones, defienden que un diésel del mismo segmento y potencia puede consumir menos en carretera. Esto, que en casos concretos si que puede ser cierto, es siempre relativo a la manera de conducir el vehículo. Llevar a un diésel a los consumos homologados por el propio fabricante supone un esfuerzo de concentración importante y sacrificar totalmente las prestaciones en favor del ahorro.

Uso inteligente de la energía

En un coche híbrido estos consumos se logran al circular de forma normal, sin tener que estar pendiente de perder velocidad en una cuesta, o de no pisar demasiado al adelantar. La ventaja del híbrido es que el coche sabe ahorrar, no lo deja en manos del conductor. Tiene una reserva de energía adicional que es gratuita y que puede administrar para optimizar el rendimiento o incrementar la potencia según las exigencias del conductor.

Así que en realidad, a igualdad de consumo con un diésel, un híbrido es mas prestacional. Y todo ello sin entrar todavía en el campo en el que el híbrido es el rey absoluto: la ciudad. Aunque no la pises mas que para guardar el coche, con que el vehículo circule a 50 Km/h, ya sea en salidas de autovía, entrando en un aparcamiento o circulando en un atasco, ya estará marcando una gran diferencia a nivel global en el consumo y emisiones.

Aun así, el principal motivo para comprar un híbrido no es tanto el consumo, sino la tecnología que gestiona todo el sistema. Es esta tecnología el autentico logro de los híbridos: el motor térmico funciona siempre a las revoluciones óptimas, sin calentones ni excesos, está optimizado para trabajar en un rango estrecho de revoluciones y ahí trabajara siempre, no importa lo mucho que le pises o lo despacio que vayas. Por eso no se disparan los consumos aunque no tengas cuidado, porque el coche ya se encarga por ti.

Mantener un híbrido

De todas formas, aunque parezca contradictorio, el ahorro de un híbrido no viene dado solo por su consumo, sino por su bajo coste de mantenimiento y la sencillez de su mecánica. El motor eléctrico es prácticamente eterno, no tiene apenas desgaste y es cerrado. Los sistemas de transmisión continuos prescinden de todo tipo de correas y revisiones. Tan solo hay que revisar niveles de aceite y complementos del vehículo.

Las baterías están diseñadas para sobrevivir al propio coche. Utilizan un rango de carga de menos del 50% de su capacidad, solo para asegurarse de que en caso de que con los años fallaran todas las celdas habilitadas al salir de fábrica, sigues teniendo otras tantas en perfectas condiciones para mantener la autonomía original y las prestaciones. El coche cuida especialmente el conjunto de baterías, refrigerándolas si es necesario y no permitiendo sobrecargas ni descargas excesivas.

Es una de las grandes ventajas de los híbridos, tenemos dos motores en los que apoyarnos: Si uno necesita calentarse, apagamos el otro. Si necesita refrigerarse encendemos el que está en descanso. Ninguno se fuerza y ambos pueden equilibrarse mutuamente y además se complementan. Donde le falta par motor al gasolina, a bajas revoluciones, le sobra al eléctrico y ademas de forma instantanea.

En el próximo capítulo trataremos otro punto importante que suelen arañar los clásicos del petroleo: la falta de potencia y lo aburridos que son y estudiaremos también la fiabilidad de la mecánica y las baterías, así como la diferencia de precio con un vehículo tradicional.

Más Información | Mitos híbridos

En Motorpasión | Híbridofobia

También te puede gustar

Portada de Motorpasión

Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com

VER 0 Comentario