Panamá intentó jubilar a sus viejos autobuses de colores en 2013. Hoy los Diablos Rojos siguen siendo imprescindibles para mover pasajeros

Diablos Rojos

Heredados de EEUU y despreciados por el Gobierno, son parte del patrimonio cultural panameño

Victoria Fuentes

Al estilo de los Jeepney filipinos, los coloridos, ruidosos y contaminantes Diablos Rojos son un icono, una seña de identidad en Panamá. Hace tiempo que dejaron la vida de transporte escolar en Estados Unidos para convertirse en un fenómeno cultural y social, prestando un servicio de transporte colectivo poco regulado y de estética inconfundible.

De esta forma, han pasado décadas contrarrestando la monotonía del asfalto, pero 2013 fue el año de su declive, y ahora se puede seguir viendo alguno de estos autobuses de fantasía, pero cada vez quedan menos.

Obras de arte sobre ruedas

Lo mismo lucen un Cristo con el corazón en llamas que a Jason Statham o rinden culto al folclore panameño. Estos autobuses han sido transformados en lienzos en blanco tanto por dentro como por fuera, y por la noche la cosa se pone seria. Multitud de luces LED cegadoras y parpadeantes anuncian que están listos para llevar a más pasajeros.

Pero lejos de ser simples lienzos al azar, los dueños de estas máquinas plasman su universo interior en la chapa. Un libro ilustrado titulado 'Diablos Rojos forever' reflexiona sobre este arte popular panameño desde una perspectiva artística y antropológica, haciendo hincapié en los mensajes, algunos nostálgicos, otros pícaros, que se suelen ver en estos autobuses.

"El zorro pierde el pelo pero no la maña". "Uno solo muere cuando lo olvidan". "Solo los justos heredarán la tierra". "Amigo, tu mujer nos engaña". "Chófer casado, mejor bocado". Las autoras del libro consideran que estas frases exteriorizan los sentimientos del dueño y/o del pintor, y reflejan visiones como el machismo, la vida y la muerte o la religiosidad.

Los artistas de Diablos Rojos crearon un estilo único que tuvo su auge en la década de 1960, y que fue decayendo con el paso del tiempo. Artistas como Andrés Salazar quedaron grabados en el imaginario colectivo por pintar los mejores grabados y es considerado 'el padre' de los Diablos Rojos.

Algunos se ganaron la fama del mejor Diablo Rojo de Panamá, como es el caso de 'la dinastía' Sir Lenox. Viajar en él se consideró como un lujo: interior de madera, asientos cómodos, pantalla de televisión LCD, música a niveles agradables y show de luces cuando cae la noche.

Un autobús que antes de ser bautizado como Sir Lenox era Eva del Carmen y luego Concepción, con distintos dueños y artistas, pero misma esencia.

La muerte anunciada de los Diablos

Como ocurre en Colombia, estos autobuses se caracterizaron por llevar a una persona que gritaba desde la puerta el destino del bus y el precio del billete -denominado 'el pavo'-; un alboroto que se une al del rugido de los motores, las voces de los conductores y la música atronadora que sale del interior de los vehículos.

Lo cierto es que la ciudad de Panamá, con casi medio millón de habitantes, se ha enfrentado siempre al reto de dar con un transporte interurbano eficiente.

En marzo de 2013, el expresidente Ricardo Martinelli dio inicio al Metrobús/Mi bus, un sistema de autobuses con paradas determinadas, mayor capacidad, posibilidad de pago con tarjeta y algo de lo que los Diablos Rojos carecían: aire acondicionado.

Parecía el fin de los Diablos Rojos pero en 2014, un año después de la integración del Metrobús, seguían activas 600 unidades. En 2024 quedaban 300. Fue algo así como una jubilación forzosa interrumpida por una aplicación del sistema Mi Bus insuficiente. Para abastecer la demanda de transporte hubo que mantener en activo el transporte informal de los Diablos Rojos.

Los que jubilaron sus autobuses de colores recibieron unos 25.000 dólares por unidad y sus conductores pasaron a los sistemas del Gobierno. Compensaciones que por otro lado formaron parte de una trama de corrupción y que supuso la imputación de cientos de funcionarios y transportistas.

Llegaron de Estados Unidos a Panamá después de terminar su vida como autobuses escolares, y ahora muchos perecen en cementerios de coches; otros, considerados obras de arte sobre ruedas, tiene su hueco en salas de exposiciones, o al menos algunas partes.

Hoy a los que quedan vivos se les reconoce como patrimonio cultural panameño, arte popular y cultura urbana.

En Motorpasión | Se compró uno de los primeros Corvette ZR1, pero lo vendió con 64 km: le daba miedo conducirlo

Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com

VER 1 Comentario