Hace más de 40 años alguien enterró 60 coches bajo 18 metros de hormigón. Hoy esa locura es una de las esculturas más famosas del mundo

Long Term Parking Apertura
  • Parece un gigantesco desguace petrificado, pero en realidad es una de las esculturas más sorprendentes del mundo

  • Su autor, Arman, convirtió automóviles, herramientas e instrumentos musicales en la materia prima con la que revolucionó el arte contemporáneo

Irene Mendoza

A cualquiera que le gusten los coches le resulta difícil permanecer indiferente ante un clásico abandonado: detrás de cada modelo hay muchos años de trabajo de diseño, ingeniería e historia. Por eso cuesta imaginar que alguien decidiera reunir sesenta vehículos, apilarlos unos sobre otros y sepultarlos para siempre bajo una enorme masa de hormigón.

Sin embargo, eso es exactamente lo que hizo el artista francés Arman en 1982. Bautizada como 'Long Term Parking', la escultura acabó convirtiéndose en una de las obras más emblemáticas de un creador que encontró en el automóvil y en los objetos cotidianos una forma completamente distinta de hacer arte.

El aparcamiento del que ningún coche volverá a salir

La obra se encuentra en el Domaine du Montcel, en Jouy-en-Josas, a las afueras de París. Desde la distancia parece una enorme columna de hormigón, pero vista más de cerca pueden apreciarse paragolpes, faros, puertas o techos que asoman entre el cemento: en su interior hay 60 automóviles atrapados, la mayoría fabricados por marcas francesas, formando una estructura de unos 18 metros de altura construida con alrededor de 18 toneladas de hormigón.

Long Term Parking

Entre los modelos que todavía pueden reconocerse hay coches tan representativos de su época como el Renault 5, el Simca 1100, el Peugeot 204, el Fiat 124 o el Volkswagen K70. Vehículos concebidos para recorrer miles de kilómetros que terminaron convertidos en una especie de fósiles industriales, inmovilizados para siempre en una obra que desafía cualquier idea convencional sobre el destino de un automóvil.

El artista que convirtió la chatarra en arte

Para entender 'Long Term Parking' hay que conocer a su creador: nacido en Niza en 1928 como Armand Pierre Fernández, adoptó definitivamente el nombre de Arman después de que un impresor escribiera mal su firma. Aquella errata acabaría identificando a uno de los artistas más influyentes del movimiento Nuevo Realismo, fundado en 1960 junto a figuras como Yves Klein o Jean Tinguely.

Su trabajo rompía con la idea tradicional de la escultura, ya que en lugar de mármol o bronce, utilizaba objetos cotidianos: relojes, herramientas, maletas, instrumentos musicales o piezas mecánicas. Los acumulaba, cortaba, quemaba o destruía para darles un significado completamente distinto para el que fueron concebidos. Así, aquello que la mayoría veía como simples objetos de uso pasaba a convertirse en una reflexión sobre la sociedad de consumo, el paso del tiempo o el valor que atribuimos a las cosas.

Su relación con Renault llevó el automóvil a los museos

La pasión de Arman por los objetos industriales llamó la atención de Renault, que a finales de los años sesenta puso en marcha un innovador programa de colaboración entre artistas e industria: la marca abrió las puertas de sus fábricas para que diferentes creadores trabajaran directamente con materiales y componentes procedentes de la producción de sus vehículos.

Arman fue el primer artista contemporáneo en participar en la iniciativa y llegó a realizar cerca de un centenar de obras utilizando motores, paneles de carrocería y otras piezas mecánicas. Aquellas 'Accumulations Renault' llegaron a exponerse incluso en la Exposición Universal de Osaka de 1970 y demostraron que un automóvil podía ser mucho más que un medio de transporte: también podía convertirse en una obra de arte.

Una escultura abierta a todas las interpretaciones

Más de cuarenta años después de su creación, 'Long Term Parking' sigue sin ofrecer una única lectura. Para algunos representa una crítica al consumismo y a la acumulación de bienes materiales; para otros simboliza cómo el automóvil, uno de los grandes iconos del siglo XX, acabará siendo algún día un vestigio del pasado. También puede entenderse como una paradoja: máquinas creadas para moverse a gran velocidad que permanecen inmóviles para siempre. Sea cual sea la interpretación, la gigantesca columna de Arman demuestra que un coche también puede contar historias cuando deja de circular.

Imágenes | Vintag, @cartdept

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