Authi Mini 850 L, retroprueba

Eran las 10:30 de la mañana, y llegué a mi cita con la Historia. Hacía tiempo que Jorge me había ofrecido probar su querido tesoro, un Authi Mini 850 L de 1973. Creo que el mejor colofón a la prueba del Mini Cooper es contaros cómo eran los Mini antes de la era BMW. Este ejemplar nos da una pista de su origen.

Los más listos ya se habrán fijado en que es un Authi y tiene matrícula de Navarra. De hecho, Authi significa Automóviles de Turismo Hispano-Ingleses. Sí, hubo una empresa española que se dedicó a la fabricación de los Mini durante los años 1963 a 1975, y este es uno de los últimos ejemplares.

El apellido 850 viene de su motor, un humilde tetracilíndrico con 848 centímetros cúbicos, o un 0.8, la mitad de cilindrada que un Mini último modelo (sea el que sea, todos son 1.6 salvo el Cooper SD). Su potencia, 37 CV según norma SAE, mueve menos de 600 kg en vacío (16 kilos/caballo). ¿Queréis conocerlo?

Por fuera es un coche realmente pequeño, solo mide 3,05 metros de largo, mucho menos que el Mini actual. Cuando lo diseñó Sir Alex Issigonis, buscó poder transportar a cuatro adultos, con equipaje, en la mínima expresión de coche. Sus ruedas también pueden provocar risa, las llantas son de 10 pulgadas.

Se distingue de la versión superior, Authi Mini 1000, porque no tiene los intermitentes laterales y por el anagrama trasero. Este modelo es un 850 Lujo o Deluxe, es decir, que iba un poco más equipado. Hablamos de cuadro de instrumentos con tres esferas, pintura bicolor y alfombras de moqueta de nailon.

Hay cosas que no han cambiado, como la concepción del coche, instrumentación central, cuatro plazas, batalla larga con dimensión contenida, una dirección rápida, tacto durito, suspensión independiente, bajo consumo de combustible (según estándares de la época), etc.

Al volante de un Mini con 39 años

Lo siento si alguien se siente decepcionado, pero estamos en plenos años 70 y los coches de este segmento no tenían mucho más. Hay algunos guiños al lujo, como el tapizado en escay, guarnecidos de puertas o los materiales cromados. Authi tuvo problemas en la época por ser caro en relación a otros utilitarios, como el SEAT 600.

Jorge me advierte que el cambio de marchas tiene un secreto, y es que la cuarta entra un poco en diagonal. Piso el embrague y giro la llave. Se me cala. En un coche tan antiguo, hay que usar eso llamado starter o estrangulador, para que trague menos aire mientras está frío. Vuelta a probar, toquecito al acelerador y arranca.

La dirección no es asistida ni resistida, porque al ser tan ligero, hasta aparcar es muy fácil y no requiere apenas brazos. Salimos a la calle y tanteo la respuesta del motor. Lo cierto es que en marchas cortas el motor tiene una aceleración bastante decente, la primera no hace falta apurarla apenas.

El tacto del freno despista un poco, por eso de llevar cuatro tambores. Para la época se consideraban progresivos. Diría que lo son también, aunque la transición entre el frenado y el bloqueo de las ruedas es muy pequeña. Claro que no tiene ABS, eso es demasiado moderno, pero eran frenos suficientes para la época.

Según voy acelerando el motor, me llama la atención lo sumamente ruidoso que es. El aislamiento brilla por su ausencia, y al estar el vano motor relativamente despejado, hace de caja de resonancia. A 90 km/h ya tenemos más ruido que en muchos coches modernos a más del doble de esa velocidad.

De hecho, ya en carretera, se toma las cosas con calma. Conduciendo a tabla el coche tiene algo mejor que cualquier antirradar, y es que no alcanza los 120 km/h. En una prueba de la época le cronometraron 115 km/h de máxima, como la media de una distancia ida y vuelta. El coche va cómodo a cruceros de 90-100 km/h.

El Mini clásico también tiene la suspensión durita. En vez de la famosa suspensión hidrolástica, este cuenta con amortiguadores y unos conos de caucho en cada rueda. Entre eso y la posición de conducción baja, hace que sintamos la carretera en toda su crudeza. Cualquier utilitario moderno está a nuestra altura cual furgoneta.

La dirección también va algo dura, pero es por ser no asistida. Tiene muy pocas vueltas entre topes, dos y cuarto, lo que le convierten en un coche ágil en ciudad y en carretera requiere pocas correcciones. En zona de curvas, aunque no lo he exprimido a tope, sí tiene un comportamiento muy entretenido con sensación de aplomo.

En cuanto a los pedales, igual, recordemos que los frenos no tienen servo y que el acelerador es de cable. Esa dureza viene bien representada en un Mini actual, pero con todas las ventajas modernas. La caja de cambios merece un comentario aparte, es de cuatro velocidades.

Da un placer especial ir engranando las marchas una detrás de otra, da la sensación de ir de carreras, aunque la realidad es que el velocímetro nos califica de buenos ciudadanos. Son cortitas y se acaban rápido, dentro de lo que cabe. En las reducciones hay que tener mucho cuidado y a ser posible, realizar el doble embrague para que entren bien.

El coche llama mucho la atención, y capta muchas miradas. Antes, ha sido captado por los oídos, ya he comentado que es ruidoso. A partir de 100 km/h no hay que gritar para entenderse con el pasaje, pero casi. La sensación de velocidad es muy superior a la de cualquier coche moderno que queráis mencionarme.

Al estirar las marchas, hay que andarse con cuidado, porque al ser un modelo de carburador, lo podemos pasar de vueltas, y no hay tacómetro que nos reprima. Cuando el ruido es muy intenso ya es indicativo suficiente para cambiar de marcha. Va revolucionado casi todo el rato, pasar desapercibido no se le da bien.

El puesto de conducción, con ese volante tan inclinado, me recuerda a una furgoneta de las grandes. Como los asientos delanteros son abatibles y no tienen ningún mecanismo de sujección, aparte del de basculado, si frenamos muy fuerte puede que se nos levante un poco de atrás, sobre todo sin cinturón.

Este coche cuenta con un cinturón de tres puntos, pero ni siquiera tiene tensor. Hay que ajustarlo cada vez a nuestro cuerpo, y en vez de meter la hebilla en el hueco de siempre, hay que hacerlo en una guía metálica, algo que solo conocen los más veteranos de estos lares. Es un sistema de seguridad más bien simbólico.

En cuanto a las plazas traseras, aunque caben tres, en el centro hay un saliente que notará hasta el más basto de los traseros. Mejor que sean dos plazas. Lógicamente, ni cinturón, ni reposacabezas, ni gaitas. Bajo la banqueta trasera hay hueco para ocultar algunos objetos, ya que ningún portabjetos tiene tapa.

La carrocería apenas balancea, va como un tablón, y es que el coche tiene los amortiguadores nuevecitos. Me recordaba mucho al Mini actual en ese sentido. Os hablo del modelo más sencillo de la gama clásica, ¿cómo será llevar un Cooper de las últimas series, que tenían el doble de potencia?

En algunas frenadas he llegado a bloquear las ruedas, y aunque el Mini 850 frenaba en línea recta (con el mismo firme en cada rueda), esta unidad concreta tenía una leve desviación hacia un lado. Por el ruido se nota al instante que hemos bloqueado, porque los tambores cuando bloquean, bloquean genial.

Lo más divertido de este coche es moverse por ciudad y por carreteras enrevesadas. En autovía es más bien aburrido, aunque no tenemos la sensación de ir despacio salvo que comparemos las velocidades de los demás. No podremos viajar cómodos en cualquier clima precisamente.

Carece de aire acondicionado, por supuesto. Si hace un poco de calor, el radiador lateral izquierdo que tiene resulta insuficiente a veces y se empieza a acalorar. El único remedio eficaz es poner la calefacción para pasar calor al habitáculo y aliviar el vano, lo cual en verano puede ser un incordio. En Sevilla, eso es peor que una sauna.

Adelantar, por poder, puede, si tenemos espacio suficiente para hacerlo. La tercera es estrujable hasta unos 90 km/h, y a partir de ahí, poca aceleración vamos a tener: 80-112 km/h en casi 35 segundos. Ah, no dije cuánto tarda en coger 100 km/h, casi 22 segundos. Ya dije que no era un coche especialmente rápido.

El motor tiene muy poca fuerza, especialmente a bajo régimen. Su par máximo es de tan solo 60 Nm a 2.900 RPM. En su época tenía un consumo muy soportable, entre 8 y 9 l/100 km, pero con la gasolina a más de 1,30 euros/litro, hace pupa al bolsillo. No pudimos medir consumos con precisión porque el cuentakilómetros mide entre kilómetros y millas imperiales, según le da.

Desde la época actual es fácil tildar de ridículos estos números, pero hay que ponerlo en su contexto. Quien lo conduzca hoy, se divertirá a buen seguro, aunque tenga prestaciones muy limitadas. Si no fuera por su aerodinámica y motor, el desarrollo de la cuarta le permitiría alcanzar 140 km/h a 5.500 RPM.

Pese a todo, es un coche que al conducirlo se nos marca la sonrisa. Unidades como esta, que están restauradas y lucen casi como nuevas, están cotizadas. Además, es un trocito de la historia del automóvil de nuestro país, un capítulo quizá no muy conocido para los nacidos de los 80 hacia arriba.

Su particular sistema de suspensión ya daba en la eṕoca un comportamiento muy similar a un kart, luego no es únicamente invención de los chicos de marketing de BMW. En ese sentido, su versión moderna respeta mucho la esencia del clásico. ¿Será por eso será que los Mini One no tienen A/C de serie?

Mini actual y clásico, tan semejantes como diferentes

¿Y será por eso también que de serie vienen con muchas lagunas de equipamiento? Igual respetan la esencia del Mini clásico hasta en eso. Equipamiento en realidad tiene muy poco, comparado con un coche actual. Hay que tener ojo para saber apreciar lo que tenía, aunque claro, eso es de serie aún el peor coche chino moderno.

El maletero es igual, muy pequeño, pero puede ser suficiente para cuatro con maletas tipo Ryanair, es decir, un gramo de más y no viajas. Para media distancia no es incómodo, pero el cuerpo se resiente mucho más que en un coche moderno. Además, en su época no es que hubiese precisamente muchísimas autovías.

Había que parar cada cierto tiempo, de todas formas, entre una cosa y la otra. Esa es otra, que el depósito de combustible también es pequeño, y con ese consumo, se asemeja a una motocicleta. También hay que parar a repostar cada cierto tiempo, solo tiene 25 litritos de gasolina.

Además de los problemas de calentamiento que podía presentar, también tendría problemas con mucha lluvia, ya que la toma de aire del motor no estaba bien diseñada y podía tragar agua. Además, los retrovisores son muy pequeños, incluso el central interior. Para su época, quizás un poco caro, 92.000 pesetas (850 Lujo).

Las versiones sencillas, 850 a secas, costaban 83.200 pesetas. El modelo 1000 costaba 93.600 en versión normal y 101.500 en versión Lujo. En 1973 se produjo por última vez el SEAT 600, y costaba algo más de 77.000 pesetas. Aunque era un utilitario, el Mini era algo caro también en su momento. ¿Queréis ver un anuncio de la época en castellano?

La fábrica de Authi acabó cerrando, no encajaron bien con el público español, y la fábrica se la acabó quedando SEAT. Posteriormente, se la quedó Volkswagen y hoy día se fabrica el Volkswagen Polo en el mismo lugar. De Landaben salieron 140.000 Mini, es una historia que merece contar aparte.

Agradecimientos a Jorge, sin el cual, esta prueba no habría sido posible.

Referencias | ABC (página 99 del 1 de noviembre de 1970), Piel de toro, Automobile Catalog, Club SEAT 600 de Jaén

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