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Para los amantes de las carreras de los 90, Virtua Racing marcó un antes y un después: así nos enseñó la verdad del pilotaje

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No era un videojuego barato por entonces: su alto precio se debía a un microchip matemático de 16 bits diseñado exclusivamente por Sega para procesar polígonos 3D en tiempo real

Victoria Fuentes

Los videojuegos de nuestra infancia no solo nos hicieron muy felices, también nos abrieron la puerta al mundo del motor sin que nos diéramos cuenta: entre champiñones, velocímetros, monedas y semáforos en verde fuimos adquiriendo destrezas y hasta entrenando nuestro cerebro.

Y no solo Super Mario Kart marcó un antes y un después: allá por los 90 Virtua Racing abrió la puerta a lo grande en el mundo de los juegos de carreras: ahora no lo parece, pero entonces era lo más realista del mundo.

Sentando las bases de otros grandes como Gran Turismo o Forza Horizon

Virtua Racing, un videojuego arcade de Fórmula 1, se lanzó por primera vez en octubre de 1992 para las máquinas recreativas (Arcade) en Japón, llegando poco después al resto del mundo ese mismo otoño. Fue en 1994 cuando llegó a las consolas domésticas de Europa y EEUU y todo el que tuviera una Sega Mega Drive iba a experimentar lo que era conducir un coche de F1 como nunca lo había hecho.

Fue pionera por muchas cosas: el juego permitía al jugador elegir entre cuatro vistas diferentes (cenital, a media altura, detrás del coche y en primera persona), sin mencionar que daba la patada a las imágenes bidimensionales. Es decir, podías cambiar de cámara en tiempo real con solo pulsar un botón en el salpicadero, permitiendo pasar de la vista aérea a sentir la escala real desde la propia cabina, pegado al asfalto.

Debías calcular la trazada de la curva, el punto de giro y la velocidad para no salirte del trazado. Además usaba la placa Sega Model 1, más potente que las demás placas arcade que había en 1992, y por eso no fue hasta 1994 cuando se pudo hacer la conversión a consola. 

Primero lo hizo en Mega Drive, una conversión bastante buena de la recreativa, incorporando en el cartucho un chip gráfico denominado Sega Virtua Processor o SVP, que conseguía que en los 16 bits de Mega Drive se pudieran mostrar entornos completamente poligonales, algo nunca visto en esta consola. El precio del juego (debido al coste del chip), era más que cualquier otro de la época, unas 13.000 pesetas (alrededor de 78 euros sin tener en cuenta la inflación actual).

Bonus Track para los nostálgicos: en algunas páginas web como Retro Games es posible volver a disfrutar de este videojuego y de muchos otros desde un PC.

Imágenes | Sega, Wikipedia/Evan-Amos

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