Prueba: Chrysler Sebring 200C CRD (parte 1)

Os traigo otro cuatro puertas, pero esta vez made in USA. Se trata del sedán de acceso a la gama de este fabricante norteamericano, con algunos retoques para que su degustación sea agradable en los paladares de los conductores europeos. Viene para hacerse un hueco en un segmento donde el Ford Mondeo, Opel Vectra, Honda Accord… imponen su Ley.

Vamos a conocerlo poco a poco, pero con numerosos detalles que no encontrarás en otros análisis.

Exterior

La versión 4 puertas del Sebring está basada en el concept Airflite, visto en el Salón de Ginebra de 2003. Ha tomado la forma de una berlina de 3 volúmenes (o 2 volúmenes y medio), con unas interesantes medidas exteriores que se materializan en una gran habitabilidad pero sobre todo con un diseño atractivo.

Este Chrysler intenta alejarse un poco de la imagen conservadora de sus rivales de segmento y aportar frescura y dinamismo, con permiso de BMW, Audi y otras monarquías europeas por encima.

La imagen del Sebring 200C no es habitual ni mucho menos por las carreteras, por lo que las pocas unidades que hay llaman mucho la atención, como tuve oportunidad de comprobar. Atrae miradas y felicitaciones de “Qué bonito es tu coche”, aunque también se encuentran testimonios en contra, pero menos.

Sus faros cuádruples, el esculpido capot con nervaduras verticales y las líneas que atraviesan su cintura le convierten en un coche elegante y con cierta distinción. Incluso los no entendidos le ven como un cochazo más de segmento alto que medio.

Las poderosas ruedas de 18 pulgadas con llantas de aleación (versión Limited) refuerzan su imagen de coche americano y musculoso, aunque lo que hay bajo el capot no puede definirse como tal. La caída de su techo es un poco “coupé” y no deja mucho espacio de voladizo trasero, casi parece un compacto.

La boca de carga del maletero queda un poco elevada y es un poco estrecha. Los grupos ópticos son grandes, y se refuerza la sensación de saturación de elementos en el portón, parece todo un poco pegado. Podemos discriminar la motorización con una discreta chapita en la parte derecha.

Interior

La imagen que da el Sebring 200C de cara al exterior no está tan conseguida de puertas a dentro. De un primer vistazo fugaz, vemos un interior colorido y elegante, con un diseño más alegre y vivo que el de sus oponentes (aquí de serie, en otros opcionales).

Pero si acercamos la vista descubrimos más plásticos de baja calidad de los que cabe esperar en un coche valorado en casi 5 millones de pesetas, y si encima ampliamos la visión con la implacable lupa de un probador, le podemos sacar los colores. ¿Conoces el Dodge Caliber? Un compacto barato... Se aplica una fórmula parecida en el Sebring 200C.

De la mitad hacia abajo descubrimos plásticos duros que visualmente pueden dar el pego, pero su textura no es agradable y cogen suciedad fácilmente. Si somos observadores descubrimos que los anclajes de las butacas al piso son negras, y estéticamente no pegan nada con el color de la moqueta, podrían haberlo disimulado con alguna especie de tapa.

En la parte central de la consola se observa que el ajuste entre piezas no es tan preciso, o que hay un pequeño trozo de plástico transparente cerca de la llave de contacto que se olvidaron de quitar en fábrica (no es la primera vez que lo veo). La posición de la llave supone un pequeño plus en seguridad pasiva al no estar tan cerca de la rodilla.

El puesto de conducción por ergonomía y accesibilidad apenas ofrece pegas, de hecho es cómodo para sentarse y los mandos se acceden fácilmente. Comparte algunos elementos con otros vehículos de DaimlerChrysler, como el mismo Caliber (esferas del tablero), aro del volante (300 C), ordenador de abordo, odómetro digital “tipo años 80”, reloj analógico (300 C), etc.

Las palancas laterales del volante tienen la misma fragilidad que en el Caliber, y me recuerdan más a las del anterior Fiat Punto u Opel Meriva que a un coche de su categoría.

Pero no es todo, tiene problemas en la zona de los pedales. En primer lugar, no se puede regular la distancia de los pedales al pie como sí se puede hacer en un Chrysler 300C o un Jeep Cherokee. En segundo lugar, el freno queda un poco más cerca de lo normal. Como colofón, cuando retiramos el pie izquierdo del pedal embrague tras haber cambiado, nos encontramos con una sorpresa, el pie se nos atasca.

¿Por qué? Algún ingeniero despistado no cayó en la cuenta de que con estos cables tan cerca del recorrido del pie, no sólamente pueden tocarse, sino que es factible desenchufarlos o dañarlos accidentalmente y lograr una avería o una pérdida de funciones del vehículo, y sinceramente, desconozco para qué sirve.

En la fotografía de alta resolución puede verse con total detalle. Si fuese un coche de 10.000 euros o menos, pasaría, pero me parece criticable en un coche de este tipo. Cuando se le coge el tranquillo deja de ser un problema, pero la primera vez choca.

También se pueden descubrir detalles negativos como un tornillo demasiado visible en el lateral del volante, el cable del sensor de luces del parabrisas no está sujeto y cuelga (delante del espejo retrovisor interior), los parasoles se doblan más de lo normal y la sujección de las gomas de aislamiento de las puertas no parecen todo lo firmes que deberían ser, pensando en su durabilidad a largo plazo.

No me olvido del cofre central, con bordes de plástico sin pulir que pueden provocar arañazos leves en la piel si no andamos con cuidado, como en el Dodge Caliber. A propósito de la guantera, no dispone de iluminación.

No busco enfadar a propietarios ni responsables de Chrysler, pero todos estos detalles deberían estar más cuidados en una berlina que se enfrenta a pesos pesados del segmento y mejor hechos. Por otra parte, no todo es criticable en este coche, ni mucho menos.

La variedad de color es atractiva, así como el empleo puntual de mejores materiales, por ejemplo en el aro del volante. Hecho de símil Carey, es tan suave como la piel de un recién nacido, ¡insuperable!, nos encantará tocarlo. El tapizado de los asientos (de cuero en esta ocasión) es muy suave y agradable, si bien es cierto que falta sujección lateral en los asientos en ciertas curvas y que al ser tan lisos se favorece el efecto submarino si no estamos correctamente sentados.

La habitabilidad es uno de sus puntos fuertes, pues incluso permite que 5 adultos vayan cómodos, aunque el pasajero central trasero no tiene demasiado sitio para las piernas, pero sí para sus posaderas, a menos que sea un poco orondo. Puede mejorar el carácter práctico, pues por ejemplo no tenemos asideros laterales en las plazas delanteras, pensando en gente mayor o con alguna dificultad para acceder al coche. Los huecos portaobjetos de las puertas se quedan un poco cortos y no resuelven gran cosa.

En el Sebring se viaja bien, si el asfalto no está mal cuidado, pues la suspensión tiene tendencia a meter imperfecciones del firme en el habitáculo por su dureza en el recorrido de compresión, o por la sonoridad/rumorosidad de fondo del motor turbodiesel de origen Volkswagen, si bien está más disimulada que en un Golf o Jetta. Los amigos a superar los 120 Km/h deben saber que en 6ª el motor gira a 2.500 RPM a ese ritmo.

El confort térmico es estupendo, aunque el diseño del climatizador parece de segmento inferior por su aparente simplicidad. La calefacción es prácticamente instantánea, y el aire acondicionado no resulta molesto a menos que lo pongamos a máxima potencia. En invierno, esos asientos calefactados delanteros se agradecen mucho, así como los espejos retrovisores con función de desempañado. Lástima que no tenga limpialuneta trasero, pues con lluvia la visibilidad se compromete un poco.

Se agradecen detalles de coche de lujo como el calentador/enfriador de bebidas, las inserciones en símil Carey, metalizados, el reloj analógico, o el ajuste eléctrico de los asientos.

Por último, hay que hacer justicia a su equipo de sonido. Los altavoces de Boston Accoustics (de serie) suenan de cine, sólo le falta tener Surround. Un apunte para sibaritas: o el equipo de sonido concreto de mi unidad no tenía reproducción aleatoria o no la supe encontrar ni con el manual en la mano. Reproduce MP3/WMA, carga hasta 6 discos (369 €) y tiene una toma auxiliar para iPod o similares.

El ronroneo del diesel deja de ser una molestia por leve que sea con su equipo de audio, y quitando esta fuente de ruido me pareció un coche silencioso, aunque los neumáticos no eran los más adecuados para este propósito (Kumho ECSTA KH11 de medidas 215/55 R18).

¿Qué hay de su maletero? Para empezar, no tiene una capacidad para tirar cohetes, pues tiene una capacidad de 394 litros, y se antoja pequeña si nos fijamos en algunos compactos sedanizados como el Ford Focus Sedán o Volkswagen Jetta o mismamente, con sus rivales, por encima de los 400 litros y pico. Además, las formas del espacio de carga son irregulares y la boca de carga no es muy adecuada para objetos grandes.

Un punto a favor de este maletero es que si alguna vez tenemos el infortunio de ser secuestrados en un Chrysler y recuperamos la consciencia, podemos accionar el dispositivo antisecuestro. Con total oscuridad vemos el tirador, el cual nos permite abrir el maletero y huír, aunque el coche esté cerrado. Si tu negocio es el del rapto de personas, mira mejor otro coche nada, nada.

Contamos con una rueda de repuesto de tamaño emergencia bajo el plano de carga. Si tenemos un reventón, no nos quedamos tirados como un coche con Runflat, pero ya se sabe, no pasar de 80 Km/h.

En el próximo post, analizo el comportamiento y el motor 2.0 turbodiesel de 140 CV, el único asociado al acabado más alto, Limited, que ha sido objeto de este análisis.

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