Conducción eficiente con Audi R8 4.2 FSI

Más de uno lo vino venir cuando dije que me había subido en el R8 que probó Héctor Ares, sí, hice conducción eficiente con él. Después de la sesión de fotos y tras haberlo catado, llegó el momento de ver qué era capaz de hacer semejante bicho. Con el cambio R tronic homologa menos consumo, 13,7 l/100 km, así que es la versión que menos gasta.

La conducción no se hizo estrictamente a los límites legales, sino por debajo de los mismos. Me marqué el objetivo de bajar a 10 litros, sin saberme de memoria cuánto gastaba en aquel momento.

Apuntaba maneras, a Héctor le estaba haciendo una media de 18 litros, pero hay que ser justos, le achuchó un poco y le hizo recorridos por ciudad, condiciones en las que chupa a lo bestia.

Sé que su motor no es el más indicado para gastar poco, hablamos de 4.163 cc y ocho sedientos cilindros. La admisión es atmosférica, pero la inyección es directa en la cámara (FSI), de modo que si se lleva con cuidado puede ser muy eficiente. Procuré ir casi todo el tiempo por debajo de 3.000 RPM, cuando ofrece algo menos de 120 kW (163 CV) según la curva de par oficial.

El recorrido fue Torrelodones-Getafe por A-6, M-50, M-503, M-40 y M-45. Mi elección fue cambiar manualmente, para forzar siempre al motor a girar al mínimo número de revoluciones. Cuando la aguja del tacómetro va tan abajo los cambios no son tan suaves como cuando se hacen a altas revoluciones, pero sigue siendo suave.

No fue necesario ir a rebufo de los camiones o los autobuses, ya sólo manteniendo la distancia de seguridad el consumo baja un poquito, como hablamos de un motor tragón se nota. También reparé en aspectos secundarios para minimizar el gasto, y no, no plegué los retrovisores.

El equipo de sonido Bang & Olufsen suena de maravilla, pero a todo volumen añade esfuerzo al alternador, así que lo rebajé a un nivel agradable y para oír mejor el motor. La calefacción a tope con el ventilador apagado y por supuesto, el compresor del A/C desconectado. Con el frío que hacía, era tontería.

La aerodinámica también es importante para reducir el consumo, de modo que puse la suspensión en modo “Sport” para que el coche fuese más cercano al suelo y bajé el alerón. A menos de 120 km/h me frenaba más que ayudarme. Poco a poco, la media iba bajando más y más, sin esfuerzo ya bajó de los 13,7 l/100 km oficiales.

Dicha media es muy razonable conduciendo a los límites legales. Pese a lo que pueda parecer, no es muy distinto al consumo que me hizo el Corvette C6 6.2 V8 conduciendo a 135 km/h en los tramos donde legalmente fue hacerlo en la presentación que tuve en Francia el año pasado. No diré que el C6 gasta menos que el R8, pero anda ahí ahí.

Para bajar de 11 litros ya fue necesario procurar acelerar sólo cuesta abajo, para aprovechar mejor la gravedad. Hubo un par de momentos que casi me estropean la media, que tuve que pisar a fondo para resolver una situación de cierto riesgo en la que me habían metido otros conductores al hacerme un pequeño sandwich. +0,5 en un momento, la madre que les parió... ¡Qué mala es la envidia!

Me iba acercando a mi objetivo de 10 litros, pero se estaba resistiendo. Confié en que los desniveles que me esperaban me fuesen favorables. Mientras tanto, en el coche manteníamos una temperatura agradable, nada de ir sudando ni cosas por el estilo. Ya en las cercanías de Getafe, el medidor llegó a la cifra mágica buscada, y de ahí no bajó ni una décima. ¡Tenía que haberme apostado algo!

Quedaban por delante unos dos kilómetros de circular a poca velocidad (enlaces de autovías y zona urbana), y se mantuvo en 10,0 l/100 km hasta llegar a destino, que subió a 10,1 l/100 km por haber esperado en un semáforo. La velocidad media del recorrido fue entre 80 y 100 km/h, no fui tan despacio como estábais pensando.

Dejando el humor al margen, la conducción eficiente no es ninguna tontería, y si se tiene un coche que consume mucho la diferencia es más palpable. En un R8, la diferencia de 18 l/100km a 13,6 l/100 km es hacer 416 km o 551 km. Con la media de 10 litros, que no es muy fácil de lograr, la autonomía sube a 750 km, ¡casi nada!

Por otro lado, como el pequeñín necesita gasolina de 98 octanos para tener sus prestaciones al nivel que se le exige, es más importante dosificar adecuadamente el acelerador. El que se compra un coche como este no es para ir todo el día a fuego aunque tampoco para conducirlo como un dCi de 65 CV.

Pero eso sí, demostrado queda que se pueden obtener consumos muy satisfactorios incluso con coches que superan los 120.000 euros con 420 caballos. El secreto consiste básicamente en utilizar únicamente la parte de la cuadra que es necesaria, y reservar los demás para cuando toque. El dato oficial de consumo extraurbano es 9,6 l/100 km. Si no se pasa de 90 km/h lo veo incluso posible.

Fotografía | Héctor Ares, Audi
En Motorpasión | Audi R8 4.2 FSI R tronic, prueba

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