Después de media vida evitando lavar el coche en túnel de lavado automático, un experto me ha dado la razón: los rodillos dañan la pintura

La alternativa rápida y menos dañina son los lavados a presión, pero el secado ha de hacerse a mano

Daniel Murias

Mantener el coche limpio es a menudo una tarea más que hacer. Entre que no apetece hacerlo y no siempre se dispone de una zona para lavarlo uno mismo, la mayoría optamos por la solución más fácil: el túnel de lavado

Aunque sin duda es cómodo, el túnel de lavado presenta, por desgracia, problemas que podrían causar un desgaste innecesario en el exterior de nuestro coche. Dependiendo del tipo de lavado automático, podrían aparecer arañazos, marcas circulares visibles y daños en la pintura. 

Túnel de lavado: la solución rápida, pero no siempre recomendable

El eterno dilema de si es bueno o no lavar el coche en el túnel de lavado, con sus rodillos que han pasado por centenares de coches antes que el nuestro, no tiene una respuesta fácil. En principio, el lavado del coche con rodillos no daña la carrocería si el centro de lavado está equipado con rodillos de microfibra o espuma que atrapan la suciedad sin rayar la superficie. Es decir, todo depende del túnel de lavado y de su mantenimiento.

Al final, ante la duda y viendo el estado de los rodillos en muchas gasolineras, tenemos que pensar que el mantenimiento y la limpieza de los rodillos es mínimo. “A menudo las cerdas están muy deterioradas y no se sustituyen porque el repuesto es muy caro”, explica Manuel Carrasco, de Car Wash CR, en Mallorca. Los túneles de lavado automáticos son así una de las principales fuentes de microarañazos en un coche. 

Los rodillos, aunque se limpian con regularidad, acumulan en las cerdas a lo largo del día residuos de toda clase e incluso fragmentos de pintura de los coches que han pasado antes. Con cada pasada, estos rodillos abrasivos dejan finos microarañazos

Lo que para cualquiera parece una limpieza, en realidad puede traducirse en que estos cepillos froten los residuos por toda la superficie de la carrocería, lo que puede crear pequeños arañazos que a veces parecen remolinos en la pintura impidiendo que la luz se refleje en una carrocería lisa y brillante. Una solución podría ser lavar uno mismo el coche en un lavadero con pistolas a presión.

El lavado de coches a presión parece ser una opción más suave que los rodillos, pero puede dañar fácilmente la carrocería si se utiliza incorrectamente. Un chorro demasiado potente, demasiado cercano o mal orientado debilita la capa de barniz protector. 

Este barniz, esencial para garantizar el brillo y proteger la pintura de las agresiones externas, pierde entonces su eficacia. El resultado es una pintura que se apaga y resulta difícil recuperar un brillo uniforme sin recurrir posteriormente a un pulido y abrillantado de la carrocería, los cuales no suelen bajar de los 500 euros.

Además, aunque nada entra en contacto físico con el coche durante el lavado, estos chorros no pueden limpiar tan a fondo como otras opciones. Teniendo esto en cuenta, algunas instalaciones añaden jabones y productos químicos para mejorar el rendimiento de la limpieza. “Los productos no siempre se disuelven correctamente, y si el coche queda húmedo y le da el sol, aparecen manchas y se pierde el brillo”, asegura Manuel Carrasco.

A todo ello se añade la dificultad del secado. La tentación de dejarlo secar al sol o conduciendo es grande, pero una vez seco veremos la aparición de marcas de agua seca y manchas blancas. Esto se debe a que el sol seca el agua demasiado rápido, dejando residuos minerales en la carrocería. En estos casos, es importante secar el coche a mano con un paño suave o un gamuza. Es más laborioso que un túnel de rodillo y sus secadores gigantes, pero también mucho más seguro para el coche.

Imágenes | pixabay, Jan Kopřiva

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