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Carretera y manta a bordo del Toyota Land Cruiser

Los todoterreno siempre ha sido vehículos con pocas opciones en el mercado. Son coches muy especializados, cuya concepción requiere un compromiso en dos situaciones casi contrarias. En el asfalto, para una buena conducción, los requisitos son contrarios a los necesitados para circular fuera del mismo y afecta, obviamente, al desarrollo y configuración de cualquier todoterreno. Y decimos claramente ‘todoterreno’ y no 4x4, pues un automóvil con tracción a las cuatro ruedas puede ser de cualquier categoría y no necesariamente un todoterreno. Aunque eso seguro que ya lo sabéis.

Como íbamos diciendo, las lógicas limitaciones obligadas por concepción hacían de los todoterreno vehículos rudos, poco refinados e incómodos. Si bien es cierto que campo a través eran muy eficaces, en carretera su conducción no era tan placentera. Pero eso se dejó atrás hace mucho tiempo y la tecnología actual, permite reducir esos compromisos hasta dejarlos en pequeñas características o, como dicen algunos, defectos de su personalidad. Un todoterreno actual no tiene unos compromisos tan marcados y se permite el lujo de representar lo más exclusivo de la gama de un fabricantes. Situación que, precisamente, ocupa el Toyota Land Cruiser.

No es la primera vez que el Land Cruiser pasa por estas líneas y esperemos, no sea la última. Esto nos permite poder poner en práctica casi todo lo que se nos ocurra y además, comprobar que los todoterreno hace mucho que dejaron de ser coches poco finos y cómodos. De hecho, ese era el objetivo que nos habíamos propuesto esta vez, pisar mucho asfalto, aunque Toyota nos dejó un Land Cruiser Limited, una de las versiones más capaces de la gama y finalmente, no pudimos evitar someterlo a diversas situaciones. Pero, aprovechando la coyuntura, fueron situaciones totalmente opuestas o al menos, lo más opuestas posibles. Por un lado, la lisa y aburrida autopista, por otro, piedras por doquier.

Carretera y manta sin destino fijado

Circular por autopista o autovía no supone un problema especialmente grande para ningún coche moderno. Quizá lo que más pueda marcar la diferencia y dar forma a la situación sea el motor o el tamaño del depósito. Pero son cosas que en el Land Cruiser ‘van sobradas’. El motor no es un problema, aunque sólo exista una opción en la gama. Por tanto, es el mismo cuatro cilindros 2.8 diésel de 177 CV de última vez que pudimos conducir el Land Cruiser y el depósito tiene 87 litros. Las limitaciones en carretera las marcará nuestra forma de conducir, o eso al menos pensábamos. La realidad es otra bien distinta, hay muchos factores que influyen en la conducción del Land Cruiser por autopista y aunque se puede ir a fondo sin aparentes problemas, no es lo más cómodo. La inclinación de la carrocería en determinados momentos, el cabeceo al frenar fuerte, los movimientos generales de todo el conjunto cuando se realizan movimientos bruscos; señales que envía el coche para avisar de que hacemos las cosas mal son nota predominante durante todo el viaje.

Si en lugar de ir a fondo, bajamos un poco el ritmo, nos encontramos con un trasatlántico con el que cruzar el oscuro océano de la autopista como si el coche flotara. El Land Cruiser Limited nos pareció mucho más cómodo en carretera que la versión VXL, quizá también porque nos tomamos las cosas con más calma y no estuvimos buscando como ‘incordiar’ al coche. Podemos ir bastante alegres con el motor girando a pocas vueltas, con una rumorosidad totalmente nula y un confort enorme, sin padecer los movimientos molestos de la carrocería que aparecen cuando no te lo tomas con tanta calma.

En estas situaciones y circulando relajadamente (que no despacio), el Land Cruiser es tremendamente cómodo, mientras que se pueden contener los consumos entorno a los ocho litros. Estamos a los mandos de un aparato que supera los 2.200 kilos con una superficie frontal destacable, ya que mide 1.855 milímetros de anchura y 1.845 milímetros de altura. Ocho litros a los 100 kilómetros de media en carretera no es precisamente una mala cifra. Pero si aumentas el ritmo, el consumo se multiplica y deja de ser interesante correr. Los puertos de montaña o las carreteras con muchas curvas se pueden enfrentar sin problemas, pero como en autopista, circular demasiado rápido conlleva muchos e incómodos movimientos de la carrocería. Encontrar el término medio es la clave para darse cuenta que los compromisos de este todoterreno son, básicamente, los imprescindibles.

Piedras, piedras y más piedras

Después de varias horas deambulando por carreteras, nos marchamos a casa con la firme intención de no pisar el negro asfalto al día siguiente. Obviamente, es algo imposible de realizar, pero minimizamos las salidas a carretera todo lo posible, como ir a recoger a la fotógrafa y volver a dejarla en casa. El resto fue todo tierra. Bueno, en realidad fueron piedras de todos los tamaños. Nos propusimos buscar la situación contraria y nada mejor que sortear piedras tras circular por carretera. No fueron trialeras, ni mucho menos, estábamos convencidos de entregar el coche sin marcas, pero no estuvo exento de sus dificultades. O al menos nosotros creíamos que era dificultades, pero si Toyota tiene pensado dejarnos nuevamente un Land Cruiser, es posible que sí haya trialeras.

Escogimos un camino de tierra con bastante vegetación a los lados y poco transitado, donde te encuentras con una senda despejada y de golpe, una zona con piedras que corta el camino y no permite pasar. Una situación que buscamos adrede para comprobar si el Land Cruiser podía pasar por allí. En la primera intentona, con algo de miedo para no romper nada, el coche no pasó. Fue una sorpresa y una completa decepción, no nos lo podíamos creer. ¿De verdad no pasa? ¿Teníamos las expectativas demasiado altas? La anterior ocasión, el Land Cruiser nos pareció un cochazo, ¿qué está pasando?

Lógicamente, como cabe esperar, el problema éramos nosotros. Había un momento en el cual, la carrocería se inclinaba mucho y daba la sensación de no poder ir a más. Error total, pues después de echar marcha atrás y de cambiar el chip, el Land Cruiser nos llevó hasta el otro lado de la piedra sin problemas. Nada volvió a ser igual desde ese momento, no había límites y empezamos a subir el listón y las ambiciones. Tanto, que hubo momentos en los que nos dijimos a nosotros mismos: ‘ojo no la vayamos a liar, que a ver como le decimos a Toyota que hemos desparramado su Land Cruiser, de más de 70.000 euros, sobre un montón de piedras’.

Con los ánimos controlados, la diversión acaba de empezar. Hicimos el mismo recorrido muchas veces y cada nueva pasada, intentábamos superar el obstáculo por una zona diferente. El Land Cruiser se escorada, se movía, cabeceaba, pero pasaba por sitios que en un primer instante, no parecía posible. En una de las veces nos bajamos a sacar fotos y vimos, en primer plano, porque se escoraba tanto… la mitad de coche se encontraba subida en una piedra que, en un primer momento, no parecía gran cosa. Pero la otra mitad había terminado en una zona que separaba esa piedra de otra creando un fuerte desnivel. El coche estaba totalmente inclinado. Divertidísimo.

Muchas configuraciones para aprenderse en un par de días

Una de las cosas más llamativas del Land Cruiser Limited son las opciones de configuración. Diferentes modos para practicar Off Road, con diferentes niveles cada uno. Posibilidad de desconectar la barra estabilizadora, aumentar la distancia al suelo, bloqueo de diferenciales, reductora; demasiadas opciones para familiarizarse con todas ellas en tan sólo un par de días. Por ejemplo, el sistema ‘Multi-Terrain Select’ tiene varios modos de funcionamiento: Mud & Sand, Loose Rock, Mogul, Rock & Dirt y Rock. Además, el ‘Crawl Control’ permite seleccionar la velocidad a la que se circula en situaciones complicadas y es capaz de permitir que el Land Cruiser salga de lugares muy complicados. No llegamos a necesitarlo, pero ahí estaba por si acaso.

La verdad es que no hicimos tantas barbaridades como para llegar a notar las diferencias de funcionamiento de cada modalidad, tendremos que pedirle a Toyota que nos deje el coche más tiempo. Pero lo que está claro es que se tienen bastante posibilidades de configuración y se hace necesario un pequeño estudio para conocer todas y cada una de ellas, así como su funcionamiento y posibilidades de combinación.

El Toyota Land Cruiser no es un SUV, es un todoterreno y te pone las cosas fáciles para que abandones el asfalto y te aventures más allá del horizonte. Nosotros lo hicimos, nos dejamos llevar y disfrutamos de lo lindo. Totalmente recomendable.

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