Dos criterios que te ayudarán a elegir en la compra de un coche de segunda mano

La movilidad eléctrica avanza a pasos agigantados en los últimos años. Una tecnología con un combustible barato, poco contaminante y que empieza a fabricar coches con una autonomía suficiente para viajes largos.

Pero el camino hacia la practicidad de esta tecnología se está haciendo largo y se han lanzado al mercado coches eléctricos con una buena autonomía en sus características, pero que no se corresponde con su rendimiento real. Por eso, al comprar un coche de segunda mano debemos tener cuidado con la etiqueta eléctrico y estudiar bien las propiedades que tiene el coche para no llevarnos una desagradable sorpresa.

Distinta vara de medir

En el mundo de los coches existen dos protocolos que sirven para medir el consumo y emisiones para su homologación. Estos protocolos son el NEDC y el WLTP.

Ya hemos hablado de estos protocolos en algún artículo de Motorpasión, pero básicamente las condiciones en las que se realizan las pruebas en el NECD son más favorables que las que se dan con el protocolo WLTP, por lo que las cifras de autonomía de la primera serán mayores que las del protocolo WLTP. Desde 2022 será obligatorio usar el protocolo WLTP en España, dejando de lado el más permisivo NECD.

Esto importa y mucho en los coches eléctricos, ya que mide un aspecto tan fundamental como su autonomía, principal talón de aquiles, cada vez menos, de este tipo de vehículos. No nos podemos fiar del dato de autonomía que nos indica el fabricante, ya que siempre va a ser inferior en conducción real, pero si el consumo está medido con NECD, las diferencias son todavía más notables.

100 kilómetros de diferencia de autonomía en un coche eléctrico es una diferencia abismal, que puede hacer cambiar el planteamiento de tener o no el coche.

Al comprar un coche eléctrico de segunda mano hay que tener en cuenta cuánto se conduce normalmente, dónde disponemos de punto de carga y, en el caso de que se haga algún viaje largo, saber que tenemos un kilometraje limitado y que cargar el coche no es tan rápido como echar gasolina. Todo calculando por abajo el dato de autonomía y mucho más si está medido con el sistema NECD.

Las baterías, otro aspecto a tener en cuenta

Las baterías son uno de los elementos más caros en este tipo de coches, tanto es así que en algunos casos, la batería de estos coches se alquilan a la marca y no son propiedad del conductor.

Poniendo como ejemplo el Renault Zoe, la batería de este coche cuesta 7.500 euros de sobrecoste sobre el precio de fábrica del vehículo, la sustitución en el taller ronda los 5.000 euros. El alquiler de la batería más básica cuesta 59 euros al mes con 7.500 kilómetros al año, teniendo que pagar 10 euros adicionales por cada 2.500 kilómetros más.

Como ocurre con la de los móviles, las baterías van perdiendo propiedades y capacidad con el paso del tiempo, por lo que no se puede establecer una duración en tiempo y uso. Estas baterías tienen de vida útil unos 3.000 ciclos de carga y descarga completos. La mayoría de marcas ofrecen una garantía de 8 años o 160.000 kilómetros en sus baterías.

En el caso de que el dueño del coche haya decidido optar por el sistema de alquiler, no hay ningún problema con el cambio de dueño, ya que no hay una cláusula de permanencia. Se rescindiría el contrato con el antiguo dueño y se haría uno con el nuevo propietario.

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