
Luis Miguel García, con casi cincuenta años de oficio en su taller de Alcalá de Henares, explica por qué la batería es la avería que más engaña a los conductores.
El verano no solo trae el sol y las vacaciones, sino también un enemigo silencioso para los coches: el calor extremo que acelera el deterioro de la batería. Mientras muchos conductores asocian los fallos de batería con el frío invernal, la realidad es que el daño comienza meses antes, bajo las altas temperaturas.
Luis Miguel García, con casi cincuenta años de experiencia en el sector, que comparte en el canal 'A pie de Taller', lo ha comprobado una y otra vez. Desde su taller en Alcalá de Henares, donde trabaja junto a su familia, ha visto cómo el calor del verano debilita las baterías hasta el punto de que, cuando llega el invierno, el frío solo termina de revelar un fallo que ya era inevitable.
La batería, más vulnerable de lo que parece por el calor
Cuenta en una entrevista en La Vanguardia, como el verano pone a prueba componentes clave. El sistema de refrigeración es uno de los más afectados con fugas en el radiador, mangueras agrietadas por el calor, bombas de agua que pierden eficacia o termostatos que dejan de regular la temperatura. A esto se unen el aire acondicionado, que trabaja al límite cuando el conductor menos tolera un fallo, y los neumáticos, que en asfalto caliente castigan cualquier error en la presión.
Sin embargo, hay un fallo que desafía la percepción general. Los fallos de batería suelen asociarse al invierno, a los problemas de arranque en días fríos. García aclara que el frío no es el origen del fallo, sino el detalle que lo hace evidente. La degradación interna, que reduce su capacidad, se acelera con el calor. Una batería que ha sufrido altas temperaturas durante el verano llega al invierno ya debilitada; el frío solo confirma un daño acumulado durante meses.
Esta desconexión entre causa y efecto explica por qué muchos conductores creen que su batería ha fallado de improviso. Rara vez es así.
García subraya que el coche emite señales antes de averiarse, aunque pasen desapercibidas. Un motor que supera ligeramente su temperatura habitual, un aire acondicionado con menor rendimiento, un olor extraño en el interior o pequeñas fugas de refrigerante son advertencias que, con frecuencia, llegan demasiado tarde al taller. Otro indicio ignorado es el electroventilador funcionando sin interrupción, un síntoma que se menosprecia porque el vehículo sigue en marcha.
Entre las averías que más le preocupan está el sobrecalentamiento del motor, que suele comenzar con algo aparente menor. como una fuga leve o una bomba de agua que ya no tira tanto.
El conductor decide seguir rodando al considerar el problema controlable, y esa elección convierte una reparación sencilla en un fallo grave, con riesgo para el bloque del motor.
Su recomendación para quienes planean recorrer largas distancias este verano es simple y sin segundas intenciones. Una revisión previa al viaje debe formar parte de la preparación, al igual que organizar la ruta o hacer el equipaje. No se trata sólo de evitar gastos imprevistos en carretera, sino de garantizar que lleguemos a nuestro destino sin incidentes.
Imágenes | A pie de taller
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