
Hace décadas se utilizaba esta técnica para consumir menos, pero era muy peligrosa
Ahora directamente no tiene sentido
Los coches han evolucionado constantemente a lo largo de la historia y esa tecnología que han ido incorporando con el paso de las décadas ha hecho que también evolucione nuestra forma de conducir.
Algunas técnicas de conducción que tenían cierto sentido en el pasado, se han quedado completamente desfasadas en los coches modernos. Poner punto muerto en las bajadas para ahorrar combustible es el ejemplo perfecto de una técnica que ha caducado.
La base: ahorrar un poco de gasolina a cambio de multiplicar las posibilidades de matarte
Si has hablado con alguna persona mayor de cómo ahorrar gasolina, es posible que te haya hablado de una técnica que antes era muy común: poner punto muerto en las bajadas. En su día tenía cierto sentido, pero ahora no sirve para nada, es más, es muy peligroso.
Tenía cierto sentido porque hace años (muchos años), casi todos los coches tenían carburador, un elemento mecánico que se encarga de inyectar combustible en el motor de una forma puramente física.
Cuando un coche con carburador circula cuesta abajo y se levanta el acelerador con una marcha puesta, la inercia hace que las ruedas muevan el motor a muchas revoluciones y eso provocaba que el carburador metiera combustible al motor, de manera que el coche seguía consumiendo, a pesar de no pisar el acelerador.
En cambio, en punto muerto, las ruedas no mueven el motor en una cuesta abajo porque la transmisión se desacopla de la mecánica, de manera que el único consumo que hay cuando se levanta el acelerador en esas circunstancias es el que tiene el motor al ralentí y, por lo tanto, se gasta mucho menos que con una marcha metida.
Lo malo es esa técnica para ahorrar gasolina impedía utilizar el freno motor, por lo que la única forma de controlar la velocidad y de decelerar en una bajada en esas circunstancias es frenar.
Si la bajada es muy pronunciada, los frenos se pueden calentar y dejar de funcionar, de manera que el intento de ahorrar combustible puede acabar en siniestro.
Muchos conductores mayores siguen pensando que esta técnica es buena para ahorrar, pero no tienen algo en cuenta: las carreteras españolas ya no están llenas de SEAT 127, Renault 7 y Simca 1000 con carburador, sino de coches con inyección electrónica. Desde finales de los años 80 y principios de los 90, todos los coches del mercado tienen inyección electrónica.
A diferencia de la carburación, la inyección electrónica utiliza un cerebro electrónico o ECU para calcular en todo momento cuánto combustible inyectar en el motor.
Si no se pisa el acelerador y hay una marcha metida, la cantidad de combustible que inyecta es cero, independientemente de que el coche vaya cuesta abajo: corta inyección. Además de no consumir nada, funciona el freno motor y se quita mucho trabajo a los frenos.
Sin embargo, si se quita la marcha y se pone punto muerto, el suministro de combustible se reanuda para mantener el motor al ralentí, por lo el coche vuelve a consumir y no se puede utilizar el freno motor, dejando todo en mano de los frenos y dando lugar a su posible sobrecarga por calentamiento y fatiga para dejarlos fuera de juego, con el riesgo de accidente que eso implica.
Imágenes | SEAT y Citroën
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