
La DGT estrena este verano 15 radares de nueva generación capaz de controlar hasta seis carriles a la vez.
Cada verano, la misma sensación. Hay más controles en carretera. En el fondo es normal, a mayor cantidad de desplazamientos, más riesgos y por tanto más controles. Pero no es una apreciación subjetiva.
Según los datos de la comunidad Coyote (el avisador de radares colaborativo), los usuarios detectan durante el periodo estival un 12% más de radares fijos y un 29% más de radares móviles que durante el resto del año, lo que supone un incremento conjunto del 41% en la exposición a este tipo de controles. La carretera en julio y agosto se vigila más que en cualquier otra época del año.
Más desplazamientos, más controles de velocidad
Detrás de esa subida hay una estrategia concreta de Tráfico, centrada en los tramos en obras con radares asignados específicamente para estos controels. La DGT ha activado una campaña especial de vigilancia en los tramos de carretera en obras, prestando especial atención a la velocidad, las distracciones, los adelantamientos indebidos y los cambios bruscos de carril, con el objetivo de proteger tanto a los usuarios de la vía como a los operarios que trabajan junto al tráfico.
El despliegue se apoya en radares móviles, instalados en pasos estrechos, calzadas modificadas y túneles en obras donde el límite temporal baja a 60 km/h. Esta estrategia, en términos de multas, está más que probada. El año pasado, en solo seis días de control se sancionaron a más de 10.000 conductores, y ocho de cada diez vehículos controlados en estos tramos superaban el límite establecido.
La escala de sanciones no varía respecto a la habitual por exceso de velocidad, pero en obras este límite de 60 km/h reduce el margen a partir del cual salta el radar. Este margen es de 3 km/h si viajamos a una velocidad por debajo o igual a 100 km/h, y si superamos esta velocidad será de un 3%. Es decir, en un tramo de obras, la multa llegaría a partir de los 63 km/h.
Recordemos que superar el límite entre 21 y 30 km/h supone una multa de 300 euros y la retirada de 2 puntos; entre 31 y 40 km/h, la sanción sube a 400 euros y 4 puntos; entre 41 y 50 km/h, a 500 euros y 6 puntos, y para excesos de entre 51 y 60 km/h, la multa alcanza los 600 euros y 6 puntos.
A esto se suma un nuevo salto tecnológico que entra en servicio precisamente este verano. La DGT ha invertido 1,02 millones de euros en 15 radares ultraligeros que se esconden tras señales de tráfico, hitos kilométricos o quitamiedos y controlan hasta seis carriles a la vez.
Pesan menos de dos kilos, no requieren vehículo rotulado y, al tratarse de cinemómetros móviles, no existe obligación legal de señalizar su ubicación. Su despliegue masivo arranca entre julio y agosto, coincidiendo con las operaciones salida y retorno, justo cuando el tráfico de larga distancia satura las principales vías.
Imágenes | Pexels, DGT
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