
Por qué una radiografía vieja o varias gafas de sol superpuestas no sirven, y qué hacer si vas a parar el coche para ver el fenómeno.
El 12 de agosto, España vivirá un eclipse solar visible al completo en el país de oeste a este y pasando por A Coruña, Oviedo, León, Burgos, Soria, Zaragoza y Teruel, entre otras. Será la primera vez en 121 años que un eclipse total se observa desde España, y la franja de totalidad recorrerá amplias zonas del norte del país. Con el tráfico de curiosos en carretera ese día, el riesgo no se limita a los que se detienen en el arcén para ver la luna pasar delante del sol: empieza en la tienda donde compras las gafas.
Mirar al sol sin protección adecuada provoca daño ocular permanente en cuestión de segundos. No duele en el momento, así que muchas víctimas no notan la lesión hasta horas después.
Las gafas de eclipse no son gafas de sol y no sirven para conducir
Si el eclipse te pilla conduciendo, las gafas de sol de siempre no te van a ser de ninguna utilidad. Y para colmo se teme que el mercado se llene de gafas "de eclipse" que no filtran nada. La única garantía real es que el producto cumpla la norma ISO 12312-2:2015, certificada por laboratorio. Una gafa homologada bloquea el 100% de la radiación ultravioleta e infrarroja y filtra más del 99,999% de la luz visible.
¿Cómo comprobar si la gafa es segura antes de pagar? El código debe figurar impreso en la propia gafa o en el envase, no solo en la publicidad, por ejemplo. Busca el texto exacto "ISO 12312-2" o "ISO 12312-2:2015"; cualquier formulación ambigua como "protección UV" no certifica nada. El marcado CE acompaña a la certificación ISO pero no la sustituye.
Antes de usarlas, revisa que el filtro no tenga arañazos, perforaciones ni dobleces. Un filtro dañado deja pasar luz suficiente para lesionar la retina aunque la gafa esté homologada. Y no te las quites mientras quede un punto mínimo de sol visible: sólo durante la fase de totalidad absoluta, que en 2026 durará entre 1 minuto 36 segundos y 1 minuto 50 segundos según la localización, se puede mirar a simple vista.
Para quien conduzca ese día, el aviso es doble. No te pongas las gafas de eclipse al volante, reducen la visión general a niveles tan bajos que la visibilidad es tan reducida que no se puede circular con ellas puestas. Tampoco te pares en el arcén o el carril bus para mirar al cielo. Si quieres detenerte, hazlo en un área de servicio o aparcamiento fuera de la calzada. Además de peligroso, puede suponer una multa de 200 euros.
Las radiografías viejas, los CD, un cristal tintado o varias gafas de sol superpuestas no filtran la radiación infrarroja y dan una falsa sensación de seguridad. El ojo deja de molestar por el exceso de luz visible, pero el daño térmico en la retina sigue produciéndose.
La única vía segura es una gafa con código ISO 12312-2 verificado por laboratorio independiente, la misma recomendación que sostiene la American Astronomical Society, autora de la norma, y la NASA.
Imágenes | Jongsun-Lee, Andrea Piacquadio, Nasa Bill Ingalls
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