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Al volante del Toyota RAV4 Adventure: una acepción muy literal de la palabra todocamino

Tierra, barro, piedras, roderas, hormigón, grava, gravilla, polvo, arena y asfalto (si a eso se le puede llamar asfalto)... si hay algún SUV al que no le molesten estos inconvenientes, sino que se motive sin importar lo que hay bajo sus ruedas, ese es el Toyota RAV4 en su variante Adventure. Así lo hemos comprobado.

El acabado Adventure del Toyota RAV4 Electric Hybrid que hemos podido disfrutar muestra una potente vocación híbrida, y no nos referimos solo a su motorización.

El fabricante nipón ha aprovechado la fisonomía del SUV para acercarse a la frontera de los todoterrenos de manera más que solvente. Lo hemos saboreado en primera persona durante los kilómetros que pasamos alejados del asfalto.

Esta unidad 4x4 comparte el esquema de propulsión trail de las dos variantes híbridas enchufables del Toyota RAV4 plug-in. Si bien no alcanza el desenfreno eléctrico que prestan los 306 CV en la versión enchufable, la puesta a punto del fabricante lo convierte en una especie mejor adaptada para perderse entre pistas, quebradas y, en general, cualquier tramo que suponga un mínimo desafío fuera del asfalto.

Invita a ello. Podríamos decir, sin demasiado miedo a equivocarnos, que dentro de su segmento es de lo más destacados en la asignatura trail. De hecho, dejaría en evidencia a algún que otro SUV con imagen de forajido de los caminos, pero que, a la hora de la verdad, no puede "ni bajar las escaleras de su casa".

dentro de su segmento es de lo más destacados en la asignatura trail

En nuestra prueba pudimos verificar que la posibilidad de surcar terrenos variados se conjuga con la integración de la fórmula híbrida made in Toyota (Aichi). Esto lo convierte en un vehículo intermedio (re-híbrido, como apuntábamos), que  nos permite también viajar por carretera sin que se vea penalizado por las cifras de consumo que le darían su volumen y masa de no montar su sistema híbrido con dos motores eléctricos, uno en cada eje. Además de eso, en su interior conserva el talante algo más familiar y de confort, propio del RAV4 Electric Hybrid más conocido.

Caminero también en la estética

Pero antes de hablar de lo que fue capaz de ofrecernos, hay que mencionar de forma obligatoria que el SUV destaca sobremanera por ciertos detalles de su diseño.

Ocurre incluso si lo comparamos con sus compañeros de gama, los "otros" RAV4, versión híbrida enchufable incluida. Para aderezar la personalidad AWD-i, el fabricante le ha obsequiado con algunas variaciones estéticas que favorecen su presencia y le otorgan cierto toque de agresividad. Resulta similar a la comparación de la zapatilla de runner de ciudad, con la de una de un corredor que se mueve entre el monte y el asfalto.

Es algo, por cierto, en lo que Toyota siempre ha mostrado especial dedicación, como una marca que no se limita a la funcionalidad y que demuestra cariño hacia sus modelos. Así lo hemos visto con cada lanzamiento GR SPORT o con sus colaboraciones.

una marca que no se limita a la funcionalidad y que demuestra cariño hacia sus modelos.

A este Toyota RAV4 Adventure le han dado un toque de picante campero al frontal,  queriendo recoger con un paragolpes metalizado elementos como los faros antiniebla y su parrilla ("muy Tacoma")  protegiéndolos así de las salpicaduras o el salto inesperado de cantos y guijarros.

El paso de ruedas, las llantas de 19 pulgadas y las gomas se refuerzan, no tanto pensando en sofisticar la estética con bellas y brillantes geometrías, sino con radios dobles y vigorosos para sus propósitos, con un aire que llega a rozar lo castrense.

Todo se encuentra dentro de la lógica de su personaje. En lo material, este acabado Adventure presenta un centímetro más de altura libre al suelo que sus otros compañeros de gama, pasando de 190 mm a 200 mm. Es, además, 15 mm más largo y 10 mm más ancho.

El color bi-tono de la carrocería culmina esa imagen intrépida. El fabricante solo lo ofrece, de momento, en color Urban Khaki (que de urban, no tanto). A nosotros nos pareció que, mientras que esa tonalidad caqui, más militar para camuflarse, sintonizaba con sus aguerridas posibilidades, la Dynamic Grey superior en el techo y sus pilares nos recordaba que, evidentemente, no es un "solocamino"; y eso que este último toque cromático, según el fabricante, es un guiño al Toyota Land Cruiser.

El mundo que nos rodeaba se encargó de confirmarnos estas especulaciones. Muchos de los conductores de otros RAV4 con los que nos cruzábamos no dejaban de posar la mirada sobre el modelo. Incluso uno nos llegó a preguntar, con el vehículo detenido, por la versión.

Un interior muy RAV4

Si las diferencias en el exterior son visibles, su interior se ha concebido para favorecer el confort, algo que comparte con el resto de acabados. Lo mismo ocurre con su habitabilidad o los idénticos 580 litros de volumen de su maletero con portón de apertura automática. También se aprecia en la posición superior y de control en el puesto de conducción.

Presenta hasta tres tipos controles para configurar unos asientos en los que el toque más distintivo lo aporta el diseño. A juego con el caqui exterior encontramos un pespunte naranja que recorre sus costuras y las de todo el habitáculo.  No es causal. Lo diferencia y le da la misma identidad que el rojo le otorga a la serie GR SPORT.

El naranja, aunque no tiene equivalente en el panel de instrumentos o la ruedecilla central (que se ilumina en consonancia al modo de conducción elegido) como modo de conducción, le da un tono cálido y menos agresivo que el encarnado GR. Recuerda al color del camino.

Conduciendo el Toyota RAV4 Adventure: Atracción a las cuatro ruedas

Durante la conducción, nos fuimos percatando de esas diferencias también influían en cierto modo en la conducción. En el plano mecánico, el acabado Adventure no presenta "casi" ninguna novedad. La cifra de potencia final se eleva mínimamente para alcanzar 222 CV, partiendo de un motor de gasolina tetracilíndrico de 2.5 litros, combina inyección directa e indirecta y desarrolla por si solo 177 CV.

El resto de la energía que mueve al Toyota RAV4 Adventure proviene de dos motores eléctricos: uno en el eje delantero a la vera del atmosférico, y otro independiente en el eje trasero.

Este es el punto más diferenciador en su concepción. No existe conexión física entre los propulsores del tren delantero y trasero. Es una fórmula que habíamos probado recientemente porque Toyota la había exportado, de forma tímida, al Toyota Yaris Cross Adventure.

No existe conexión física entre los propulsores del tren delantero y trasero

Ahora bien, mientras el motor trasero del Yaris Cross se queda en 5 CV, el del RAV 4 Adventure se eleva hasta los 54 CV y es capaz de aportar un 30% más de par a su eje. Y así se percibe si seleccionamos en el panel de instrumentos el gráfico que nos comunica la información instantánea sobre la tracción en cada rueda.

La gestión electrónica e-CVT se encarga de rematar el trabajo energético entre motores y ejes, en función de lo que se demanda en cada momento. A nosotros, desde el puesto de conductor, solo nos queda elegir entre modos de conducción (ECO, Normal y Sport) y el botón Trail.

En este modelo, esta última opción cuenta aún más y, por cierto, se desconecta si apagamos el vehículo. La presencia del motor eléctrico trasero se hace notar, incluso parece aportar más de lo que podríamos esperar por su cifra de potencia.

En carretera de asfalto y hormigón

Con estas especificaciones técnicas sobre la mesa y nada más recoger el modelo, decidimos no precipitarnos y aguardar a abandonar el asfalto para desentrañar cómo se desenvolvía en carretera. Todo ello tras un tramo entre vía urbana y autovía en la que el modelo muestra las mismas ventajas de confort que los otros con los que comparte apellido.

Estamos ante una configuración del RAV4 específica. Tras abandonar la sede de Toyota, nos dirigimos hacia el Norte para tomar la icónica vía madrileña que une Colmenar Viejo y Hoyo de Manzanares, que posee un inigualable tramo central de flancos hormigonados. Se trata de un trazado comprometido, donde se suceden curvas cerradas, desniveles de entidad y poca visibilidad.

Antes de afrontarla, nos vino el recuerdo con las pruebas del Toyota RAV4 plug-in. En este tipo de recorridos, era casi obligatorio contener la emoción que brindan sus 306 CV. En el caso de los 222 CV de esta versión, la contención se rebajó a prudencia. Aunque, dicho sea de paso, este Toyota RAV4 Adventure tampoco tiene tanto que envidiar: alcanza los 100 km/h en 8,1 segundos.

Nos vimos atrapados en una paradoja. Por una parte, notamos más ligereza y balanceo. Hemos de reconocer que, dada su concepción campera y el puesto de conducción SUV en su esencia por el confort, no invita a incurrir en alardes de deportividad. Para eso habríamos deseado una suspensión algo más firme, una dirección más elocuente y transitar más cercanos del firme.

Por otra parte, es de justicia indicar que mantuvo con creces el control. La comodidad en la marcha nos resultó sobresaliente. Empezamos a degustar sus puntos fuertes. El paso por las zonas hormigonadas apenas se notaban.

Precisamente, en esta carretera, muchos conductores tienen la "buena idea" de circular por el centro de la vía, por lo molesto que puede resultar pisar la franja de hormigón. Con este modelo esa arriesgada tentación desaparece. Viajamos aislados de este tipo de incidencias.

Al paso por curva, nos sentimos algo más ligeros que con el híbrido enchufable, no en vano sus baterías le aportan a este último 190 kilogramos más. Con todo, el SUV no perdió el aplomó y se mantuvo allí donde lo deseábamos.

Modo Trail On

Tras este episodios, fuimos acumulando kilómetros en los días posteriores. Entre autovía y vía urbana, alternamos varias escapadas hacia diferentes tipos de caminos. En urbano, notamos que su maniobrabilidad mejora. Nos hace olvidar el tránsito por resalto o badén y, por supuesto, hacer perder todo escrúpulo ante el "bordilleo".

Sin embargo, fuera de la ciudad y de la carretera es donde esta variante explota su potencial, que le permite hasta 50 centímetros de capacidad de vadeo, hacer valer como es debido el centímetro que gana su suspensión y, sobre todo, la tracción AWD-i inteligente. Esta última reparte esfuerzos entre ejes en un margen de par de entre 100:0 a 20:80.

Esto se tradujo en ventajas concretas, según el estado y circunstancias del camino. En pistas de buen estado, es posible alcanzar velocidades considerables por encima de los 30 km/h con un aislamiento interior óptimo y el modo Trail activo.

alcanzar velocidades considerables por encima de los 30 km/h con un aislamiento interior óptimo

Eso sí, este tipo de velocidades permiten menos margen de maniobra al topar con baches o roderas más profundas a esas velocidades. En tramos así, ondulantes, la inercia hacía acto de presencia, pero sin muchas más consecuencias y manteniendo la distancia de los bajos con el suelo.

En estas situaciones en las variamos la velocidad o giramos para salvar un bache se nota cómo el sistema también asiste a la frenada y a la dirección.

Cuando la pista se rompe más, se inclina o se torna pedregosa, la gestión de la tracción, alternando y modulando la energía entre ejes, mantiene un destacado confort en la marcha. A la hora de vencer escalones y pendientes exigentes el empuje eléctrico le aporta frescura.

Esa capacidad para adherirse al terreno produce una sensación de control superior, haciéndonos depender menos de factores inesperados. Por ejemplo, en esta ocasión, la ausencia de lluvias nos llevó a encontrarnos con zonas arenosas, pero también con esa tierra suelta veraniega que castiga la adherencia.

Es en estos momentos en los que la gestión electrónica pone de su parte para reducir la pérdida de adherencia. Como decimos, el RAV4 Adventure salva con mucha solvencia estas circunstancias y, como colofón, lo hace con eficiencia.

Prueba de consumo del Toyota RAV4 Adventure: no olviden su eficiencia

El consumo medio homologado del Toyota RAV4 Adventure se eleva 0,2 l/100 km en relación al resto de variante, hasta los 5,9 l/100 km. Eso sí, dada la naturaleza de esta variante, y como ocurre en general con la tecnología híbrida eléctrica del fabricante, otorga cierta libertad para explotar su vertiente eficiente. En este caso, monta una batería de iones de litio con una capacidad energética de 1,59 kWh muy bien aprovechada.

Hemos recopilado algunos de los trayectos en esta tabla:

TIPO DE RECORRIDO

DISTANCIA (KM)

MODO CONDUCCIÓN

% EN MODO ELÉCTRICO

CONSUMO (L/100 KM)

Autovía/Interurbano

59

Normal/Sport

69

5,5

Urbano/interurbano

8,5

Normal

70

5,6

Interurbano/camino

28,9

Normal

67

5,8

interurbano

5,1

Sport

5

8,0

interurbano/camino

38,3

Normal

73

6,2

autovía/interurbano

25,8

Normal/Sport

71

5,2

urbano (-100 m. aprox. de desnivel)

5,7

Normal

81

2,5

urbano (+100 m. APROX. DE DESNIVEL)

5,7

Sport

60

8,0

Como parte positiva, en tramos de camino que nos exigen viajar a velocidades más moderadas, es posible sacar mucho partido al tránsito en modo eléctrico. El cerebro electrónico AWD-i compensa el mayor despliegue energético que demanda la tracción integral en los momentos más exigentes.

Esto impide no solo que se dispare el consumo en esos tramos, sino que el ahorro en la quema de combustible, en comparación con modelos de combustión, resulte más que evidente. Como es lógico, es al transitar a altas velocidades cuando tiende a penalizar más el consumo.

Después de las incursiones por caminos, circulamos unas decenas más de kilómetros por asfalto y carreteras en buen estado. Esto redujo en parte el consumo medio, cuya cifra se quedó al final de la prueba en 5,7 l/100 km.

Este último rasgo eficiente termina por otorgar a esta variante del Toyota RAV4 Adventure una identidad muy marcada. No es tan sencillo encontrar en el mercado un SUV que cumpla esta serie de roles y, además, sea tan agradecido con los conductores.

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