Parece anodino, pero las consecuencias pueden ser nefastas por el "efecto elefante"
Lo hacemos casi sin pensarlo. Salimos del supermercado, abrimos la puerta trasera y dejamos las bolsas donde caben. Pero lo que parece una solución rápida e inofensiva puede convertirse en una multa, en el mejor de los casos en una multa o en lesiones. O en algo más letal, en el peor de los casos.
La DGT tiene algo que decir al respecto, y conviene escucharla.
Lo que dice la ley
El artículo 14 (Disposición de la carga) del Reglamento General de Circulación es claro.
"La carga transportada en un vehículo, así como los accesorios que se utilicen para su acondicionamiento o protección, deben estar dispuestos y, si fuera necesario, sujetos de tal forma que no puedan:
a) Arrastrar, caer total o parcialmente o desplazarse de manera peligrosa.
b) Comprometer la estabilidad del vehículo.
c) Producir ruido, polvo u otras molestias que puedan ser evitadas.
Y sí, cuando habla de la carga transportada, incluye las bolsas del supermercado que van en el asiento trasero. Incumplir este artículo podría suponer una multa.
Bolsas, bolsos, paquetes o cualquier cosa no asegurada en el asiento sin importar el tamaño ni el peso se puede considerar una carga. Y si va suelta es, según el Artículo 76.r de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, "conducir vehículos con la carga mal acondicionada o con peligro de caída" y por tanto una infracción grave. Las infracciones graves se sancionan con multa de 200 euros como norma general.
Esta multa no resta puntos del carnet, pero golpean el bolsillo y, sobre todo, reflejan riesgos reales.
Por qué es un riesgo
La DGT habla del llamado "efecto elefante": un objeto en movimiento dentro del habitáculo multiplica su masa de forma proporcional a la velocidad. Un brik de leche de un litro, es decir más o menos de un kilo, puede impactar con la fuerza equivalente a 50 kilos si el coche frena bruscamente a 50 km/h.
Una manzana suelta puede deslizarse hasta los pedales e impedir frenar a tiempo. No son escenarios descabellados; son accidentes que ocurren. La propia historia del automóvil nos da ejemplos, como el primer CEO de Renault tras la guerra que murió golpeado por su maleta en un choque.
La solución es más sencilla de lo que parece. No hagamos como en las series y películas estadounidenses en las que por alguna extraña razón los protagonistas nunca dejan maletas o compras en el maletero -sólo cadáveres-. El maletero existe por algo. Colocar la compra en él, bien ordenada y sin que los objetos rueden, es la forma más eficaz y gratuita de evitar tanto multas como accidentes.
Imágenes | Infiniti, Gustavo Fring
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