
Los mecánicos recomiendan no aparcar con las ruedas giradas en regla general, el desgaste de algunos elementos puede acelerarse.
Una vez que hemos aparcado, algunos giramos el volante ligeramente hacia el bordillo para terminar de meter el coche en la plaza hacia adelante, sobre todo si eres como yo y no soporta que el coche no esté perfectamente paralelo a la acera.
Pero mantener las ruedas giradas mientras el coche está parado somete a la dirección y a partes de la suspensión a una tensión para la que no están pensados, y solo hay una circunstancia en la que compensa hacerlo.
No es bueno para la dirección dejar el coche aparcado con las ruedas giradas
No es una norma del Reglamento General de Circulación, ni forma parte de los contenidos que evalúan en el examen teórico. Sin embargo, es una de esas reglas de la vieja escuela que los mecánicos repiten como un dogma, la posición de las ruedas al aparcar en pendiente puede salvarte de un susto mayúsculo, aunque no sea lo mejor para la dirección.
El problema empieza en el sistema de dirección asistida hidráulica (en los coches más recientes con dirección asistida eléctrica, no es un problema). Con las ruedas giradas al máximo, la bomba hidráulica queda en tensión constante aunque el motor esté apagado.
Esa presión sostenida acelera el desgaste de las juntas y, con el tiempo, favorece las fugas de líquido. Si la fuga es lo bastante grande, la bomba puede acabar trabajando en seco y sufrir una avería grave, mucho más cara que una revisión rutinaria.
Los neumáticos también lo notan. Diseñados para apoyar toda la banda de rodadura de forma uniforme, en algunos coches con un fuerte ángulo de caída de las ruedas al girar a fondo, el peso del eje se desplaza hacia el borde de la goma. Mantenido durante días, o si se hace de forma habitual, ese apoyo irregular genera un desgaste prematuro y localizado, con la consiguiente pérdida de agarre y aumento de la distancia de frenado, sobre todo en mojado.
Hay un riesgo añadido y más práctico. Si las ruedas quedan giradas hacia fuera y sobresalen de la carrocería, un rozamiento o golpe de otro vehículo al maniobrar puede transmitirse directamente a la dirección, la suspensión o incluso al chasis.
La excepción: pendientes pronunciadas
El único escenario en el que aparcar dejando giradas las ruedas es recomendable es al aparcar en una calle con una fuerte pendiente. Y se hace por una simple cuestión de lógica y seguridad. Si el freno de mano fallara, el bordillo actuaría de tope y evitaría que el coche se lanzara calle abajo.
La técnica correcta depende del sentido de la pendiente. Cuesta abajo, las ruedas se giran hacia el bordillo. Cuesta arriba, hacia el centro de la calzada. En ambos casos, si el vehículo se moviera mínimamente, la rueda delantera toparía siempre con el bordillo antes de ganar velocidad.
Para turismos, esto es una práctica recomendada por la DGT, pero no una exigencia normativa. La obligación reglamentaria sí existe, pero está acotada en el artículo 92.3.d a los vehículos de más de 3.500 kg masa máxima autorizada, autobuses o conjuntos de vehículos.
Que no es lo ideal dejar el coche aparcado con las ruedas giradas, sin duda, pero peor es volver encontrárselo empotrado en el coche de atrás o al final de la calle, allá abajo dentro de una tienda.
Imágenes | Hola Car Rentals, Pexels
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