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Partidas, turbo, holandesas… ¿seguro que sabes cómo abordar una rotonda?

Partidas, turbo, holandesas… ¿seguro que sabes cómo abordar una rotonda?
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Las rotondas o glorietas, como se definen en la Ley de Tráfico, todavía traen de cabeza a muchos conductores. Más allá del concepto básico que los describe como un tramo de vía de circulación giratoria, no cabe duda de que las preferencias de paso, el uso de los carriles o incluso el de los intermitentes es muy variado, lo que ha generado muchas incertidumbres en el pasado y lo sigue haciendo hoy en día.

Como cualquier infraestructura, la rotonda se va adaptando a las circunstancias de cada época y a los nuevos vehículos con el objetivo de garantizar una movilidad más fluida. De esta manera, encontramos turborrotondas, rotondas holandesas, rotondas partidas…, en las que un comportamiento adecuado nos ahorrará posibles incidentes. Vamos a tratar de dar un poco de luz en este tema.

Los orígenes de la rotonda

Henard Carrefour A Giration Des Grands Boulevards 1910

A finales del siglo XIX y principios del XX, el aumento del tráfico en las ciudades y la situación de colapso que se producía en algunos cruces traían de cabeza a los encargados de gestionar la circulación en esos puntos. En Londres, el ingeniero Holroyd Smith o, en París, el arquitecto Eugène Hénard propusieron flujos de tráficos giratorios para ciertas zonas, que debían de ser utilizados por los coches en un sentido único.

La prioridad en el interior se comenzó a implantar en los años 60

Tras las primeras pruebas, unos años más tarde comenzaron a distribuirse poco a poco en las vías urbanas. Así, en 1925 Londres protagoniza la construcción de una rotonda en el centro de la ciudad donde la preferencia recaía en los vehículos que se incorporaban a ella. No fue hasta 1966 cuando este "privilegio" se traspasó a los vehículos que circulaban dentro del anillo.

De forma paulatina, distintos países europeos se fueron sumando a este concepto. Tras algunos intentos y pruebas aisladas, a finales de los ochenta Francia y Suiza se comenzaron a llenar de glorietas. Y en los años 90 le tocó a España.

En nuestro país, la primera glorieta con prioridad para los coches que transitaban por ella fue la de Palmanova (Mallorca), construida en el año 1976. Desde entonces, nuestras carreteras han acogido todo tipo de formatos.

La rotonda clásica

Está formada por una isleta central en torno a la cual se despliegan uno o más carriles. El vehículo que circula en la rotonda siempre tiene preferencia respecto a los que se van a incorporar y solamente está permitido abandonarla si se circula por el carril exterior.

Hector Emilio Gonzalez Kvsolfp56uo Unsplash

Tres claves: usar el carril correcto, respetar prioridad y señalizar correctamente

Asimismo, es obligatorio señalizar con el intermitente la intención de abandonar la glorieta o cambiar de carril dentro de esta. Respecto a qué carril utilizar en el interior, se ha de escoger el que se considere más adecuado en función de la salida que se vaya a tomar y del tráfico existente, Por ejemplo, si se va a realizar un cambio de sentido, deberíamos situarnos en el de la izquierda para facilitar la circulación a los conductores que se incorporen o que tengan que tomar salidas anteriores a nuestro cambio de sentido.

Con todo, se siguen produciendo siniestros en este tipo de intersecciones, principalmente a la entrada y la salida de las mismas.  Para minimizarlos, se han concebido nuevos modelos de glorietas.

Las turborrotondas

Cada vez más frecuente, esta propuesta limita el cambio de carril en el interior de la rotonda, ya que la línea continua evita –o debería hacerlo– el cruce. Únicamente se permite pasar de un carril a otro para entrar o salir de la glorieta.

Este sistema minimiza los cambios de carril en el interior del anillo

En este caso, ya no existe el concepto de carril exterior o interior, sino que podríamos hablar de tramos. No en vano los carriles internos enlazan directamente con las entradas y salidas a la turborrotonda.

Por tanto, es fundamental elegir bien el carril por el que accedemos, ya que, como hemos comentado, dentro de la glorieta la posibilidad de cambio está supeditada a los tramos que coinciden con entradas/salidas, lo que por supuesto habilita a los conductores para efectuar un cambio de sentido. Este sistema mejora la fluidez del tráfico y minimiza, siempre que se respete, las posibilidades de colisión.

Glorietas holandesas

Si hay un país por antonomasia al que asociamos con las bicicletas ese es Holanda. De hecho, allí se tienen muy en cuenta a la hora de diseñar fórmulas que aseguren la fluidez del tráfico concibiendo una nueva versión de glorietas que lleva su nombre y que ya podemos descubrir en múltiples ubicaciones más allá de Países Bajos, España incluida.

Turborrotondas holandesas con especial atención al ciclista

En su diseño, se ha añadido un segundo anillo destinado a la circulación de bicis . Existen pasos de ciclistas en cada una de las incorporaciones y, previamente, pasos de peatones, por lo que la aproximación a estos elementos debe hacerse con una triple precaución: peatones, ciclistas y vehículos en el interior del anillo. De hecho, la anchura del carril se contrae tanto en la rotonda como en los puntos de entrada y salida para provocar una reducción de la velocidad en los coches.

En función del desarrollo, tráfico y tipos de vehículos, estos sistemas se irán implantando progresivamente en las ciudades de cara a favorecer la multimodalidad en el transporte. Es más, en muchos casos incluso será necesario integrar trenes o tranvías en estas infraestructuras.

Las rotondas partidas

Se utiliza en vías con intensidades de tráfico muy diferentes

Esta última modalidad resulta muy adecuada para aquellas áreas donde existe un mayor tráfico de vehículos en la vía principal, que es la que atraviesa y “divide” la rotonda en dos mitades. El acceso se regula generalmente mediante señales de prioridad (stop o ceda el paso) o directamente a través de semáforos.

Cabe la posibilidad de que nos topemos con alguna rotonda de este tipo, generalmente en alguna zona urbana de poco tráfico, en la que no exista señalización. En esta situación, hay que atenerse a la regla general de prioridad de la derecha.

Como hemos visto, las rotondas son elementos vivos, que evolucionan y se van adaptando a las nuevas necesidades de entorno y usuarios. La variedad aumenta progresivamente y saber desenvolverse en ellas es clave para la seguridad vial.

Imágenes | Wikimedia Commons, Unsplash/Enrapture Captivating Media/Héctor Emilio González

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